Cinco minutos antes del mediodía, un grupo de estudiantes de la Escuela Primaria Francisco J. Múgica realizan ejercicios de calentamiento a la par del sonido de la música, en la cancha del inmueble.
En la entrada principal, frente a las rejas, algunas madres de familia observan de lejos y están atentas al movimiento que iniciará en punto de las 12:00 horas, con el sonido de los altavoces para el Simulacro Nacional que se realiza cada 19 de septiembre.
La alerta sísmica interrumpe la música infantil y la clase de educación física, al mismo tiempo que profesores y estudiantes de los diferentes grados salen de los salones en fila, colocándose algunos en el acceso principal de la escuela, mientras que otros a un costado de las jardineras y salones.
El murmullo de estudiantes apenas deja escuchar la indicación de un profesor que les pide no correr mientras avanzan, recordando que es un simulacro y en unos minutos regresarán a las aulas.
La risa en los grupos de primer grado no pasa desapercibida por algunas madres de familia en el exterior, quienes coinciden que a esa edad “todo lo toman como un juego”.
Las indicaciones generales se escuchan en el megáfono de la escuela, mientras la mayoría de estudiantes conversa, salta y juega entre sí, entre constantes llamadas de atención de algunos profesores.
“Formados por favor; pongan atención”, expresa la docente titular de uno de los grupos de primer grado, quienes se preparan para regresar a los salones y alistarse después para la hora de salida.
A las 12:08 horas, todos vuelven a las aulas, en plena calma y sin contratiempos.











































