Cada año, desde hace 16, Laura Ramos y su familia acuden al panteón General para velar la tumba de su abuela Rosario, las de sus tíos y una bebé cuyos restos descansan en este camposanto de la ciudad de Oaxaca.
La música, algunas bebidas y alimentos son compartidos como si se tratara de una reunión con quienes ya no están, pero siguen en la memoria y el corazón.
Velar a sus difuntos, dice, es una manera de sentirse más cerca de su abuela, de sus tíos y de toda la familia que por las fiestas de Todos Santos o Día de Muertos acude al panteón o participa de la ofrenda que se coloca en el altar de muerto.
Este viernes, la familia de Laura fue una de tantas que acudieron a la cita anual con sus difuntos, parte de una tradición que resiste en la ciudad de Oaxaca, en medio de los cambios de la celebración. Otras familias más llegarán durante el 1 y 2 de noviembre, cuando por la festividad se mantendrá abierto el cementerio hasta la medianoche.
VERBENA ALREDEDOR DEL CEMENTERIO
Los turistas nacionales y extranjeros también llegaron este viernes para conocer de la tradición, a la cual se suma una verbena en los alrededores del cementerio, por la calle del Refugio y la calzada del Panteón.
Las flores de cempasúchil y borla ya vestían desde temprana hora varias de las tumbas, otras más eran arregladas durante la velada en este cementerio que conecta con el San Miguel. Este último, el más antiguo de la capital y que con sus característicos nichos iluminados atrae la atención de las y los visitantes nacionales y extranjeros.
A ambos sitios, los turistas llegaron en grupos y casi siempre mediante los recorridos contratados para la ocasión.
El San Miguel es el cementerio más antiguo de la capital, sin embargo, en los últimos años y este también se ha usado como sede o escenario de diferentes actividades con motivo de las fiestas de Todos Santos y Fieles Difuntos.
La noche de ayer, a diferencia del General, en el San Miguel se observaban principalmente turistas.
Otros panteones en los que es tradición velar los restos de los difuntos la noche del 31 de octubre son los de Santa María Atzompa y de Santa Cruz Xoxocotlán, en los valles centrales de Oaxaca.











































