La comunidad dominica se apresta en todo México a conmemorar lo que fue, para la Nueva España, una presencia muy importante que tendría como meta y fin la evangelización de estas tierras del hemisferio occidental por los dominicos.
Su llegada y desembarco en Veracruz se dio entre el 18 y 19 de junio de 1526. Al arribar al puerto, Cortés los manda a llamar a la Ciudad de México y ahí los recibe arrodillándose ante cada uno de ellos y besando sus manos y sus hábitos. Todo ello lo hace con la presencia de los naturales, indígenas que acudieron a presenciar el recibimiento. Cortés sabía que el acto quedaría en la memoria de los naturales y sería ejemplo de veneración para la orden.
Dávila Padilla, en su “Historia de la Provincia de Santiago de México”, nos dice, en relación con los primeros 12 dominicos llegados, que los guiaba el vicario fray Tomás de Ortiz y los sacerdotes eran: Vicente de Santa Ana, Diego de Sotomayor, Pedro de Santa María, Justo de Santo Domingo, Pedro de Zambrano, Diego Ramírez, Alonso de las Vírgenes, Domingo de Betanzos, el diácono Gonzalo Lucero, el lego Bartolomé de Calzadilla y los novicios Vicente de las Casas y Bartolomé de Santo Domingo (Ulloa, 1997, p. 92).
Durante la navegación, los frailes contrajeron una enfermedad contagiosa llamada modorra, que hizo estragos entre los viajeros, muriendo más de treinta personas, entre ellos cinco religiosos. Los que sobrevivieron regresaron a España a recobrar su salud, y quedó al frente fray Domingo de Betanzos como el único sacerdote de la orden, junto con fray Gonzalo Lucero, que era diácono, y fray Vicente de las Casas, que era novicio. Betanzos se dedicó a formar al diácono y al novicio en la vida religiosa y los condujo al sacerdocio (Arroyo, 1986, p. 90).
En 1528 vino el segundo vicario general, el padre Vicente de Santa María, con veinticuatro religiosos, quienes fueron recibidos con gran alegría, ya que eran pocos los que había para cumplir la principal misión de la orden, que era la conquista y la salvación de almas.
Dado que se contaba con un buen número de religiosos, fue el momento de dispersarse por los pueblos para comenzar con la conversión de los indígenas. En 1529 es cuando la Orden de Predicadores se hizo presente en el campo misional. La primera casa que fundaron es la del pueblo de Oaxtepec; posteriormente, la de Chimalhuacán Chalco, Coyoacán y, en breve tiempo, se fundaron otras.
Ricard, en su obra La conquista espiritual, explica con más detalle las primeras fundaciones dominicas posteriores a las mencionadas de Oaxtepec, Chimalhuacán y Chalco. Indica que fue el convento de Izúcar de Matamoros, en la región Mixteca, al cual llegaron fray Francisco Marín y fray Pedro Fernández en 1538, por Acatlán. La siguiente sería la casa de Tepetlaoztoc, entre Texcoco y Otumba, que probablemente fue fundada por fray Domingo de Betanzos en los primeros años de la misión. Le siguió el convento de Puebla; en 1552 se funda la casa de Yautepec, en Morelos; en 1554 se funda la parroquia de Amecameca y en 1556 la casa de Tepoztlán. No hace ninguna mención sobre la instauración de la casa de Tehuantepec (Ricard, 1986, pp. 147-149).
Fray Domingo de Betanzos fue elegido provincial el 24 de agosto de 1535. Es considerado por las fuentes como el fundador de la Provincia de Santiago de México. Siendo provincial, dio la orden de que los frailes que asistían a los indígenas aprendieran primero las lenguas para poder predicarlos e instruirlos correctamente, siendo las diversas lenguas el primer oponente para llevar a cabo su trabajo misional, ya que eran complejas y diversas en cada región a la que llegaban.
Asentada ya la provincia, fray Domingo tenía el deseo de que se contara con doce conventos de treinta frailes cada uno y que salieran de dos en dos, para confesar y predicar como se hacía en España. Para 1550 ya estaban fundados catorce conventos:
Santo Domingo en México, Santo Domingo en Oaxaca (San Pablo), Santo Domingo de la Ciudad de los Ángeles, Santo Domingo de Guatemala, Santo Domingo de la Ciudad Real de Chiapa, Santo Domingo de Oaxtepec, Santo Domingo de Yautepec, Santo Domingo de Izúcar, Santo Domingo de Tepapayean, Santo Domingo de Yanhuitlán, Santo Domingo de Coyoacán, Santo Domingo de Tepozcolula, Santa María de Tepetlaoztoc y San Vicente de Chimalhuacán. (Archivo Histórico de la Orden de Predicadores en México [AHOPM], Fondo Santiago de México, Sección Gobierno, Serie Capítulos, caja 1, exp. 5.1).
El convento de Oaxaca fue fruto de la provincia de Santiago de México, fundado en 1547 (Beuchot, 2021, p. 105). Este dato es corroborado de acuerdo con el acta capitular del mismo año, en el capítulo de asignaciones, punto 6.2, que dice:
“El convento de Sto. Domingo, aceptamos este convento para convento de la provincia esta, asignamos al Reverendo Padre fray Bernardo de Alburquerque, a quien instituimos prior del mismo convento” (AHOPM, C.1, exp. VIII (28), 1547).
Los frailes asignados a dicho convento fueron fray Francisco de Mayorga, fray Francisco Marín, fray Alfonso de Santiago, fray Pedro García, fray Pedro de Hinojosa y fray Fernando Méndez, este último como lector de dicho convento; como sacerdotes, fray Juan de Córdova y fray Juan de Alcázar; como diáconos, fray Bernardo Gómez y fray Francisco de Loaysa; como subdiácono, fray Luis Rengino; como acólito, fray Francisco de Munguía, y fray Pedro de los Ríos como laico (AHOPM, C.1, exp. ACP 1547).
Los dominicos, al orientarse hacia el norte, llegaron a la región Mixteca y Zapoteca, donde encontraron un dominio inmenso y virgen, y sin ningún obstáculo comenzaron a desplegarse por los diversos pueblos.
El padre Mariano Cuevas, en su obra Documentos inéditos del siglo XVI para la historia de México, presenta una carta de fray Bernardo de Alburquerque al Consejo de Indias, con fecha del 2 de febrero de 1554, donde informó sobre las cosas que sucedían en las tierras que estaban evangelizando. Primeramente, indicaba que ya había muchos españoles asentados y que día a día aumentaban, situación que dañaba a los indios, ya que no trabajaban y no hacían obras, es decir, se servían de ellos para su servicio; esto ocurría en los pueblos de españoles de México, Puebla y Oaxaca.
Por otra parte, los tributos eran llevados a donde vivían los encomenderos y los españoles se quedaban sin alimentos y sufrían carestías. Para remediar estos daños, explicaba que era necesario que se formaran más pueblos de españoles para que el trabajo de los indios se repartiera y los pueblos de indios que estaban lejos de México llevaran a vender los tributos a los pueblos de españoles más cercanos. También informó que había muchos y buenos sitios, mencionando a Izucant, Tlaxiaco, Mixapa, Tecoantepec y Tegoacan. Los religiosos ya se habían percatado de que en estas tierras podían ser labradas y criar ganado, por lo que solicitaba que Su Majestad ordenara que los indios se juntaran y dejasen las tierras baldías para los españoles (Cuevas, 1975, pp. 180-182).
Un año después, en 1555, según el acta capitular de ese año, se fundó la casa de Tehuantepec, perteneciente al convento de Santo Domingo en Oaxaca. El capítulo se llevó a cabo el 11 de mayo en el convento de Santo Domingo de Izúcar. En ese momento, fray Bernardo de Alburquerque ya era el provincial de la Orden, siendo nombrado en este cargo el 9 de septiembre de 1553 (Arroyo, 1998, p. 60).
En el capítulo de las aceptaciones, punto 6.2, se afirma la aceptación de las casas de Tehuantepec, Tepoztlán, Amecameca y Ocotlán, exponiendo también los motivos para su fundación.
“Igualmente aceptamos como casas de esta nuestra provincia la casa de Tehuantepec y la casa de Tepoztlán, la casa de Amecamecan, la casa de Ocotlán, para evitar los disturbios que surgen entre los hermanos y entre los conventos y entre los indios y por el número de vocales para la elección de provincial y definidores”.
La fundación de casas no podía realizarse sin el consentimiento en el capítulo provincial, situación que era observada e inviolable. Por este motivo, en las actas capitulares, tanto en los capítulos intermedios como en los electivos, se nombraban las nuevas fundaciones de casas que iban surgiendo por el trabajo realizado por los frailes que llegaban a nuevas comunidades y se requería la fundación de espacios donde pudieran permanecer y llevar a cabo sus doctrinas. Otro motivo era que el número de frailes crecía, para bien de la fe.
En el capítulo de las asignaciones, en el punto 21.16 de la misma acta, están asentadas las asignaciones a la casa de Tehuantepec, que hoy luce hermosa. El primero fue fray Juan de Córdova, como vicario; observando que cuando lo asignaron al convento de Oaxaca en 1547 solo era sacerdote, para 1556 es reafirmado como vicario y en 1568 es nombrado provincial, reafirmado en 1570. En ese año fueron asignados como sacerdotes para Tehuantepec fray Diego de las Roelas y fray Andrés Martínez; fray Francisco de Santo Domingo como laico y fray Diego Lozano como donado.
Con estos datos arrojados por las actas capitulares tenemos a dos frailes que realizaron un trabajo importante y trascendental en la evangelización, no solo en Tehuantepec, sino en toda la región de Oaxaca: fray Bernardo de Alburquerque y fray Juan de Córdova.
Hoy, Santo Domingo en grande, festeja los 500 años de su presencia y está al frente de la Orden Dominica el hermano fray Alejandro Latapic.

Oaxaca de Juárez, Oax., a 10 de agosto de 2026
JORGE BUENO
Cronista de Oaxaca
Presidente de la A.E.C.O.
Secretario General de la Federación Nacional de Asociaciones de Cronistas Mexicanos A.C.

































