OAXACA DE JUÁREZ.– La música popular y de concierto en Oaxaca dejó las partituras tradicionales para convertirse en una herramienta de exigencia social. Luego de que los integrantes de la histórica Banda de Música del Estado se manifestaran durante las icónicas presentaciones de “Bajo el Laurel” en el zócalo capitalino, el Gobierno del Estado se vio obligado a ceder. Las demandas eran claras y urgentes: el pago inmediato de sus haberes y un aumento salarial que finalmente “dignificara su labor de promotor musical y cultura”.
Como respuesta directa a este conflicto en el corazón de la capital, el titular de la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca (Seculta), Flavio Sosa Villavicencio, oficializó un ajuste presupuestal al bolsillo de los ejecutantes.
El funcionario reconoció la legitimidad del movimiento obrero-artístico y admitió que la presión social en la plaza pública fue el detonante del cambio:
“Ustedes recordarán que la banda del estado hizo una protesta para mejorar sus condiciones, el gobernador dialogó con ellos, hubo un intercambio de puntos de vista, se revisaron los números y se logró un incremento”.
De acuerdo con lo expuesto por el titular de la Seculta, el acuerdo se traduce en una inyección financiera fija:
“Para dignificar la labor artística y fortalecer a las instituciones musicales de la Secretaría, se aplicó un aumento salarial de 2 mil 500 pesos al sueldo de cada músico que las integra”.
Sosa Villavicencio detalló que este beneficio no será exclusivo de la agrupación que inició las movilizaciones, sino que impactará en cascada a todo el aparato musical oficial:
“…2 mil 500 pesos mensuales para la banda del estado, para la orquesta primavera, para la orquesta sinfónica del estado, y para la marimba del estado. Este es un hecho sin precedentes en Oaxaca”, enfatizó.
Asimismo, aseguró que el pago tendrá carácter retroactivo a partir del mes de enero, confirmando que ya “están empezando a fluir las administraciones” para cubrir dichos montos.
EL DISCURSO OFICIAL CONTRA LA REALIDAD ECONÓMICA
Pese al tono de victoria con el que las autoridades arroparon el anuncio, argumentando que “hay un compromiso con las creadoras y los creadores oaxaqueños, hay un compromiso con quienes son el corazón, nos ayudan a que Oaxaca sea el corazón cultural de México”, un análisis crítico de las cifras oficiales revela que el panorama laboral real sigue estando lejos de una auténtica justicia laboral.
Antes de esta jornada de protestas, un músico de fila adscrito al gobierno del estado percibía ingresos que, sumados a compensaciones, oscilaban apenas entre los 10 mil 700 y los 13 mil 340 pesos brutos mensuales. Con la adición de los 2 mil 500 pesos celebrados por la Seculta, el tabulador oaxaqueño apenas se moverá hacia un rango estimado de entre 13 mil 200 y 15 mil 840 pesos mensuales antes de impuestos.
Al realizar un somero ejercicio comparativo con el resto del país, el rezago oaxaqueño salta a la vista de manera dramática. En entidades como Jalisco, un músico de fila de la Orquesta Filarmónica local percibe un salario bruto de aproximadamente 36 mil 550 pesos al mes, mientras que en la Ciudad de México y el Estado de México las remuneraciones base superan con facilidad los 30 mil y 34 mil pesos mensuales para puestos similares.
¿ALCANZA PARA DIGNIFICAR EL ARTE?
Si bien el logro conseguido por las agrupaciones en las mesas de negociación sienta un precedente histórico en la movilización de los trabajadores del sector cultural oaxaqueño, la realidad estructural muestra que los músicos locales seguirán ganando menos de la mitad de lo que percibe un colega en el centro o el norte del país.
El cuestionamiento que queda en el aire entre los gremios artísticos es si un incremento de aproximadamente 83 pesos diarios realmente subsana las décadas de abandono institucional, o si sólo funciona como un bálsamo temporal para apagar el fuego de la protesta social en el primer cuadro de la ciudad.
Mientras Oaxaca siga presumiendo su riqueza artística ante los ojos del mundo entero, la verdadera dignificación de sus creadores continuará midiéndose en la suficiencia del presupuesto y no en la elocuencia de los discursos oficiales.









































