POR MISÁNTROPO
El grabado como lenguaje compartido, la creación colectiva como postura política y los espacios independientes como núcleos de pensamiento crítico convergieron en la presentación de “Trazos Nómadas, 20 artistas, un trazo compartido”, realizada el 17 de enero de 2026 en el Taller de Artes Gráficas y Plásticas de Oaxaca (TAGPO).
La carpeta colectiva reúne el trabajo gráfico de 20 artistas y se plantea no solo como una muestra visual, sino como un ejercicio de comunalidad que cuestiona las dinámicas individualistas y mercantiles del arte contemporáneo.
TAGPO, ESPACIO AUTOGESTIVO Y COMUNITARIO
El TAGPO, reconocido por su carácter independiente y su vocación formativa, fue el escenario de este encuentro que congregó a artistas, docentes, gestores culturales y público en general. La asistencia nutrida confirmó el papel que estos espacios autogestivos desempeñan en la vida cultural de Oaxaca, al margen de las grandes instituciones.
Desde una lógica colectiva, el taller funciona como un lugar de diálogo, aprendizaje y producción artística situada, donde el grabado no se concibe como objeto aislado, sino como proceso compartido.
UNA CARPETA COLECTIVA, UN ARCHIVO VIVO

Trazos Nómadas integra obra gráfica de Estela Montealegre, Rocío Olguín, Rocío Ramírez, Daniel Cruz, Siegrid Wiese, Morxa Olivera, Doris Doroca, Eleonaí Rivera, Efraín Fuentes, Ignacio García, Pedro Cruz Pacheco, Samuel García, Oswaldo Ramírez, Painter Moreno, Eduardo Ramírez, Abraham Revilla, Abraham Torres y Esteban Urbieta.
La diversidad generacional, técnica y expresiva convierte a la carpeta en un archivo gráfico vivo, donde cada estampa dialoga con las demás y desplaza la noción de autoría individual hacia una experiencia colectiva.
EL NOMADISMO COMO CONCEPTO Y CAMINO
Durante la presentación, el ingeniero y artista plástico Eleonaí Rivera reflexionó sobre el concepto de lo nómada como eje del proyecto:
“El nomadismo habla del origen del ser humano, del movimiento, del camino compartido y del crear con otros. Nos pregunta por el porqué y el para qué del arte”.
Esta noción sitúa al grabado como un lenguaje de tránsito, capaz de desplazarse entre contextos, generaciones y discursos sin perder su vocación social.
MESA DE DIÁLOGO Y MIRADA CRÍTICA
La mesa de reflexión estuvo integrada por José Antonio Paredes, Eleonaí Rivera, Sergio Huerta, Rolando Calderón y Oswaldo Ramírez, artista, docente y gestor cultural, impulsor del proyecto.
Paredes calificó la carpeta como una experiencia artística excepcional:
“Es una carpeta histórica y diversa, un legado ejemplar donde la pluralidad de lenguajes la hace única”.
Sobre Oswaldo Ramírez, añadió:
“Es un artista clásico con alma vieja que cultiva nuevas generaciones; eso hoy resulta fascinante”.
LO PEQUEÑO FRENTE A LA MEGALOMANÍA
El escritor y curador Jorge Pech, director del Museo de los Pintores Oaxaqueños, subrayó la relevancia de los espacios independientes frente a la centralización cultural:
“Lo pequeño es inmensamente grande. Los museos han abusado de la megalomanía, el delirio y exaltación de la personalidad”.
Su postura evidenció una crítica directa a los modelos institucionales que privilegian el espectáculo sobre los procesos colectivos.
EL GRABADO, SIMBOLISMO Y COMUNALIDAD
El artista visual Rolando Calderón destacó el valor simbólico del grabado:
“El grabado nos sitúa en el mundo, por su carga de simbolismo”.
Por su parte, el filósofo y curador Sergio Huerta enfatizó el carácter comunitario del TAGPO en un contexto global marcado por el conflicto:
“El arte se hace cuando hay conflictos, sirve para hacer conciencia, para hacer comunalidad”.
Huerta reconoció además la labor formativa de Oswaldo Ramírez, a quien varios participantes identificaron como un “maestro, chamán y alquimista” del grabado comunitario, por su capacidad de formar artistas y, al mismo tiempo, construir comunidad desde una ética del cuidado y la enseñanza.
“Es un formador de artistas, forma comunidad. Tiene un sentido ético y moral; ha demostrado que se puede enseñar la virtud”, resalto Huerta.
ARTE COMO COMUNIDAD VIVA
Trazos Nómadas se consolida como una propuesta que entiende el grabado no solo como técnica artística (este este caso se usó la técnica agua tinta y agua fuerte), sino como lenguaje común, memoria colectiva y acto de resistencia cultural. En un contexto de incertidumbre y fragmentación, el proyecto reafirma el valor del arte gráfico y de los espacios independientes como lugares donde el arte sigue siendo encuentro, reflexión y comunidad viva.
Además, en un tiempo de crisis, proyectos como este reafirman la vigencia del grabado como herramienta crítica y del espacio comunitario como lugar de pensamiento, encuentro y construcción de sentido.
Finalmente, el artista y anfitrión Oswaldo Ramírez agradeció haber sido arropado en el proyecto colectivo y presentación por diversas personas, Además, dio un especial agradecimiento a su hijo Emilio Ramírez, como iniciador y principal gestor de este proyecto.











































