Por: Yanira Jazibe Cruz Cruz
Un antiguo escrito de Talmud (escrituras sagradas judías) dice que: “Cada niño que nace trae un mensaje para la humanidad. Quizá sean algunas palabras o una obra de arte; a lo mejor construye algo o compone una canción. O tal vez nos ayude a entender por qué estamos aquí…
Al momento de recibir o dar la gran noticia de un nuevo integrante en la familia, surgen las preguntas como “¿Qué desean para su hijo?” y una de las respuestas más comunes e inmediatas es “Que sea feliz” o el típico “¿Qué prefieren un varón o una niña?” respondiendo al instante, casi sin pensarlo “Que nazca sano”.
Todos los padres quieren que sus hijos tengan lo mejor, pero… ¿qué es lo mejor? Para todos, tiene un significado diferente. De hecho, existe un deseo universal y constante de tener un hijo sano. Además de este deseo absolutamente comprensible, es necesario reflexionar sobre lo que ambos padres realmente quieren transmitir a sus hijos.
Como padres o futuros padres, los invito a usar este momento para mantenerte alejado del mundo exterior y hacer contacto experimental con los procesos trascendentales que ocurren dentro de ti y en todo tu cuerpo.
¿Qué significa hacer contacto con el bebé? ¿Decirle “te quiero”…? ¿Hablarle? Pero, ¿de qué? ¿Qué le puede decir el padre? ¿Ponerle una música, leerle un cuento? ¿Y qué más? ¿Esto es todo?
Todo este contacto con el bebé se conoce normalmente como estimulación prenatal, siendo esto un conjunto de técnicas sencillas que se pueden realizar desde casa, las cuales están destinadas a favorecer su desarrollo mental, sensorial, físico, psíquico y social, así como fortalecer la relación entre los padres y el bebé antes del nacimiento.
La estimulación se recomienda a partir de los tres meses o las doce semanas de gestación, tiempo en el cual el bebé ya percibe ciertos estímulos, como pueden ser auditivos (música, lectura de cuentos), gustativos (prueba de distintos alimentos suaves y distintos sabores), olfativos (aromas suaves), táctiles (caricias en el vientre y masajes circulares) y kinestésicos (bailes suaves como movimiento de manos, piernas, hombros).
El proceso del embarazo es un ejemplo de crecimiento personal, no solo es bueno para mamá y papá, sino que el bebé en el útero también aprenderá, mientas mantiene el contacto con ellos, el cual le permite establecer una relación viva y crear buenos lazos afectivos. Es importante recalcar que TODA la familia puede ser partícipe de este proceso y mantener desde el vientre una relación socio-afectiva con el bebé.
Museo Infantil de Oaxaca
Antigua Estación del Ferrocarril
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