El taller del artista Jorge González Velázquez se transforma estos días en un espacio donde convergen la imaginación, la materia y las tradiciones oaxaqueñas. Entre esculturas y piezas que forman parte de una trayectoria de cuatro décadas, el pintor, escultor y grabador trabaja actualmente en la elaboración de máscaras que acompañarán a participantes de las tradicionales comparsas de Día de Muertos que recorrerán los barrios y calles de San Agustín.
Originario de Ciudad de México, donde nació en 1966, González Velázquez ha construido una obra en la que explora la relación entre el cuerpo, la materia y los fenómenos naturales, al tiempo que incorpora símbolos y memorias de raíz mesoamericana. Su producción transita entre la figuración y la abstracción y mantiene como una de sus constantes la transformación de la materia y la permanencia de lo ancestral en el presente.
Oaxaca ha ocupado un lugar importante en esta búsqueda artística durante los últimos años. En 2025 presentó en San Pablo Villa de Mitla la exposición “Mictlán”, integrada por las esculturas Coatlucue I, Coatlucue II, La Curva y Tzompantli, piezas en las que convergen cuerpo, materia, memoria y dimensión ritual.
Dos de estas obras, expuestas al aire libre, sufrieron daños y permanecen a la espera de una posible reposición. El artista confía en que se cumpla el compromiso expresado para recuperar las piezas, aunque hasta ahora, señala, no ha recibido la respuesta que esperaba.
Durante 2026, su trabajo volvió a ocupar espacios culturales de Oaxaca. En el Museo de los Pintores Oaxaqueños (MUPO) presentó “Continuidad de lo ritual”, propuesta que incluyó la escultura monumental Canto al quinto sol y el Mural totol. Asimismo, en el Observatorio Astronómico Municipal Canuto Muñoz Mares presentó El cielo como forma, con pintura y la escultura monumental La curva.
Entre el arte y la tradición

Ahora, el artista hace una pausa en parte de su producción personal para concentrarse en un trabajo que comenzó hace varios años y que se ha convertido en una vertiente particular de su creación: las máscaras.
El látex se ha incorporado a este proceso, permitiéndole experimentar con formas, texturas y personajes que parecen surgir de un imaginario entre lo fantástico y lo inquietante. Cuernos, rostros deformados y seres misteriosos aparecen en las piezas que prepara para quienes participarán en las comparsas.
La elaboración de estas máscaras, explica, no fue algo que originalmente se hubiera planteado como una nueva línea de trabajo. Sin embargo, las solicitudes comenzaron a llegar y, con el paso de los años, esta actividad se incorporó a su práctica artística. Algunas piezas incluso son solicitadas con meses de anticipación por personas que buscan portar durante las celebraciones un personaje creado especialmente para ellas.
Más que reproducir una imagen del miedo, González Velázquez encuentra en estas máscaras otra posibilidad para explorar la creación artística a partir de una tradición viva. El resultado son personajes que dialogan con el imaginario de Día de Muertos y con la manera en que Oaxaca transforma las expresiones populares en lenguajes culturales.
Así, mientras las comparsas se preparan para volver a las calles, en el taller del artista las máscaras toman forma poco a poco. Cada una representa un ejercicio distinto de imaginación y materia, pero también la continuidad de una relación creativa que Jorge González Velázquez ha construido con Oaxaca.
En una de las temporadas más esperadas del calendario oaxaqueño, sus piezas se integrarán a las celebraciones desde otro espacio: no como una exposición en un museo o una galería, sino como parte de las calles, los barrios y las expresiones colectivas que mantienen viva la tradición del Día de Muertos.










































