La alerta generada por los casos de ciclosporiasis registrados en Estados Unidos continúa bajo análisis sanitario, aunque hasta ahora no existe evidencia que confirme una relación directa con productos agrícolas mexicanos.
Luego de que autoridades estadounidenses rectificaran una muestra que inicialmente apuntaba a la presencia del parásito Cyclospora en lechugas procedentes de México, especialistas llamaron a evitar conclusiones anticipadas y a mantener la atención en los resultados definitivos de la investigación.
El infectólogo Alejandro Macías, excomisionado nacional para la atención de la influenza, en una entrevista en radio para un medio nacional, señaló que la sospecha sobre determinados productos agrícolas sigue vigente debido a la información epidemiológica obtenida entre las personas afectadas en Estados Unidos.
“Los datos epidemiológicos que tomaron Estados Unidos interrogando a la gente que tenía ciclospora se encaminaron a que muchos de ellos, la mayoría, habían comido ahí en esa cadena y que de lo que habían comido, el alimento más sospechoso era la lechuga”, explicó.
POR QUÉ EL CASO ESTADOUNIDENSE ES DIFERENTE AL DE MÉXICO
Uno de los aspectos que más preocupa a las autoridades sanitarias es la capacidad que tienen algunos sistemas de distribución para extender rápidamente una contaminación alimentaria a gran escala.
Macías explicó que en Estados Unidos es común la comercialización de lechuga previamente cortada y empaquetada, un proceso que implica mezclar grandes cantidades de producto provenientes de distintos campos agrícolas.
“En Estados Unidos acostumbran mucho comprar la lechuga en trozos, en bolsas, que se distribuyen nacionalmente y entonces un brote puede incluir a toda la nación”.
Según el especialista, esta práctica incrementa el riesgo de que una sola pieza contaminada termine afectando grandes lotes destinados a diferentes regiones del país.
Por el contrario, señaló que en México predominan esquemas de comercialización distintos, donde el consumidor adquiere directamente piezas individuales de verduras y hortalizas.
“En México no tenemos esos mecanismos de comercialización. Aquí la gente compra su lechuga; si va una lechuga contaminada, pues es una que contamina una familia acaso o unas casas”.
¿LAVAR LA LECHUGA ES SUFICIENTE?
Uno de los puntos que más inquietud ha generado entre los consumidores es la posibilidad de eliminar el parásito mediante el lavado tradicional de frutas y verduras.
Sin embargo, el especialista advirtió que la descontaminación de una lechuga infectada no siempre resulta sencilla.
“Si una lechuga viene contaminada, difícilmente la vas a poder descontaminar lavándola y poniéndole cloro”.
La declaración pone sobre la mesa un reto frecuente en materia de seguridad alimentaria: muchos microorganismos pueden permanecer adheridos a los vegetales incluso después de procesos básicos de limpieza.
Por ello, recomendó mantener prácticas de higiene habituales y prestar especial atención al origen de los productos que se consumen.
PIDEN EVITAR LA ALARMA Y MANTENER MEDIDAS PREVENTIVAS
A pesar de la preocupación generada por el brote estadounidense, Macías insistió en que actualmente no existen elementos que justifiquen una alarma sanitaria en México.
“No hay que caer en alarma, no es una situación que nos vaya a afectar seriamente en México ni mucho menos”.
El infectólogo recomendó privilegiar la preparación de alimentos en casa, adquirir vegetales frescos y evitar, cuando sea posible, productos previamente troceados y mezclados en procesos industriales masivos.
“Lo mejor que puedes hacer, primero, no compres lechugas troceadas, donde vienen mezcladas diez o cien lechugas distintas”.
ENTRE LA PRECAUCIÓN Y LA EVIDENCIA
El caso ha puesto de manifiesto la importancia de actuar con cautela ante alertas sanitarias internacionales, especialmente cuando las investigaciones aún no concluyen.
Aunque el falso positivo descartó por ahora una vinculación directa con productores mexicanos, las autoridades sanitarias de ambos países continúan analizando muestras y recopilando información para determinar el origen exacto del brote.
Mientras tanto, especialistas coinciden en que la mejor herramienta sigue siendo la prevención basada en evidencia científica y no en especulaciones.











































