La devoción a Jesucristo representado en la crucifixión se desarrolló en el mundo cristiano a través de los siglos, desde las representaciones que retomaron la imagen del ICTIS (pez) de los primeros cristianos, hasta las más bellas esculturas producidas por el ser humano.
A diferencia de las iglesias ortodoxas que únicamente aceptan la pintura como medio de representación de Cristo y los santos, la iglesia católica mantiene tanto la pintura como la escultura, las cuales vieron su máximo esplendor después del Concilio de Trento cuando se sublima el dramatismo, se exacerba el dolor y el sufrimiento, se expresa la belleza con un gran idealismo y se desarrollan técnicas para representar las imágenes de manera más natural al utilizar elementos como ojos de pasta, pestañas y la encarnación, que da a la piel un brillo natural.
Recién fundada la Villa de Antequera del Valle de Huajaca, se edifica el primer templo dedicado a Santa Catalina de Alejandría, el que con el tiempo se convertiría en la Catedral del Obispado de Antequera. La sede episcopal es una construcción sencilla, de adobes, con techo de paja y probablemente, gracias a las gestiones del primer obispo, Juan López de Zárate, fue solicitada al emperador Carlos V, la donación de la imagen del Cristo crucificado que llegaría entre 1540 y 1550.
Cuenta la tradición, que un rayo cayó e incendió la estructura de la Catedral extendiéndose a diversos objetos que ahí se encontraban; sin embargo, milagrosamente quedó intacta la imagen del Cristo, a la cual se le comenzó a llamar popularmente “Señor del Rayo”. La noticia de tan inusual acontecimiento se esparció y mucha gente comenzó a tener especial devoción a la imagen, a la que pronto se le atribuyeron diversos milagros según quedó consignado en un informe del tercer obispo, Fray Bartolomé de Ledesma, en el que notifica al Rey Felipe II, de la gran devoción que se le tiene a la imagen.
En la actualidad se veneran de manera conjunta el Señor del Rayo y la imagen de la Virgen de los Dolores, la que por cierto es considerada la más antigua de la ciudad, aunque hay quienes afirman que se colocó de manera posterior.
Por su parte, la imagen de Cristo es de tamaño natural, representa a una persona exánime, que transmite gran paz y mansedumbre; su rostro refleja el sufrimiento extremo que se alivia con el fallecimiento; sin embargo, el cuerpo no es lánguido, ni desfallecido y al verlo recuerdo las estrofas que cantaban las abuelas en otros tiempos : “…quién al mirarte exánime, pendiente de una cruz, por nuestras culpas víctima, expira el buen Jesús”.
La importancia de este culto se expresa en la magnificencia de la capilla a él dedicada que, junto con la de la Virgen de Guadalupe, son las más grandes de la Catedral, aunque destaca el mejor estado de conservación del altar del Señor del Rayo.
Un hecho curioso es que en el vitral de la capilla del Seminario Pontificio de la Santa Cruz, la imagen central corresponde al Señor del Rayo cuya devoción se exacerba cada mes de octubre, cuando la fe de los habitantes de la ciudad de Oaxaca, de los Valles Centrales y otras regiones, se vive con la realización de su esperada fiesta: el convite, el novenario con sus notables rendidas de culto, la extraordinaria calenda, la velación de la víspera, las mañanitas, las celebraciones eucarísticas , la visita a la imagen, el adorno del templo y la quema de los fuegos artificiales, constituyen una vorágine de encuentros que dan testimonio de la especial devoción de los católicos oaxaqueños.
José Demetrio Quiroz Alcántara
Corresponsalía Ing. Alberto Bustamante Vasconcelos











































