Para los verdaderos oaxaqueños que quieren saciar su interés por la historia y comprenden lo humano de los héroes y las fechas, estamos próximos este 18 de julio a conmemorar los 154 años del fallecimiento del Benemérito del Estado, del Benemérito de América y Coloso de Guelatao, el licenciado Benito Juárez (1806-1872), quien fue un político oaxaqueño de origen indígena zapoteca, conocido por su grandeza y no por haber sido el gobernante de menor estatura en la historia de México, con registros que apuntan frecuentemente a 1.37 metros, aunque algunas fuentes históricas sugieren una estatura más real de entre 1.55 y 1.60 metros, con complexión delgada y rasgos indígenas por su origen.
Sus características físicas, de forma más detallada, son las siguientes:
Estatura: Ampliamente descrito como de muy baja estatura, frecuentemente citado con 1.37 m, lo que lo convirtió en un contraste notable frente a figuras contemporáneas como Maximiliano de Habsburgo, que medía 1.80 m.
Origen y rasgos: Era de origen indígena zapoteca, de piel morena, complexión delgada y cabello lacio y oscuro.
Apariencia: De rostro serio, adusto y facciones marcadas, a menudo retratado con una vestimenta formal de la época (traje negro).
Debate histórico: Aunque la creencia popular y algunas fuentes históricas e investigaciones basadas en su indumentaria sugieren que podría haber medido cerca de 1.55 m como mínimo y 1.60 m como máximo, situándolo en el promedio de estatura para la época, la idea de su baja estatura podría ser una exageración histórica.
Su imagen ha sido clave en la construcción del imaginario nacional, rompiendo estereotipos de la época al convertirse en el primer presidente de origen cien por ciento indígena, nacido en el Virreinato y testigo ocular de la consumación de la Independencia nacional en 1821.
A la entrada de Antonio de León a Oaxaca, el joven Juárez tenía 15 años y, cinco años después, vería nacer, en la casa de los Maza, a Margarita, la tercera hija de la pareja formada por don Antonio Maza y Petra Parada.
En el año de 1834, cuando Benito Juárez tenía 28 años, conoció a María de la Cruz Ortiz, una indígena tehuana del Istmo de Tehuantepec que tenía 16 años. De esa relación nació, en 1834, Tereso Juárez Ortiz, a quien no reconoció legalmente, pero aceptó, le permitió usar su apellido, se hizo cargo de su manutención y mantuvo relación con él.
Cuando Benito se casó con Margarita Maza, el 31 de julio de 1843, Tereso tenía nueve años de edad. Su media hermana, Susana Juárez Chagoya, acababa de perder a su madre, Juana Ros Chagoya, y fue aceptada por la nueva familia de su padre; pero él siempre fue rechazado, quizá porque aún vivía su madre. En la extensa correspondencia de la familia Juárez Maza nunca se le menciona.
A pesar de los desaires de la familia Juárez Maza, Tereso buscó siempre estar cerca de su padre y abrazó sus ideas liberales. Se incorporó al Ejército a finales de 1862 para enlistarse y pelear contra los franceses y contra Maximiliano.
Al año siguiente, en diciembre de 1863, luego de una derrota en San Luis Potosí que obligó a Juárez a salir hacia Saltillo, allí Tereso fue capturado y, “…en la tarde de ese mismo día los prisioneros fueron conducidos al patíbulo, donde, en los momentos en que estaba ya formado el cuadro para ejecutarlos, llegó una orden del general Tomás Mejía suspendiendo dicha ejecución”.

Meses después, Tereso logró fugarse y se reincorporó al Ejército republicano. Gracias a su valor ascendió a capitán y luego a comandante de batallón, cargo que le fue otorgado directamente por el presidente Benito Juárez, a quien acompañó hasta Paso del Norte. Por su destacada participación militar recibió una condecoración de primera clase. Todo esto lo acercó a su padre.
Al triunfo de la República, en 1867, se estableció en la capital, donde su padre le dio un empleo en el Ministerio de Guerra. A los 34 años de edad contrajo matrimonio con María Hipólita Manuela de Santa Teresa Garcés Rendón, de 17 años, con quien tuvo siete hijos. Los dos primeros nacieron en Palacio Nacional, donde su padre le permitió vivir.
A la muerte de Juárez, en 1872, Tereso se consideró con derecho a una parte de su herencia; sin embargo, recibió una tajante negativa por parte de sus medios hermanos, los Juárez Maza, lo que no sucedió con Susana Juárez, quien, por su enfermedad, fue protegida por la familia y murió el 24 de febrero de 1884.
Benito Juárez no dejó testamento y, en el juicio de la sucesión intestamentaria, Tereso contrató al licenciado Juan de Dios Villarello para demandar a la familia Juárez Maza. Tenía grandes posibilidades de ganar el pleito, porque su filiación era muy conocida por la sociedad. Incluso presentó documentos y testimonios de importantes personajes, entre los que estaban una hermana de Benito Juárez, un exgobernador de Oaxaca y un obispo. Su abogado hizo un magnífico trabajo: “…nada se omitió en tan importante escrito que no arrojase una luz tan clara como la del mediodía en tan grave asunto”.
Sus medios hermanos han de haber pensado que Tereso era un peligro, y contrataron a su tío, el prestigiado abogado Manuel Dublán. Su intervención e influencias fueron fundamentales. Sorprendentemente, el 12 de febrero de 1873, el juez sentenció: “Ningún derecho tiene don Tereso Juárez a la sucesión de don Benito Juárez en concurrencia con los hijos legítimos de este señor”. Tereso, hijo natural de Juárez, apeló, pero la resolución fue confirmada. Quizá en ese momento —solo es un quizá— Tereso se arrepintió de haber peleado contra el emperador Maximiliano, quien intentó promulgar un Código Civil que concedía igualdad de derechos entre los hijos legítimos y los naturales.
Un dato sacado de la Hemeroteca “Néstor Sánchez” es que el periódico La Orquesta criticó burlonamente la sentencia:
“Ni pizca le tocó al pobrecito de Tereso Juárez, de los bienes del señor su tata, el ilustre finado D. Benito, gloria de México, y digno de ser considerado en todo y por todo, hasta en sus vástagos”.
No solo le quitaron su derecho a la herencia; también le quitaron su empleo y su vivienda en Palacio Nacional. Cuando Porfirio Díaz ocupó la Presidencia, Tereso le solicitó al oaxaqueño su ayuda para “mejorar en lo posible la situación precaria en que me encuentro”. El general Díaz le otorgó un empleo administrativo en el Ejército y después lo nombró presidente de la Sociedad para la Protección de los Niños.
Hubo otra cosa que Porfirio Díaz hizo por Tereso y, sabiendo cómo se las gastaba don Porfirio, estoy seguro de que fue intencional: le ayudó a tener una pequeña venganza contra sus medios hermanos. En 1891, durante el 19.º aniversario luctuoso de Juárez, se llevó a cabo un servicio conmemorativo especial al que acudieron los Juárez Maza con sus familias. El evento fue dirigido por Tereso Juárez Ortiz, quien fue presentado como “el hijo primogénito del héroe”.
Tereso Juárez Ortiz falleció en 1893, a causa de la tuberculosis, a la edad de 59 años. Fue sepultado al día siguiente en un lote de cuarta clase del Panteón de Dolores de la Ciudad de México.
Solo tres de sus siete hijos llegaron a la edad adulta: Margarita y María Celsa, quienes le suplicaron, en 1939, al presidente Lázaro Cárdenas que les concediera una pensión por los servicios que prestó su padre a la nación. Su hijo Justo Pastor Benito Juárez Garcés, único nieto varón del Benemérito don Benito Juárez, murió en 1948, a la edad de 78 años, sin dejar descendencia y sin aportar algo para la historia.
Oaxaca de Juárez, Oax., a 13 de julio de 2026.
JORGE BUENO
Cronista de Oaxaca
Presidente de la A.E.C.O.
Secretario General de la Federación Nacional de Asociaciones de Cronistas Mexicanos A.C.
Para saber
Benito Juárez tuvo un hijo antes de casarse con Margarita Maza. Se trató de Tereso Juárez Ortiz, quien combatió en el Ejército Republicano contra la intervención francesa, recibió el grado de comandante de batallón por méritos militares y, aun así, fue excluido de la herencia de su padre tras un juicio sucesorio.

































