Los relatos de José Ramón Lozano-Torres, poblano, y Jorge Roberto Ortiz-Dietz, oaxaqueño, describen una conexión de dos estados: Oaxaca y Puebla. A través de capítulos en que se habla del rescate de un inmueble, de la conversión en amo-cacique de un extranjero y del hallazgo de un tesoro arqueológico, los autores de El Mendrugo y el Zapoteca refieren también a una parte del pasado prehispánico de México, que ahora se puede conocer en un museo.
Ambos autores fueron conectados por Agustín Landa García, quien mantenía la encomienda del último amo zapoteco (José Roberto Ortiz-Dietz) para que su colección de cráneos fuera compartida y no quedara en una colección privada.
Así, mientras el también empresario Lozano-Torres se enfocaba en el rescate de una casona, surgían tesoros en forma de una tumba olmeca o restos de cerámica colonial. Por su parte, la colección de cráneos de gobernantes, caracoles y otros vestigios en poder de Ortiz Dietz, aguardaban por un lugar en el cual su exhibición hablara de un legado desconocido.
El libro presentado el pasado sábado en el Centro Cultural San Pablo narra las historias que se pueden conocer en La Casa del Mendrugo, en la ciudad de Puebla. En el recinto cuyo nombre deviene de las donaciones con que fue edificado, están ahora los cráneos y los restos de “Chuchita”, la más antigua habitante de lo que hoy se conoce como Puebla.
Durante la presentación del libro, Agustín Landa García (vicerrector de la Universidad de Monterrey) habló de su convivencia con Ortiz-Dietz y de la tarea que éste le pidió cumplir, pero que cumplió poco tiempo antes de la muerte de éste en Alemania.
El escritor Juan Arturo López-Ramos, otro de los comentaristas del libro, se refirió al tesoro inesperado que José Ramón Lozano-Torres halló en la Puebla de los Ángeles, donde nunca se había dicho que existían testimonios arqueológicos.
Sin embargo, Ramón dio con un entierro olmeca de 3 mil 500 años de antigüedad, pero también con el encuentro propio, expresado en su inquietud, curiosidad, espíritu emprendedor, innovador y creativo, y “el amor por ese México profundo, el amor por la luminosidad de nuestras antiguas culturas”.
De la colección de cráneos que ahora está en La Casa del Mendrugo, el escritor contó que especialistas y estudiosos han ofrecido datos como el que los cráneos de los gobernantes zapotecos fueron deformados intencionalmente, que el grabado de las piezas ocurrió inmediatamente después de la muerte de éstos, pues “se requiere que el hueso esté fresco para que sea fácilmente esgrafiado y quiere decir que estaban seleccionadas en vida las personas cuyos cráneos iban a servir de enlace entre el presente y el pasado”.
En 12 capítulos que conforman el libro, José Ramón Lozano-Torres habla de “la ruina”, en que estaba La Casa del Mendrugo previo a su rescate, así como la vida en Puebla durante el siglo XVIII.
Jorge Roberto Ortiz-Dietz comparte “historias zapotecas”, a través de las cuales describe la historia de un personaje en Oaxaca que crece en dos mundos; el mundo indígena zapoteca y el mundo mestizo y que llega a ser amo o cacique en una comunidad indígena. Y aunque no lo mencione explícitamente, se trata de la historia de uno de sus ancestros y a partir de la cual él se convierte en descendiente de esa línea.
Durante casi dos horas de la presentación del libro, Lozano-Torres comentó su aproximación con Ortiz-Dietz luego de haber leído un manuscrito de éste y tras lo cual también le expresa su seguridad de que en el manuscrito es Ortiz-Dietz quien habla de su vida.
Lozano-Torres comentó cómo es que recibió la colección y el manuscrito y que tras ello, aproximadamente un mes después, fallece Ortiz-Dietz.












































