La oaxaqueña Catalina Yolanda López Márquez fue reconocida recientemente con el Premio Nacional de Artes y Literatura 2025, que otorga el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL). Cofundadora del Museo Vivo de la Grana Cochinilla, López Márquez es una de las y los cuatro galardonados de la edición, cuyos resultados se dieron a conocer el pasado 24 de diciembre.
El premio lo obtuvo en la categoría de Artes y Tradiciones Populares, “por el rescate, conservación y difusión, con énfasis en el proceso de enseñanza-aprendizaje, de las tradiciones populares de Oaxaca”.
Los demás ganadores del premio son: el escritor yucateco José Agustín Monsreal Interián, en la categoría de Lingüística y Literatura, “por su devoto y minucioso cultivo de la lengua y la narrativa en México a lo largo de más de 50 años, la trascendencia de su aporte a la formación humana y literaria de varias generaciones de escritores y lectores, así como la necesidad de visibilizar su sólida obra”.
El reconocimiento la categoría de Bellas Artes es para Irma Palacios Flores, originaria de Guerrero, “por su impecable y continua trayectoria que, a través de su depurada técnica, ha conseguido transmitir una mirada poética y conmovedora”.
En Historia, Ciencias sociales y Filosofía, el galardón es para el historiador y antropólogo yucateco Mario Humberto Ruz Sosa, “por su perfil interdisciplinario, enfocado al estudio del sureste de México y la cultura maya”.
De acuerdo con el instituto dependiente de la Secretaría de Cultura federal, el trabajo de la oaxaqueña Catalina Yolanda es “fundamental para la preservación de la grana cochinilla, como patrimonio biocultural y materia prima nodal para la creación de las artes populares”.
Antes de este premio, la originaria de Oaxaca de Juárez, ha ganado el primer lugar del Premio Nacional a las Mujeres Mexicanas Inventoras e Innovadoras (2008) y el reconocimiento Tesoros Humanos Vivos (2023).
De acuerdo con la semblanza que de ella difundió el INBAL, López Márquez “encontró muy pronto en su vida en el mundo natural, particularmente en los insectos, un universo fascinante de significados, colores y posibilidades”. Este interés la llevó a “cursar la preparatoria técnica en laboratorio clínico-químico, pero pronto encontró su verdadera vocación más allá del laboratorio, en el rescate de un arte milenario: la cría y el aprovechamiento de la grana cochinilla fina del nopal”.
A sus 19 años, Yolanda fue convocada para coordinar el Centro de Desarrollo e Investigación de la Cochinilla en Ejutla y desde entonces se ha dedicado “a investigar, conservar y difundir el conocimiento sobre este insecto prehispánico que durante siglos dio color a códices, textiles y murales. Su enfoque integró el conocimiento empírico, la observación científica y la pedagogía comunitaria”.
Como parte de su labor, entre 1974 y 1985, “organizó talleres en 15 comunidades de los Valles Centrales, capacitando a más de 500 campesinos y artesanos en el cultivo del nopal y la cría de la grana. Su aporte técnico y cultural se consolidó con la creación, en 1983, de una innovación sin precedentes: la nopaloteca, un invernadero rústico ubicado en su propia casa, que se convirtió en banco de conservación genética, aula experimental, centro de distribución de pie de cría y, sobre todo, un espacio de encuentro intergeneracional”.











































