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Los colegios de estudios superiores se instalaron en Oaxaca durante el siglo XVI, siendo los primeros el de San Juan y el de San Bartolomé. Un siglo más tarde, el 12 de abril de 1673, el obispo fray Tomás de Monterroso inauguró el Seminario de la Santa Cruz, creado mediante cédula real el 28 de mayo de 1672.
Pertenecía a los seminarios denominados conciliares, que recibían ese nombre por haber sido ordenados por el Concilio de Trento de 1563 y se distinguían de otros porque debían mantenerse de las rentas eclesiásticas y estar bajo el control inmediato del obispo de la diócesis. Cuatro años más tarde este seminario fue denominado pontificio (según el P. Gay dicha denominación fue adquirida el 20 de febrero de 1677) e impartía enseñanza a estudiantes que ingresaban a los 11 o 14 años y permanecían ahí hasta los 18, para luego instruirse en artes y teología moral. El obispo Nicolás del Puerto, sucesor de Tomás Monterroso, le dotó además de una clase de idioma zapoteco. Su tarea principal era formar a los sacerdotes para su ministerio.
En sus inicios el Seminario, ubicado en la esquina de las actuales calles de Independencia y Macedonio Alcalá, contaba con 24 estudiantes y fue cobrando auge, coincidente con el desarrollo económico de Oaxaca, de modo que, primero en 1746 y luego en 1749, el obispo Felipe Gómez de Angulo, planteó ante el rey Fernando VI su conversión en Universidad del Sur, propuesta que a pesar de repetirse en 1770 ante Carlos III, fue rechazada. A pesar de la urgencia de que los alumnos dominaran las lenguas indígenas – situación necesaria para la expansión del catolicismo en la Nueva España – el seminario se enfocó a la enseñanza de los hijos de españoles, y el permiso para ingresar estudiantes indígenas se obtuvo hasta fines del siglo XVII. El seminario se vio afectado cuando sobrevino la guerra de independencia y la capital de Oaxaca fue tomada por los insurgentes el 25 de noviembre de 1812.
En 1815 llegó a Oaxaca don Florencio del Castillo, quien había recibido canonjías del Rey de España y, mientras tomaba posesión, se ocupó de impartir la doctrina en San Jerónimo Tlacochahuaya. En 1825, don Miguel Larreynaga Balmaceda y Silva -destacado nicaragüense electo diputado para las Cortes de Cádiz y Presidente de la Suprema Corte de Justicia de Oaxaca- considerando necesario difundir las normas constitucionales, ofreció al gobierno impartir una cátedra gratuita de derecho constitucional, propuesta que, con algunas resistencias, llevó finalmente a que el obispo Manuel Isidoro Pérez Suárez nombrara a don Florencio del Castillo como catedrático de Derecho Constitucional, de asistencia libre en el Seminario de la Santa Cruz.
Don Florencio del Castillo había tenido una trayectoria destacada en las Cortes de Cádiz como diputado por Costa Rica, su país de origen; en Oaxaca participó activamente en la elaboración de la Ley orgánica para el Gobierno del Estado, así como en la Constitución de 1825 y años más tarde, como director del Instituto de Ciencias y Artes del Estado, de 1830 a 1834. Junto con otros religiosos de mentalidad clara como don Cristóbal Muñozcano, egresado del seminario y cura de Tecomaxtlahuaca -que, siendo diputado al primer Congreso constitucional, propuso en 1826 la creación del Instituto- influyeron en la transición de la educación superior en Oaxaca.
Héctor Eloy Álvarez Martínez/ Corresponsalía “Ing. Alberto Bustamante Vasconcelos”









































