Mi vocación por la historia y el gusto por la palabra escrita y oral me inculcaron la afición por la literatura, todo ello de manera autodidacta, pues ha sido la práctica la que me ha llevado al uso correcto del lenguaje a través de cientos de artículos escritos y publicados en este diario “El Imparcial”, próximo a cumplir en noviembre 75 años de extraordinaria labor informativa. En este diario he publicado mis artículos desde hace 40 años y, en los últimos 10 años, casi 500 planas, desde que comencé a escribir las crónicas semana tras semana. Esta labor responde también a la necesidad de dejar una memoria en las hemerotecas que guarde todo lo que he publicado y que permita conservar el registro de los aconteceres y las pasiones, algunas veces desbordadas, de los actores políticos, sociales y culturales de Oaxaca.
Por ello, considero necesario que exista un cronista en cada uno de los 570 municipios de nuestra entidad, y que en nuestro estado de Oaxaca, donde somos 60 los cronistas registrados en la Asociación Estatal de Cronistas de Oaxaca, cada uno escriba con amor los sucesos inherentes a su comunidad y disponga del tiempo suficiente para investigar, resaltar y divulgar la historia de Oaxaca. De esta manera, sus escritos quedarán como herencia para las futuras generaciones, que podrán disponer de un acervo cultural y conocer el rico pasado histórico de nuestro estado. En este sentido radica la vigencia del cronista, cuya labor podrá alcanzar sus objetivos con el apoyo de los ayuntamientos y de todas las instancias vinculadas con la historia y la cultura.
Por eso, a través de la crónica, el narrador retoma y recupera la tarea de conocer más de sí mismo, pero sobre todo de mantener activa la memoria de la sociedad, Oaxaca es fiel a su origen, es una noble tierra de libertad, que me permito quererla, por ello recalco: mañana, 25 de agosto, cumpliré 10 años de servir a mi ciudad en forma honorífica y aclaro que fue a través de una última entrevista en la que declaré, porque me preguntaron qué era lo que hacía un cronista, y lo que les contesté fue: señores, desde hace 10 años es lo que vengo haciendo en las escuelas primarias, técnicas y universidades, pláticas, charlas y conferencias, que no es otra cosa que enseñarles a los niños la cultura y las tradiciones oaxaqueñas; con ello me propongo sembrar en sus corazones una raíz firme que los mantendrá siempre conectados a su origen, sin importar hasta dónde los lleve la vida. Desde pequeños, porque es cuando aprenden a portar con orgullo un traje típico, a bailar un son, un jarabe o una chilena, a encender un farolito para participar en el festival de la escuela y portar el farol en la calenda, así como saber compartir el sabor de la rica comida tradicional, el niño no solo está jugando o imitando: está construyendo identidad, memoria y amor por su tierra, que es única y hermosa.
Amigos oaxaqueños que me leen, no solo estoy convencido y seguro de que la niñez es la etapa más pura para absorber la esencia de un pueblo y en Oaxaca esa esencia está hecha de olores, sabores y colores, de música, de historia y de respeto a la naturaleza, mostrarles el valor de una calenda, que es una tradición religiosa, el significado de una ofrenda o un altar, la fuerza de una lengua originaria o el cariño de una madre cuyas manos lavan y cocinan, es darle al niño y regalarle con amor un tesoro que, nacido del corazón, nunca perderán.
Cuando los niños crecen conociendo sus raíces, no solo se convierten al llegar a la adultez en guardianes de la tradición, sino también en portadores de un hermoso legado que, orgullosos, podrán compartir con el mundo. Educar en la cultura oaxaqueña es asegurar que aprendan el canto de las ocho regiones en la máxima fiesta de los oaxaqueños que es la Guelaguetza, el aroma del mole y el chocolate —el oro negro de Oaxaca— o el saber su propia lengua: chocho, huave, triqui, zoque, chatino, mixe, zapoteca o mixteca, chinanteco, amuzgo o mazateco, etc., y conocer las danzas con las que cuentan sus historias ancestrales para que sigan vivas en cada nueva generación.
Así es como esos niños esperarán que llegue la Guelaguetza, anunciada su aproximación por sus primeras aguas, que se dejan caer el 15 de mayo, día en el que se celebra a San Isidro Labrador, la segunda el 24 de junio, el mero día de San Juan y la tercera con el primer lunes, sin embargo, desde mayo tuvimos aguaceros atípicos y las lluvias normales, después del 16 de julio en plena función vespertina, para el remojo del tradicional estreno, así fue el lunes 20 y 27 del pasado julio.
Al enseñarles a los niños en el seno de la familia estas tradiciones, tan solo les recordamos que no caminan solos: caminan de la mano de sus abuelos, de sus padres y de todos aquellos que con amor y sacrificio han mantenido encendida la llama del saber la historia de Oaxaca a través de los siglos.
Una enseñanza es importante como la de explicar por qué son dos lunes: el primero después del 16 de julio, ya que en 1700 se determinó que lo pagano fuera después de lo religioso y su octava, que es el acto de colación (la octava), y como un comité que está integrado por conocedores es enviado desde marzo a recorrer el estado y elige cuáles serán las 12 delegaciones participantes en el horario matutino del primer lunes del cerro de la Guelaguetza 2026, ellos son los que determinan quiénes serán las chinas oaxaqueñas, si las de Casilda Flores o de Genoveva Medina, ya que estas dos pertenecen al Barrio de China y son las que representan a Oaxaca de Juárez y los Valles Centrales, Ciudad Ixtepec pertenece a la región del Istmo, de Huajuapan de León que pertenece a la región Mixteca, San Vicente Coatlán que pertenece a Valles Centrales, San Melchor Betaza pertenece a la Sierra Norte, la Sierra de Juárez, Santo Domingo Teotongo pertenece a Región Mixteca, Santo Domingo Chihuitán pertenece al Istmo de Tehuantepec, Collantes pertenece a la Costa Oaxaqueña, Santa María Tonameca también pertenece a la Costa Oaxaqueña, la Villa de Zaachila pertenece a Valles Centrales, Santiago Pinotepa Nacional pertenece a la costa oaxaqueña, San Juan Bautista Tuxtepec pertenece a la Cuenca del Papaloapan, así se escogieron las delegaciones que llenaron de música, danza y tradición el horario matutino del primer lunes del cerro el día en Oaxaca.
En las conferencias sustentadas en no menos de 30 años de actividad cultural les he dado a conocer los nombres que Oaxaca ha tenido desde el año de 1396 al de 1486, que se le llamó en el dulce zapoteco del valle “Luú Laá”: LWA, en el triqui de Chicahuaxlla: A´KMEJ, en el mixteco de Chalcatongo: NUNDUA, en el mazateco del Oeste: NAXITAE, en el Mixe alto del sur: WAJKWEMP, más fue a partir de 1486 que la gente del Tlatoani AhuIxol le llamó en Náhuatl: Huaxyacac, asentamiento que duró aproximadamente 35 años en posesión de un destacamento comandado por Tecatecle (1486-1506), quien era primo de Moctezuma I, el Ilhuicamina, por ser de la familia real, el que luego le siguió a su muerte fue Atlacotl (1506-1521), estos dos eran los gobernantes y que vigilaban al Rey de Teozapotlan (Zaachila yoo), Cosijoeza, quien vivía cercado por los mixtecos de Yaha Zuco, hoy Cuilápam de Guerrero, y el destacamento de Huaxyacac, que había bautizado los barrios de Chapultepec, Xochimilco, Mexicapan y Jalatlaco, el 30 de junio de 1486, con el sembrado de 60 familias, barrios que crecieron con nuevos pobladores que llegaron en 1521 con las tropas de Francisco de Orozco y así sucesivamente.
Mañana serán 10 años de servir a Oaxaca de Juárez, así como a usted y a la historia de esta muy noble y leal Ciudad de Oaxaca, hoy vivo con la satisfacción y con el deber cumplido, el mismo que cumplieron: don Jorge Fernando Iturribarria Martínez, don Javier Castro Mantecón, don Everardo Ramírez Bohórquez, don Rubén Vasconcelos Beltrán, todos ellos grandes oaxaqueños, todos siempre humanos y amantes de Oaxaca.

Oaxaca de Juárez, Oax., a 24 de agosto de 2026
JORGE BUENO
Cronista de Oaxaca
Presidente de la A.E.C.O.
Secretario General de la Federación Nacional de Asociaciones de Cronistas Mexicanos A.C.
































