La tarde del sábado 11 de abril de 2026 fue inaugurado el mural “Comercio. Una visión del mercado y el cacao” en el área de comedores del Mercado IV Centenario, en el centro de Oaxaca de Juárez. La intervención artística transforma un espacio cotidiano en una narrativa visual sobre intercambio, memoria y tradición alimentaria.
La obra fue desarrollada por el colectivo Adoratorio, integrado por artistas y colaboradores locales, entre ellos: Iza Mendoza, Lalo Martínez, Julio Garcés, Lucia Pérez, Diego Díaz Hernández, Sebastián Jiménez Escobar, Karina Citlalli Ramírez Juárez, Miguel Morales Díaz, Fernanda Silva Cisneros, Deybis, Guadalupe Santos Sibaja, Sergio Ramos, entre otros; quienes trabajaron durante varias semanas para dar forma a una pieza que dialoga directamente con la actividad diaria del mercado utilizando la técnica del acrílico.
EL CACAO COMO EJE SIMBÓLICO Y CULTURAL
El mural se centra en el cacao como elemento histórico, económico y cultural. A través de escenas que evocan el México prehispánico, se representan rutas de comercio, prácticas agrícolas y el intercambio de productos que dieron forma a sistemas económicos antiguos.
En la obra aparecen figuras olmecas y mayas, así como comerciantes que transportan mercancías, lo que busca ilustrar el papel del cacao como moneda de cambio y símbolo de valor en distintas etapas de la historia.
“UN ESPACIO SIMBÓLICO DEL INTERCAMBIO”
El coordinador del proyecto, el artista César Villegas, explicó la intención conceptual del mural al señalar:
“Definimos la cuestión del mercado y el cacao como el espacio simbólico donde existe el intercambio, se da el comercio y el cacao fungió como moneda.”
Villegas también destacó la importancia de vincular el arte con los mercados, espacios que, dijo, forman parte de la vida cotidiana de quienes dependen de ellos para su sustento diario.
ARTE, IDENTIDAD Y VIDA COTIDIANA
Durante su intervención, el artista subrayó que el trabajo colectivo busca evitar representaciones folclóricas simplificadas, apostando por una reinterpretación contemporánea de elementos prehispánicos.
“Trato de hiper contextualizar o de crear un propio diálogo en esta actualidad, retomando estos temas que… siguen siendo parte de nuestra vida cotidiana.”
El mural también incorpora referencias a la gastronomía tradicional, como el tejate y el chocolate, elementos que forman parte del patrimonio alimentario oaxaqueño.
EL MERCADO COMO ESPACIO VIVO Y RETO LOGÍSTICO
La realización de la obra implicó retos logísticos importantes, principalmente por tratarse de un mercado en funcionamiento.
“Los horarios, no se podía trabajar desde la mañana… se desarrolló en 23 días”, explicó el artista, quien detalló que la intervención se realizó principalmente por las tardes.
El proyecto fue posible mediante autogestión, colaboración de locatarios y apoyo en especie, lo que permitió concretar la obra sin fricciones mayores durante su ejecución.
PARTICIPACIÓN COLECTIVA Y APOYO LOCAL
El proyecto fue posible gracias a la colaboración entre artistas, concesionarios del mercado y autoridades municipales, quienes facilitaron el acceso al espacio y apoyaron con materiales.
El comisionado del Mercado IV Centenario del gobierno municipal de Oaxaca de Juárez señaló que la iniciativa responde a la intención de fortalecer la identidad cultural de los mercados y atraer tanto a visitantes locales como turistas.
MÁS ALLÁ DEL MURAL: UNA REFLEXIÓN SOBRE LA GASTRONOMÍA
Durante la presentación, se planteó también una reflexión sobre la transformación de la gastronomía tradicional y su posible pérdida como patrimonio vivo.
El cacao, el tejate y otros alimentos tradicionales fueron mencionados como ejemplos de prácticas culturales que evolucionan, pero que también enfrentan el riesgo de desaparecer si no se preservan activamente.
UN CIERRE CON CONVIVENCIA COMUNITARIA
Tras la inauguración, locatarios, artistas y asistentes compartieron alimentos tradicionales del mercado, en un ambiente de convivencia que reforzó el sentido social del proyecto.
El acto cerró con una mesa comunitaria, en donde los locatario anfitriones ofrecieron antojitos, téjate y bebidas típicas, consolidando el vínculo entre arte, comunidad y vida cotidiana.










































