Después del estruendo de las mezcladoras de concreto, el bloqueo del paso por semanas y circulación de camiones con toneladas de materiales para construcción, surge el brillo del asfalto recién colocado en las márgenes del Río Atoyac, en Santa Cruz Xoxocotlán, lo que parece ser el símbolo del “progreso” en este 2026. Con una inversión masiva de 499 millones de pesos, el gobierno estatal ha entregado parte de una vialidad de 3.1 kilómetros que promete conectar la modernidad del aeropuerto con el flujo comercial de la capital.
Sin embargo, detrás de la solidez del concreto hidráulico, se esconde una fragilidad social que las estadísticas oficiales comienzan a gritar: mientras el estado gasta 160 millones de pesos por cada kilómetro de carretera, los programas destinados a salvar las lenguas maternas u originarias de Oaxaca, que este 21 de febrero celebran su día, sobreviven con presupuestos que apenas alcanzarían para pavimentar una sola cuadra de esa misma obra.
Oaxaca y la resistencia lingüística
Para Víctor Cata, recién nombrado titular de la Secretaría de Interculturalidad, Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas (SIPCIA) y ex director de Instituto de las Lenguas Originarias de Oaxaca (ILEO), la urgencia no es de asfalto, sino de palabras.
“Oaxaca es el corazón lingüístico de México; aquí se concentra casi la mitad de las lenguas que se hablan en el país”, afirma Cata.
Las cifras del INEGI le dan la razón: Oaxaca es la entidad con la mayor proporción de hablantes de lengua indígena en el país, con un 27.3% de su población. A nivel nacional, lenguas presentes en el estado como el zapoteco (7.2%) y el mixteco se mantienen en la primera línea de resistencia, pero bajo una presión constante.
Pese a esta riqueza, el estado invierte 83 veces más en 3 kilómetros de cemento que en la identidad de sus 16 pueblos originarios, cuyo programa principal de “Formadores Culturales” opera con apenas 6 millones de pesos.
La voluntad política frente a la brecha del Inegi
Víctor Cata subraya que la administración estatal ha mostrado un interés inédito por atender esta demanda tras años de olvido sistemático.
“Hay un interés genuino por atender esta demanda histórica”, sostiene Cata, pero la realidad es otra.
Lenguas sin hablantes jóvenes
Este interés choca con una realidad demográfica que el INEGI describe como crítica en su más reciente Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID): las lenguas se están quedando sin jóvenes. Mientras que el 45.1% de la población no hablante tiene entre 3 y 29 años, en el caso de los hablantes de lenguas indígenas esta cifra cae al 34.6%.
La lengua se está concentrando en los adultos mayores: el 21.2% de los hablantes tiene 60 años o más. Sin una inversión que compita con el presupuesto de obra pública, el relevo generacional es casi imposible.
El diagnóstico del abandono escolar

La brecha educativa es el otro muro que el concreto no ayuda a derribar. Según el INEGI, el 43.2% de los hablantes de lengua indígena de entre 3 y 24 años no asiste a la escuela. La cifra más dolorosa se da en la adolescencia (15 a 17 años), donde la inasistencia escolar llega al 53.3%.
“La falta de políticas lingüísticas adecuadas permitió un desplazamiento muy veloz de nuestras lenguas”, advierte Cata.
A esto se suma la brecha de alfabetismo: mientras el 96.5% de la población general sabe leer y escribir, entre los hablantes de lengua indígena la cifra cae al 81.1%. Esta diferencia de 15 puntos porcentuales es la que los programas de revitalización intentan cerrar con “migajas” presupuestarias.
El costo de salvar una vida cultural
En Oaxaca existen variantes lingüísticas donde quedan apenas cuatro o siete hablantes vivos. O como el caso alarmante del Ixcateco o lengua xjuani, de la que “quedan solo dos hablantes” y que está al borde de la desaparición.
Documentar y crear nidos de lengua para estos casos requiere una fracción mínima del gasto público. Con lo que costó solo 10 metros de la carretera de Xoxocotlán, se podría garantizar el rescate documental de una lengua completa que está a punto de desaparecer.
“Hablar una lengua indígena no tiene por qué ser motivo de vergüenza; al contrario, es motivo de dignidad”, enfatiza Víctor Cata.
¿Progreso o sepulcro?
Al ritmo actual de inversión, Oaxaca llegará al final de la década con supuestas carreteras de primer mundo, aunque muchas de ellas cuestionables en su calidad, pero con pueblos que habrán olvidado cómo nombrar su universo. México invierte apenas el 0.0003% de su PIB en este rubro, una cifra que nos coloca lejos de los estándares de países que han logrado salvar su herencia cultural.
Si el estado puede encontrar 499 millones de pesos para 3 kilómetros de pavimento, el desafío para este 2026 es que esa “voluntad política” mencionada por Cata se traduzca en una reingeniería financiera. Porque un pueblo puede caminar sobre tierra y mantener su identidad, pero no puede caminar hacia el futuro si ha perdido la voz de sus ancestros bajo capas de concreto hidráulico.
EL DATO DURO
Oaxaca: Estado con más hablantes indígenas del país (27.3%).
La Brecha: 53.3% de los jóvenes hablantes no van a la escuela (INEGI).
La Inversión: 1 metro de carretera cuesta más que el apoyo anual para un maestro de lengua en una comunidad crítica.
DIFERENCIA:
El estado gasta en una sola vía urbana lo que bastaría para financiar la revitalización lingüística de Oaxaca por los próximos 15 años.
LA SENTENCIA
Con lo que costó solo 10 metros de la carretera de Xoxocotlán, se podría garantizar el rescate documental de una lengua completa que está a punto de desaparecer.











































