Después de permanecer cerrada durante varios meses por trabajos de rehabilitación del drenaje y por las malas condiciones que presentaba el pavimento, la avenida La Campiña finalmente fue reabierta a la circulación. Una avenida de gran importancia que conecta avenida Universidad con Riveras del río Salado. Sin embargo, la apertura no significa que la vialidad haya quedado completamente rehabilitada.
A simple vista, el tramo muestra que los trabajos de drenaje concluyeron. Pero, la superficie de rodamiento permanece en buena parte como terracería, por lo que automovilistas y habitantes de la zona enfrentan nuevamente una vialidad que, aunque ya permite el paso, continúa lejos de encontrarse en condiciones óptimas.
La situación genera cuestionamientos sobre el alcance de la obra y sobre cuándo se concretará la repavimentación que requiere la avenida.
MESES DE CIERRE Y AHORA UNA VIALIDAD SIN PAVIMENTO
El cierre de La Campiña provocó durante meses afectaciones a la circulación, saturación de otras vialidades y embotellamientos. Esto, particularmente para quienes utilizan esta arteria como conexión hacia la zona de Riberas del río Salado y avenida Universidad.
El problema se agravó porque la avenida ya presentaba condiciones deficientes en su pavimento antes de la intervención. Con los trabajos de drenaje, el deterioro de la superficie se hizo todavía más evidente.
Ahora, con la reapertura, los automovilistas pueden circular nuevamente por el lugar. Sin embargo, se encuentran con una avenida cuya rehabilitación todavía parece incompleta.
El contraste es evidente: el drenaje fue intervenido, pero el pavimento que quedó afectado permanece sin una terminación definitiva.
UNA OBRA QUE DEJÓ TAMBIÉN UN ACCIDENTE
Los trabajos de rehabilitación no estuvieron exentos de incidentes.
Durante la ejecución de la obra, un trabajador quedó parcialmente sepultado en una excavación. Dicha situación generó momentos de tensión en el sitio. El trabajador fue rescatado con vida.
El accidente puso en evidencia los riesgos inherentes a una obra que implicó excavaciones y trabajos sobre una de las vialidades utilizadas cotidianamente por habitantes y automovilistas.
Aunque el incidente quedó atrás, la obra continúa generando preocupación entre quienes utilizan la avenida debido a las condiciones en las que fue entregada para la circulación.
DRENAJE SÍ; REPAVIMENTACIÓN, PENDIENTE
La explicación que se ha dado desde el ámbito municipal es que el proyecto ejecutado correspondió principalmente a la rehabilitación del sistema de drenaje, no a una repavimentación integral de la avenida.
El problema es que, una vez terminada esa intervención, la vialidad quedó con amplias zonas de terracería. Precisamente en una superficie que ya se encontraba deteriorada.
El argumento deja una pregunta sobre la mesa: si la obra de drenaje obligó a intervenir y levantar parte de la superficie de rodamiento, ¿cuándo se restituirá de manera adecuada el pavimento?
De acuerdo con lo anunciado por autoridades municipales y estatales, la repavimentación sería atendida posteriormente con apoyo del Gobierno de Oaxaca mediante el programa Sicarú Lula’.
Para los ciudadanos, sin embargo, el anuncio no sustituye la necesidad de que los trabajos concluyan. Y que la avenida sea entregada en condiciones seguras y funcionales.
UNA ALCANTARILLA ABIERTA, OTRO RIESGO EN LA ZONA
A la condición irregular del pavimento se suma otro elemento que preocupa a quienes circulan por el lugar: al menos una alcantarilla permanece destapada, convirtiéndose en un punto de riesgo para automovilistas, motociclistas, ciclistas y peatones.
Una vialidad recién reabierta después de meses de trabajos debería contar con condiciones mínimas de seguridad para todos los usuarios.
Por ello, habitantes y conductores esperan que el proceso no se limite a permitir nuevamente el paso de vehículos. Sino que, se complete la infraestructura necesaria para evitar accidentes y nuevos daños.
La reapertura, en ese sentido, resuelve parcialmente el problema de movilidad, pero no necesariamente el de seguridad vial.
RIVERAS DEL RÍO SALADO TAMBIÉN COMPLICA EL TRÁNSITO
El panorama se vuelve todavía más complicado por las condiciones de la vialidad de Riberas del río Salado, punto donde desemboca La Campiña.
Ese tramo también presenta deterioro, lo que reduce los beneficios que podría generar la reapertura de La Campiña. Además, mantiene complicaciones para quienes utilizan ambas arterias.
Se trata de dos vías relevantes para la circulación en esta zona de la capital, por lo que el deterioro acumulado en ambas termina convirtiéndose en un problema de movilidad que rebasa un solo punto de la ciudad.
La reapertura de La Campiña permite recuperar parcialmente una ruta que permaneció cerrada durante meses, pero mientras el pavimento no sea rehabilitado y persistan obstáculos como alcantarillas sin cubrir, la solución seguirá siendo incompleta.
CIUDADANOS ESPERAN QUE NO QUEDE EN PROMESA
Después de meses de cierres, maquinaria, excavaciones y afectaciones a la circulación, los habitantes de la zona esperan que la rehabilitación no termine simplemente con la apertura de la avenida.
La expectativa ahora está puesta en que el compromiso de repavimentar mediante el programa Sicarú Lula’ se concrete. Y que los trabajos sean ejecutados hasta lograr una vialidad funcional y segura.
Porque abrir una calle no necesariamente significa terminar una obra.
Finalmente, en La Campiña, la circulación regresó, pero también quedó a la vista una deuda pendiente: devolverle a la avenida una superficie digna, segura y transitable. Además de corregir los puntos de riesgo que todavía permanecen en el tramo.










































