Muy mal mensaje para Oaxaca lo pactado entre la Presidencia de la República y la Sección 22. Se trata, en pocas palabras, de devolverles el control de las plazas, la carrera magisterial y de la educación de las juventudes oaxaqueñas a cambio de movilización electoral. De una forma perversa, se utiliza como moneda de cambio el futuro de los niños por el activismo electorero.
Como estrategia de campaña, AMLO tomó una frase que no es original de él, proveniente de la “Teoría de la justicia” de John Rawls: “Por el bien de todos, primero los pobres”. Como es usual en él y en los millones que se dejaron engañar, manipuló a conveniencia el sentido de esta frase para argumentar que la distribución de la riqueza existente es una forma de aliviar la pobreza, sin preocuparse por crear las condiciones para que la riqueza se siga generando y no simplemente depredar o explotar hasta el agotamiento la que ya existe. Eso explica, en buena medida, la política fiscal del gobierno.
La falacia y el modelo paternalista estatal son evidentes: redistribuir sin generar valor. El populismo gubernamental busca, por todos los medios, que la realidad se ajuste a su ideología, y ésta está basada en un modelo colectivista que, a lo largo de los años, ha demostrado su fracaso. El enorme endeudamiento público es, en parte, consecuencia de este reparto indiscriminado de “apoyos” a discreción.
La política social construida sobre el asistencialismo solo alivia la carencia inmediata, pero no modifica la estructura de oportunidades. Sin capacitación técnica ni acceso al mercado laboral formal, la gente en pobreza permanecerá en una condición de dependencia permanente frente al gasto público, pero será una fuente de votos para ellos.
Aquí está lo más grave, pero también lo más real. Siguiendo la teoría de las capacidades de Amartya Sen, la verdadera emancipación social surge del desarrollo de las habilidades individuales, en contraposición con las ideas socialistas que sustentan la ideología oficial. Transferir efectivo sin fortalecer el sistema educativo mitiga la pobreza monetaria en el corto plazo, pero condena a las siguientes generaciones a la misma trampa estructural.
El gobierno utiliza las entregas de dinero para crear un falso estado de bienestar. Cuando el ingreso de los hogares más pobres depende de un cheque gubernamental desligado de la productividad, el programa social se convierte en clientelismo electoral.
Las políticas populistas sacrifican la inversión pública de largo plazo, como la ciencia, la salud y la educación, en nombre de la austeridad, mientras que la élite política consolida privilegios de clase. La lujosa vida de los hijos del expresidente es un claro ejemplo.
El pacto del gobierno con el sindicato magisterial evidencia el abandono de la educación en su beneficio electoral. Los adultos mayores en situación de extrema pobreza, rezagados por décadas de abandono institucional y analfabetismo funcional, requieren ayuda social directa como una forma de contención mínima, dado el alto costo y la baja efectividad integrarlos a las modernas industrias tecnológicas.
En cambio, la inversión en la educación temprana y en la infancia genera las tasas de retorno económico más altas para el país. Concentrar el presupuesto en una educación pública de excelencia para los niños es la única vía para romper la transmisión permanente de la pobreza que caracterizan a Oaxaca, Guerrero y Chiapas, como ejemplos del peor rezago educativo y los pactos entre la 4T y la CNTE.
El lema “Por el bien de todos, primero la educación” expone la diferencia entre la administración de la pobreza y la búsqueda de su disminución. Mientras que el populismo apuesta por la redistribución de la riqueza existente con fines de legitimidad política inmediata, una postura crítica de largo plazo sostiene que la única transformación sostenible radica en democratizar el conocimiento, impulsar la ciencia y capacitar a las nuevas generaciones para competir y prosperar en la economía global.
Ahora que la 4T cruje con el escándalo Rocha Moya, es una oportunidad para pensar en cambiar nuestro futuro.
































