Luego de consumada la independencia, Oaxaca expidió en 1825 su primera Constitución Política, en la que se establecía que todos los oaxaqueños eran ciudadanos con derechos y obligaciones; asimismo, en su capítulo XXVII, el artículo 246 indicaba que debían crearse los establecimientos que se juzgasen convenientes para la enseñanza pública de las ciencias y artes, convirtiéndose así en el marco legal para la creación, dos años más tarde, del Instituto de Ciencias y Artes del Estado.
La educación superior durante la colonia había sido eminentemente religiosa y dirigida a las élites. Desde el siglo XVI se instalaron los primeros colegios en la ciudad de Oaxaca; uno de los primeros fue el de San Juan, fundado por los jesuitas en 1576. En 1581 iniciaron la construcción de la capilla del colegio, en solares proporcionados por el obispo fray Bernardo de Alburquerque, entre la entonces Plaza Real y la del Marqués del Valle, limitadas por las actuales calles de Trujano con Las Casas y 20 de Noviembre con Flores Magón.
Unos años más tarde y con el apoyo del filántropo don Manuel Fernández Fiallo abrieron el Seminario denominado de San Juan, en una casa contigua al actual templo de Nuestra Señora de las Nieves, primero conocido como Santa María la Mayor, siendo su primer rector el padre Juan Rogel, en el que se impartía enseñanza elemental, retórica, artes, teología dogmática y moral, así como derecho canónico. El seminario terminó con la expulsión de la orden jesuita, ordenada por el rey de España en 1767.
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El colegio dedicado al Apóstol San Bartolomé fue inaugurado entre 1581 y 1604 por el dominico fray Bartolomé de Ledesma, quien fue el tercer obispo de Oaxaca. El colegio ocupó la casa número 307 de la actual calle de Macedonio Alcalá; se encontraba sujeto al obispo, quien tenía autoridad para disponer sobre su organización. Seguía al obispo en autoridad el rector-administrador del colegio, cuyo cargo era desempeñado por un sacerdote diocesano.
Este colegio, inicialmente dotado de rentas competentes para doce colegiales bajo condición de ser españoles y que vistieran “manto pardo y beca color de grana”, atravesó por una situación financiera sumamente frágil, como se deduce del acta de cabildo del 5 de enero de 1682 donde textualmente se establece “la ruina que amenaza su fábrica material” así como de una carta que remitió al cabildo fray Ángel Maldonado, obispo de Oaxaca el 30 de septiembre de 1705, expresando su deseo de unir el Colegio con el Seminario de la Santa Cruz.
En 1775 el obispo don José Gregorio Alonso de Ortigoza expandió la biblioteca del Colegio, donándole la suya, fundó cuatro becas con un costo de doce mil pesos, siendo dos para indígenas y dos para hijos de españoles, con el requisito de que los becarios hablasen lenguas indígenas e incorporó este colegio al Seminario de la Santa Cruz a finales del siglo XVIII.
Además de los anteriores existieron otros, sostenidos por el clero local, en donde se enseñaban las primeras letras, como los de los conventos de Santo Domingo y San Agustín.
Héctor Eloy Álvarez Martínez
Corresponsalía en Oaxaca “Ing. Alberto Bustamante Vasconcelos”









































