Una nueva ola de mensajes sobre un supuesto terremoto de gran magnitud para este 7 de septiembre comenzó a circular en redes sociales, alimentada por declaraciones atribuidas al venezolano Jesús López, conocido como “El Servidor”, y al llamado “Profeta Simón”.
Las publicaciones han cobrado especial fuerza por una coincidencia que suele alimentar este tipo de versiones: México ha registrado algunos de sus terremotos más recordados durante septiembre, particularmente en 1985, 2017 y 2021.
Sin embargo, la coincidencia de fechas no constituye una prueba de que exista una predicción acertada. Hasta ahora, no hay evidencia científica que permita determinar con anticipación el día, la hora, el lugar y la magnitud de un terremoto.
LAS SUPUESTAS PREDICCIONES QUE ENCENDIERON LAS REDES
De acuerdo con el contenido que circula en internet, Jesús López habría advertido sobre nuevos terremotos y señalado diferentes ciudades y regiones de Venezuela.
Entre las frases que se le atribuyen aparece:
“Luego llegarán dos terremotos que sacudirán al país de forma trágica”.
Las publicaciones relacionan posteriormente estas afirmaciones con otros países y con la posibilidad de que ocurran fenómenos sísmicos de gran intensidad.
El problema surge cuando estas declaraciones son presentadas en redes como anticipaciones comprobadas de terremotos. Una predicción sólo podría considerarse acertada si hubiera sido formulada previamente con suficiente precisión y posteriormente pudiera verificarse contra un evento específico.
CALIFORNIA Y MÉXICO, EN EL CENTRO DE LAS VERSIONES
Otro de los mensajes atribuidos al llamado Profeta Simón señala que una parte de California, en Estados Unidos, y México podrían experimentar un sismo de gran intensidad.
Estas afirmaciones fueron retomadas debido a la actividad sísmica histórica de ambas regiones.
México se encuentra en una zona de alta actividad tectónica, por lo que los terremotos forman parte de sus riesgos naturales. La presencia de fallas geológicas y la interacción de placas tectónicas hacen que determinados territorios sean especialmente susceptibles a movimientos de gran magnitud.
Pero esa condición no permite establecer que un terremoto vaya a ocurrir precisamente en una fecha determinada.
EL 7 DE SEPTIEMBRE DE 2021 ALIMENTA LAS ESPECULACIONES
Uno de los argumentos utilizados para reforzar las publicaciones es que el 7 de septiembre de 2021 México sufrió un terremoto de magnitud 7.1.
El epicentro se ubicó frente a las costas de Guerrero y el movimiento fue ampliamente perceptible, incluida la Ciudad de México.
La fecha se convirtió así en un elemento recurrente dentro de las publicaciones que intentan encontrar un patrón entre los terremotos de septiembre y las supuestas predicciones.
No obstante, que un sismo importante haya ocurrido en una fecha determinada no significa que esa misma fecha pueda utilizarse para anticipar otro terremoto años después.
1985, 2017 Y 2021: EL PESO DE LAS FECHAS
El terremoto del 19 de septiembre de 1985 y los movimientos registrados el 19 de septiembre de 2017 forman parte de la memoria colectiva mexicana.
El sismo del 7 de septiembre de 2021 añadió otra fecha significativa al calendario sísmico del país.
Estas coincidencias han provocado que cada septiembre aumenten los mensajes que relacionan fechas históricas con supuestos nuevos terremotos.
El fenómeno tiene una explicación sencilla: las personas tienden a identificar patrones en acontecimientos que coinciden en el tiempo, incluso cuando esos acontecimientos no tienen una relación causal entre sí.
THE ECONOMIST Y LA TEORÍA DEL “7 DE SEPTIEMBRE”
A las supuestas profecías se sumó otra interpretación difundida por usuarios de redes sociales: la portada de The Economist.
Teóricos de la conspiración han intentado relacionar elementos de la publicación con la posibilidad de que este 7 de septiembre ocurriera un nuevo desastre natural.
Incluso se han señalado números y horarios para intentar vincular la imagen con terremotos ocurridos recientemente en otros países.
Sin embargo, interpretar retrospectivamente una portada para encontrar coincidencias con un terremoto no demuestra que el acontecimiento haya sido anticipado.
Una portada editorial puede contener múltiples elementos simbólicos, económicos y políticos, pero convertirlos posteriormente en una supuesta predicción requiere evidencia adicional que permita demostrar una relación directa.
EL TSUNAMI DE SAN FRANCISCO Y OTRA ADVERTENCIA
En uno de los mensajes atribuidos a López también aparece una referencia a un supuesto tsunami de enormes dimensiones en San Francisco.
El contenido señala:
“El tsunami más grande de la historia será en San Francisco”.
Incluso se menciona una altura de olas de hasta 32 metros.
Este tipo de afirmaciones genera preocupación porque presenta un escenario catastrófico sin aportar un mecanismo científico, una fecha verificable ni un estudio que permita sostenerlo.
Los tsunamis sí representan un riesgo real para las costas del Pacífico, incluido California, pero su generación depende de fenómenos específicos, como grandes terremotos submarinos, desplazamientos del fondo marino u otros eventos capaces de desplazar una gran cantidad de agua.
¿SE PUEDE PREDECIR UN TERREMOTO?
Esta es la pregunta central detrás de la controversia.
La respuesta científica es clara: actualmente no existe un método que permita predecir con precisión un terremoto indicando exactamente cuándo, dónde y con qué magnitud ocurrirá.
Los especialistas pueden identificar zonas de riesgo, estudiar fallas geológicas, calcular probabilidades y desarrollar sistemas de alerta temprana.
Pero una alerta temprana no es lo mismo que una predicción. La primera detecta un terremoto después de que comienza y puede proporcionar segundos de anticipación antes de que las ondas más destructivas lleguen a determinadas zonas.
Por ello, las publicaciones que anuncian un terremoto para una fecha específica deben tomarse con cautela.
EL PELIGRO DE CONVERTIR EL MIEDO EN “PREDICCIÓN”
El problema de estos mensajes no radica únicamente en que puedan resultar falsos.
También pueden provocar miedo, compras de pánico, evacuaciones innecesarias o una falsa sensación de seguridad cuando la fecha anunciada transcurre sin que ocurra el fenómeno.
Paradójicamente, concentrar la atención en una fecha específica puede distraer de la verdadera prevención.
México sí enfrenta un riesgo sísmico permanente, independientemente de que una supuesta profecía anuncie un terremoto para el 7 de septiembre, el 19 de septiembre o cualquier otra fecha.
SEPTIEMBRE NO NECESITA UNA PROFECÍA PARA SER UN MES DE ALERTA
La coincidencia de terremotos históricos durante septiembre es un hecho que forma parte de la memoria mexicana. Lo que no está demostrado es que esas coincidencias permitan anticipar un nuevo terremoto.
Por eso, ante la circulación de estos mensajes, la recomendación más útil no es intentar descifrar profecías, sino mantener medidas de protección civil: identificar zonas seguras, preparar una mochila de emergencia, conocer las rutas de evacuación y atender únicamente información de fuentes oficiales y científicas.
El terremoto que pueda ocurrir en México no puede ser anunciado con certeza mediante una publicación en redes sociales.
La prevención sí puede hacerse con anticipación.









































