El anuncio de navidad, que también se llama calenda, por sus primeras palabras, es un texto que se encuentra en el martirologio romano. Este anuncio, que fue costumbre centenaria en los monasterios y en la liturgia papal, para significar el último instante del adviento, ha sido incorporado en el martirologio romano para todo el mundo.
Este pregón, que se canta o se proclama con solemnidad, es un compendio de la historia de la humanidad que espera la salvación realizada en Cristo. Como un último grito del adviento se contemplan la creación, la alianza y la promesa de salvación que, tras el diluvio, se concreta en la llamada al patriarca Abraham y el éxodo del pueblo acaudillado por Moisés. El texto litúrgico incorpora la vocación de todos los pueblos con una interesante referencia al calendario de los griegos y romanos, culturas en la que se acogió históricamente el acontecimiento de la encarnación.
Durante el Virreinato, posiblemente los frailes dominicos, para reforzar la espiritualidad de los habitantes de Antequera, retomaron el pregón de la Natividad, que originalmente inicia con una procesión solemne, extendiendo la procesión inicial, de la entrada principal del templo hasta el altar mayor, por una procesión que iniciará en la casa de un vecino de notable religiosidad y presencia en la comunidad, que posteriormente, se convirtió en el padrino o madrina de calenda.
Por ser una procesión nocturna, se requería de faroles para iluminar el camino, así con un acompañamiento musical de zampoñas, chirimías, panderos, en la que se trasladaba la imagen del Niño Dios, sobre una charola de plata, cubierta con un exquisito cojín de terciopelo, sobre el que descansaba la imagen cubierta con un velo de tul o gasa, como signo de que aún no había nacido, la charola era llevada por la madrina del niño, que portaba su mejor traje.
El recorrido era breve, porque el vecindario se encontraba cercano al templo, calculando llegar antes de la media noche, para la celebración de la Misa de Gallo, como se conocía a la eucaristía de la Natividad, Posteriormente se agregaron los pastores, vestidos a usanza de los pastores andaluces, navarros, gallegos o castellanos, que al término de la misa arrullaban la imagen, recitaban versos, cantaban villancicos y entregaban ofrendas simbólicas, pan, queso, requesón miel, higos, dátiles.
Mucho tiempo después, el recorrido se extendió al centro de la ciudad, haciendo más larga la procesión, se anunciaba su trayecto con cohetes, cohetones, bengalas, era tradición, esperar en el centro el arribo de las calendas, y unirse a la del barrio para asistir con la familia a la misa vespertina.
Actualmente, son pocos los barrios que organizan sus calendas y muy pocas las que llegan al centro, sin que ninguna autoridad, realice proyectos que logren la conservación y el rescate de la calenda tradicional, que fue la Kalenda de la Natividad del Señor.
José Demetrio Quiroz Alcántara/Corresponsalía “Ing. Alberto Bustamante Vasconcelos”










































