Un celular olvidado en un cajón, una computadora descompuesta o una batería que termina en la basura pueden parecer objetos sin utilidad. Sin embargo, contienen materiales como cobre, litio, cobalto, plata y oro que podrían recuperarse y volver a utilizarse en la industria. Cuando estos aparatos se desechan sin un tratamiento adecuado, no solo se desperdician recursos: también pueden generar riesgos ambientales y para la salud.
En Oaxaca, las jornadas de recolección de aparatos eléctricos y electrónicos representan un primer paso para atender el problema. En marzo de 2025, una campaña reunió más de 24 toneladas de estos residuos. Sin embargo, el reto va más allá de reunirlos: es necesario garantizar que reciban un tratamiento adecuado, conocer su destino final y evitar que sus componentes terminen contaminando el entorno.
La problemática fue abordada por Dylan Roman, representante de NIU NIU Resources Inc., durante el taller para periodistas “Economía Circular en México”, convocado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Embajada Británica en México.
En su ponencia, titulada “Construyendo la infraestructura circular de materiales críticos para el sur global”, explicó los obstáculos tecnológicos, ambientales y normativos que dificultan el aprovechamiento de los residuos electrónicos.
Sus planteamientos también permiten dimensionar una consecuencia adicional: cuando los materiales no se recuperan, se pierden oportunidades económicas en un momento en que la industria mundial necesita cada vez más minerales críticos.
OAXACA: RECOLECTAR NO ES LO MISMO QUE RECICLAR
Las campañas de acopio permiten retirar aparatos en desuso de los hogares y facilitar su disposición adecuada. No obstante, la cantidad recolectada no demuestra por sí sola cuánto material se recicla ni si el tratamiento cumple con las condiciones necesarias para proteger el ambiente.
En Oaxaca, las más de 24 toneladas reunidas durante una jornada en marzo de 2025 muestran la importancia de ofrecer alternativas a quienes necesitan desechar celulares, computadoras, impresoras y otros dispositivos. Pero también plantean una pregunta que merece mayor atención pública: ¿qué ocurre con esos aparatos después de entregarlos?
La respuesta requiere información sobre las empresas que los reciben, los procesos a los que son sometidos y el destino de los componentes que no pueden recuperarse.
Durante su exposición, Roman señaló que la falta de seguimiento es uno de los principales problemas de la gestión de residuos.
“Todos tenemos unos celulares en nuestras casas que no sabemos cómo disponer, ¿no?”, comentó.
Después advirtió sobre la dificultad de conocer qué sucede con los componentes una vez que los dispositivos salen de las manos de sus propietarios.
“No hay todavía una trazabilidad verificada que cuando uno dispone adecuadamente de sus residuos, sepa qué pasó con sus, con las baterías que están adentro del celular”, explicó.
Para Oaxaca, el desafío consiste en convertir las campañas de recolección en un sistema permanente, con mecanismos que permitan comprobar que los residuos llegan a instalaciones adecuadas y reciben un tratamiento responsable.
RECICLAR UN CELULAR ES MÁS COMPLEJO DE LO QUE PARECE
Los aparatos electrónicos modernos reúnen numerosos materiales en espacios pequeños, lo que complica su separación y recuperación. A diferencia de un residuo metálico relativamente homogéneo, un teléfono celular contiene circuitos, plásticos, baterías y otros componentes que requieren procedimientos específicos.
Roman explicó esta diferencia al comparar el reciclaje de cobre con el procesamiento de una tarjeta electrónica.
“No es lo mismo reciclar cobre, ¿no? […] Que reciclar un componente electrónico”, señaló.
El especialista destacó que una tarjeta de circuitos impresos puede contener hasta 42 elementos diferentes.
“Entonces, separarlos en esas pequeñas cantidades se convierte en un reto muy, muy amplio”, añadió.
Las baterías también requieren especial atención por la combinación de materiales que contienen, entre ellos litio, cobalto, cobre y aluminio.
“Y es realmente difícil la extracción de estos componentes y requiere de muchos pasos”, explicó.
Estas dificultades significan que no basta con recolectar aparatos. Se necesita infraestructura especializada para desmontarlos, separar sus materiales y manejar de forma segura los componentes que pueden representar un riesgo.
En Oaxaca, fortalecer esa capacidad es importante para evitar que los residuos terminen en sitios inadecuados o sean manipulados sin las precauciones necesarias. Las baterías, en particular, pueden provocar incendios si se almacenan o desechan incorrectamente.
UN PROBLEMA LOCAL CON CONSECUENCIAS MUNDIALES
La basura electrónica forma parte de una crisis internacional. El Global E-waste Monitor 2024 estimó que el mundo generó 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en 2022 y que solo el 22.3 por ciento fue documentado como recolectado y reciclado formalmente.
En México, estimaciones difundidas por la UNAM sitúan la generación anual de estos residuos entre 1.1 y 1.5 millones de toneladas, aunque persisten limitaciones en la disponibilidad de cifras oficiales recientes y comparables.
Detrás de estos volúmenes existe una contradicción: mientras millones de aparatos terminan su vida útil, la industria necesita cada vez más minerales para fabricar dispositivos electrónicos, vehículos eléctricos y tecnologías de energía renovable.
Roman advirtió que los costos ambientales de una gestión deficiente no siempre recaen sobre quienes producen o comercializan los artículos, sino que pueden trasladarse a las comunidades que reciben o procesan los residuos sin suficiente infraestructura.
“Esta imagen podría ser en el puerto de Veracruz, podría ser en Venezuela, en Brasil y prácticamente en todo el continente africano, donde se externaliza el costo social y ambiental de los residuos al final de su vida útil”, afirmó.
Su señalamiento invita a reflexionar sobre quién asume las consecuencias de un modelo de consumo que demanda tecnología constantemente, pero que todavía tiene dificultades para gestionar sus desechos de manera responsable.
LOS MATERIALES DESPERDICIADOS TAMBIÉN REPRESENTAN PÉRDIDAS ECONÓMICAS
Además del impacto ambiental, desechar aparatos sin recuperar sus componentes significa desaprovechar materiales que ya requirieron recursos y energía para ser extraídos y procesados.
Durante el taller, Roman estimó que estas pérdidas alcanzan alrededor de 60 mil millones de dólares anuales a escala mundial.
“En términos económicos, esto representa cada año una pérdida de alrededor de 60 mil millones de dólares”, señaló.
El especialista también mencionó una estimación de 166 mil millones de dólares en demanda de metales críticos para el sector de las energías renovables, aunque no precisó el periodo ni la metodología de ese cálculo.
“O sea, la demanda es muchísimo mayor que la oferta de estos metales”, sostuvo.
Estas cifras corresponden al panorama mundial presentado durante la ponencia y no representan pérdidas calculadas específicamente para Oaxaca. Para conocer el impacto económico en el estado sería necesario contar con datos sobre los volúmenes de residuos generados, la cantidad de materiales recuperables y los costos de su procesamiento.
Aun así, la dimensión económica complementa la discusión ambiental: recuperar los componentes de los aparatos puede reducir el desperdicio de recursos y abrir oportunidades de aprovechamiento industrial. Para lograrlo, sin embargo, se requieren procesos técnicamente viables y condiciones que garanticen que el reciclaje sea seguro.
INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y TRAZABILIDAD PARA MEJORAR EL RECICLAJE
Como parte de las alternativas tecnológicas, Roman presentó herramientas de clasificación basadas en inteligencia artificial, diseñadas para identificar los materiales presentes en los residuos según su valor potencial.
“[…] una tecnología que desarrollamos de clasificación basada en inteligencia artificial para que puedan identificar y clasificar los residuos de acuerdo a su valor contenido”, explicó.
También expuso el funcionamiento de TRACE, una plataforma digital dirigida a centros de acopio, transportistas y generadores de residuos para mejorar el seguimiento de los materiales.
“TRACE es una plataforma online que ponemos a disposición a los centros de acopio, pero también a los transportistas y a los generadores para que tengan visibilidad de la gobernanza de sus residuos a lo largo de la cadena de valor aguas abajo”, señaló.
Según Roman, la información reunida durante el proceso puede ayudar a verificar la procedencia de los materiales reciclados.
“Con la información que generamos a lo largo de la cadena de valor, podemos proveer completa transparencia sobre la procedencia de estos metales críticos”, afirmó.
Estas herramientas podrían contribuir a mejorar la gestión de los residuos en Oaxaca si se incorporan a proyectos concretos y cuentan con mecanismos de supervisión. Sin embargo, una plataforma digital no garantiza por sí sola que los materiales hayan sido reciclados correctamente: la información debe ser confiable y susceptible de verificación.
El especialista también advirtió sobre la falta de uniformidad en la aplicación de las normas.
“Y por último, falta una capa de cumplimiento normativo homogénea en los tres órdenes de gobierno”, dijo.
La coordinación entre autoridades, gestores y ciudadanía resulta indispensable para que la recolección tenga resultados ambientales medibles y no se limite a retirar los aparatos de los hogares.
EL RETO PARA OAXACA: SABER QUÉ SE RECUPERA Y QUÉ SE CONTAMINA
Las jornadas de acopio son necesarias, pero su impacto debe evaluarse más allá de las toneladas reunidas. Es fundamental conocer cuánto se reutiliza, cuánto se recicla, qué materiales pueden recuperarse y qué destino reciben los componentes que requieren una disposición especial.
Oaxaca necesita fortalecer sus mecanismos de recolección y garantizar que los residuos lleguen a instalaciones adecuadas. También es importante que las autoridades informen sobre los resultados de las campañas y el destino final de los aparatos, para que la ciudadanía tenga certeza de que su participación contribuye efectivamente a reducir la contaminación.
El panorama nacional y mundial muestra que el problema no se resolverá únicamente con nuevas tecnologías o campañas temporales. Se requieren infraestructura, reglas claras, seguimiento y responsabilidad compartida entre fabricantes, autoridades, empresas y consumidores.
La economía circular ofrece una oportunidad para disminuir el desperdicio de materiales y reducir la presión sobre la extracción de recursos naturales. Pero su aplicación exige resultados comprobables y no solo buenas intenciones.
En Oaxaca, la pregunta no es únicamente dónde dejar un celular que ya no funciona, sino qué garantías existen de que sus componentes no terminarán contaminando el ambiente. Recuperar su valor económico es importante; evitar que el costo ambiental recaiga sobre la sociedad es indispensable.
FUENTES:
Secretaría de Medio Ambiente, Biodiversidad, Energías y Sostenibilidad de Oaxaca: resultados de jornadas de acopio de residuos electrónicos en 2025.
UNAM: estimaciones sobre la generación de residuos electrónicos en México, publicadas en abril de 2026.
Global E-waste Monitor 2024: cifras internacionales sobre generación, recolección y reciclaje de residuos electrónicos.
Mesa de Diálogo: Perspectiva internacional de la economía circular y soluciones aplicadas en México:
- Representantes de las empresas mexicanas NIU NIU y G2E. Experiencias de implementación y casos de éxito en Reino Unido, así como proyectos en marcha de empresas mexicanas.








































