EL PARTIDO GUINDA, a pesar de toda la astucia de su fundador, ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, tiene un talón de Aquiles evidente: haber construido su hegemonía electoral y legislativa apoyándose en dos partidos satélites: el Verde Ecologista y el Partido del Trabajo.
ESO LO TIENEN más que claro en los Estados Unidos, donde han decidido presionar desde las sombras para orillar al PVEM a romper o escindirse de su alianza con morena (escrito en minúsculas en estricto apego a su logotipo). ¿De qué manera?
EN DIVERSOS trascendidos de la prensa nacional se advierte que las agencias de inteligencia, financieras y de justicia estadounidenses -como la DEA o el Departamento del Tesoro- no solo vigilan a los cuadros directos de la 4T, sino que tienen bajo la lupa a las estructuras territoriales de sus aliados estratégicos, con especial énfasis en el PVEM en estados clave del país.
POR ENDE, ante expedientes e investigaciones abiertas sobre gobernadores, alcaldes o legisladores vinculados al partido del tucán por sospechas de financiamiento opaco, la diplomacia indirecta de Washington ha enviado claras advertencias a la cúpula ecologista. El mensaje de fondo es contundente: continuar amarrados incondicionalmente al oficialismo eleva el riesgo de sanciones, congelamiento de cuentas y carpetas internacionales. Les resulta más conveniente distanciar sus bancadas que ser arrastrados en un choque frontal con la Casa Blanca.
ENTONCES, diluir la alianza del guinda con sus satélites resulta clave para comenzar a desmantelar el sueño de poder absoluto y hasta dinástico que pretendía amalgamar para morena el fundador de este “movimiento” marrullero.
LAS CONSECUENCIAS
OJO CON lo que está sucediendo: en varias entidades (como Baja California, Sonora o Sinaloa), el PVEM ya perfila competir sin morena. ¿No resulta sospechosa esta repentina toma de distancia? Incluso se observan movimientos para sostener un bloque propio con el PT y explorar acercamientos con Movimiento Ciudadano.
AHORA SE ENTIENDE por qué, a últimas fechas, los antes incondicionales verdes y petistas se mostraron renuentes en el Congreso cuando el debate tocaba su presupuesto y supervivencia. No dudaron en frenar propuestas del Ejecutivo que amenazaban con reducirles prerrogativas o dificultarles el registro si competían en solitario.
CÓMO OLVIDAR que senadores del Verde votaron en contra de iniciativas guindas que buscaban flexibilizar la fiscalización o atenuar el castigo por la infiltración de la narcopolítica en las campañas; una jugada puramente pragmática para lavar su propia imagen ante el escrutinio exterior.
A ELLO SE SUMA el divorcio legislativo en materia ambiental y fiscal: el PVEM se ha negado a respaldar gravámenes e impuestos promovidos por el oficialismo cuando estos afectan a sus empresarios aliados en Quintana Roo, Chiapas y San Luis Potosí.
HAY QUE RECORDAR que el Partido Verde jamás ha peleado por principios ideológicos. Su único mérito ha sido un fino olfato para pegarse al ganador en turno; pero así como llegan, son perfectamente capaces de darle la espalda a cualquiera en cuanto sienten que les tocan las prerrogativas, las candidaturas o los negocios locales.
Y TODAVÍA MÁS
SI A ESTE TIPO de maniobra divisoria gringa le agregamos los rencores personales de varios personajes políticos en Oaxaca (Morena y PT, o SALOMÓN JARA VS. BENJAMÍN ROBLES), la astucia de un exgobernador que se engulló el control del PVEM estatal (a pesar de decirse ahora de morena) y al gobernador excluido del claudismo, la suerte política del actual mandatario está más que echada. Al jarismo lo rebasarán por la misma izquierda guinda, aunque muy probablemente con disfraz verde.
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