Desde que era un niño, una de sus abuelas le enseñó a Carlomagno Pedro Martínez a amar la tierra, a respetarla y reconocer que de ella surge la vida. Esa sabiduría ancestral también se ha mezclado con la tradición católica, de la que se desprenden frases como la de “polvo eres y en polvo te convertirás”. Son ambos conocimientos los que ahora el autor originario de San Bartolo Coyotepec comparte a través del barro negro.
Desde el 10 de octubre, el también Premio Nacional de Ciencias y Artes (2014) presenta su exposición “El muerto al pozo y el vivo al gozo”, en el Centro Cultural San Pablo, ciudad de Oaxaca.
La exposición está integrada por aproximadamente 40 piezas en las que representa y aborda su visión sobre la vida y la muerte, también sobre la política, las leyendas y tradiciones en torno a la muerte, así como la importancia del maíz.
Esta exposición es sobre el amor a la tierra y a la vida, además de un homenaje a sus ancestros y una manera de celebrar el haber llegado a los 60 años de edad, de sentir la misma emoción que cuando inauguró una exposición a sus 20 años.

Formado en el Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo, bajo la guía de Roberto Donís, Carlomagno comparte su obra a través de cuatro temáticas: La jocosa muerte, Muertos de maíz, Regresan los difuntos y Tzompantli. En estos temas o núcleos, muestra también la relación de su trabajo con el del grabador José Guadalupe Posadas, especialmente por la crítica a través de la calavera garbancera o catrina, a la cual recrea con el barro.
Esa crítica también se extiende a otras esculturas como una en la que cinco plañideras representan los cinco siglos desde la conquista española.
“En las comunidades, a nosotros no nos conquistó la espada sino la cruz”, contaba el autor durante la inauguración de esta exposición en la que habló de sus inicios en el arte popular, de cómo sobrevivió a la escarlatina a los 4 años de edad.
Paseantes, plañideras, catrinas, borrachos, barqueros, animales, ángeles y demonios son algunas de las figuras que conforman la exposición, además de tzompantlis o muros de cráneos y representaciones de la madre tierra primigenia, como nueva Tlatecuhtli o Coatlicue.
“Al presentar mi trabajo aquí, con el material de mi pueblo, con el barro negro, evoco a mis ancestros y parece que estuvieran aquí latentes mis abuelitos. Cómo no recordar a mi abuelito Camilo, a mi abuelita Agustina, a mi abuelo Emmanuel, a mi abuela Herminia, a mi abuela Magdalena. Ellos estuvieran bien contentos”, compartió.









































