La ciudadanía de Oaxaca amaneció este miércoles 15 de octubre atrapada en un nuevo caos vial, cortesía de estudiantes normalistas. Esta vez, los bloqueos fueron instalados por alumnos de la Escuela Normal de Educación Especial (ENEE), quienes se apoderaron de tres importantes arterias del Centro Histórico: la avenida Independencia, así como las calles Tinoco y Palacios y Manuel Sabino Crespo.
A la protesta se sumó la retención de unidades del transporte público, una acción que vulnera directamente el derecho de libre tránsito de miles de personas, incluidos trabajadores, turistas, personas con discapacidad y población de escasos recursos que depende del transporte colectivo.
LAS EXIGENCIAS: DIPLOMADOS Y MESA DE DIÁLOGO
Durante una conferencia de prensa improvisada en plena vía pública, los estudiantes pidieron a la ciudadanía “comprensión” frente a sus acciones, que —según argumentan— responden a incumplimientos de acuerdos previamente firmados con autoridades educativas.
Entre sus principales demandas están la realización de diplomados prometidos para quienes cursan el quinto y sexto semestre, así como la instalación inmediata de una mesa de resolución con el IEEPO y la Secretaría de Trabajos y Conflictos de Nivel de Formadores y Docentes de la Sección 22 del Magisterio.
“ALZAMOS LA VOZ”, DICEN… MIENTRAS AFECTAN A MILES
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“Una vez más salimos a alzar la voz”, declararon los manifestantes, quienes acusan al doctor Julio César Leyva Ruiz, titular de la Dirección General de Educación Superior para el Magisterio, y al ingeniero Virgilio de León Herrera, responsable de la Unidad de Educación Normal y Formación Docente, de romper compromisos firmados con el comité estudiantil de la ENEE.
Sin embargo, la protesta que busca atención ha terminado asfixiando la movilidad urbana de la capital oaxaqueña, afectando a estudiantes, comerciantes, pacientes con citas médicas y trabajadores que no tienen relación alguna con el conflicto educativo.
UN MODELO DE PROTESTA QUE CANSA: SIN CASTIGO, PERO CON CONSECUENCIAS
Aunque los estudiantes reclaman demandas legítimas del ámbito académico, el uso sistemático del bloqueo como estrategia ha generado malestar y hartazgo social. La impunidad con la que se toman calles, se secuestran unidades y se paraliza una ciudad entera, parece haberse convertido en norma, ante la inacción de las autoridades municipales y estatales.
No es la primera vez que este tipo de manifestaciones afectan la vida cotidiana de la población oaxaqueña, y cada nuevo bloqueo reaviva el debate sobre hasta qué punto la protesta justifica la interrupción de los derechos de terceros.
LA CIUDADANÍA: REHÉN DE UN CONFLICTO AJENO
Mientras normalistas exigen atención, la ciudadanía vuelve a ser rehén de una dinámica que no controla y que, en muchos casos, ni siquiera comprende.
¿Quién responde por las citas médicas perdidas, los negocios cerrados o las horas laborales no trabajadas? ¿Dónde queda la garantía de movilidad y orden para quienes solo intentan vivir su día a día?
Hasta el cierre de esta edición, las autoridades educativas no han emitido una respuesta pública formal a las exigencias del grupo manifestante, ni se ha reportado intervención de elementos de seguridad para liberar las vialidades.
UNA CIUDAD ACOSTUMBRADA A SER PARALIZADA
Oaxaca enfrenta, una vez más, el dilema de fondo: una ciudad donde la protesta social se normaliza al punto de colapsar el espacio público sin consecuencias legales. En este escenario, el conflicto educativo se transforma también en un conflicto de gobernabilidad y justicia urbana.











































