El documental “Boca Vieja”, dirigido por el cineasta oaxaqueño Yovegami Ascona Mora y producido por Mónica Cruz Arcos, ganó dos premios en la reciente edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG). La película se hizo acreedora al Premio Mezcal a mejor película mexicana por el jurado joven y el Premio del Público a mejor película.
Además, consiguió una mención honorífica del Premio Mezcal, el mayor galardón del programa que se realizó del 6 al 14 de junio y en que obtuvo el documental “Llamarse Olimpia”, de la directora Indira Cato y sobre la activista Olimpia Coral Melo.
En la edición 40 del festival, el equipo de Ascona Mora compartió la historia de Boca Vieja, una playa de Bajos de Coyula, pueblo de la costa oaxaqueña que cada año enfrenta las inclemencias del tiempo en medio de la amenaza latente del despojo de su territorio. La película también lo vincula con sus raíces maternas, pues su madre es originaria de esa comunidad.
“¡Viva el cine oaxaqueño, viva el cine de los estados!”, expresó el realizador originario de San Juan Guichicovi, cuyo discurso también se escuchó en lengua ayuuk (mixe).
En la ceremonia, el director y la productora, Mónica Cruz Arcos, agradecieron a todo el equipo, a sus familias y a la comunidad de Bajos de Coyula y su playa Boca Vieja por permitirles llevar esta historia al cine.

“Boca Vieja” es la ópera prima del realizador y fue desarrollada por un equipo mayormente oaxaqueño. La filmación inició hace cinco años, en medio de la pandemia de COVID-19 y contó con el apoyo de la población, además de diversos estímulos del Instituto Mexicano de Cinematografía, IMCINE.
En el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, la película se proyectó los días 8 y 9 de junio. Se espera que próximamente también se proyecte en la comunidad donde se grabó, además de continuar su camino por otros festivales.
En una entrevista previa al festival, el realizador comentó que en “Oaxaca estamos en un momento histórico muy especial, en el que se está transformando y hay situaciones de despojo, historias de pueblos que defienden el territorio. Hay muchas historias y muchas ganas de hacer cine, de hacer documental”.
Además, contó que a nivel de políticas públicas ha habido una apertura, pero que para que esto se diera también fue necesaria la lucha de “gente de atrás que peleó, que defendió, que levantó la voz para que se diversifique el cine mexicano”.
Antes de llegar al Festival Internacional de Cine de Guadalajara, la película ha sido seleccionada en talleres y espacios cinematográficos como la Residencia Zanate, Impulso Morelia del Festival de Cine de Morelia y en el Mercado de Cine de la Berlinale.











































