Una ceremonia apresurada como el pasado año, pero en esta ocasión conducida por la actriz Karla Souza y por primera vez en Puerto Vallarta. Así dio inicio la fiesta del cine que celebra lo mejor de las producciones audiovisuales de México. La gran ganadora de la noche fue Sujo, de las realizadoras Astrid Rondero y Fernanda Valadez. La película, sobre identidad y las juventudes en el narco, se ha llevado tres de los 15 premios a los que aspiraba, entre ellos Mejor dirección y el de Mejor coactuación femenina para Yadira Pérez Esteban.
Pedro Páramo, que era la gran candidata, logró obtener 7 premios de los 17 a los que aspiraba. Sus grandes victorias fueron en las menciones de mejor coactuación masculina, para Héctor Kotsifakis, y en la categoría de Mejor fotografía, en la que prevaleció Rodrigo Prieto, un viejo lobo de mar en esa categoría. El cinefotógrafo, nominado en múltiples ocasiones al Oscar por su ojo cinematográfico, recibió la estatuilla por su labor junto a Nicolás Aguilar. La película, basada en la obra cumbre de título homónimo de Juan Rulfo, obtuvo otros cinco galardones en los apartados artísticos y visuales como maquillaje, vestuario, diseño de arte, mejores efectos especiales y visuales.
A lo largo de la velada, Souza no dudó en bromear sobre el uso de la inteligencia artificial en la industria e ironizó que al fin se cumplió el sueño de toda persona que trabaja en la industria del cine mexicano: “Hacer una producción en la playa de Puerto Vallarta”. La gala se centró en distintos segmentos a homenajear a este municipio, ubicado en Jalisco, que albergó la 67 edición en el Centro Internacional de Convenciones.
La categoría de actuación se repartió los galardones por igual entre las grandes candidatas de la noche. Raúl Briones se erigió vencedor en la categoría de Mejor actor, por su papel en La cocina, un tributo tragicómico a los invisibles indocumentados que trabajan entre fogones en un restaurante que es una trampa de turistas en Times Square, en Nueva York. En su discurso de aceptación no dudó en asestar una dura crítica a la Administración Trump por el trato que le ha dado a los inmigrantes en Estados Unidos.
La veterana actriz Luisa Huertas fue otra que se llevó los reflectores en la ceremonia. Su papel de Socorro en No nos moverán, la película que se inspira en la matanza de Tlatelolco como una fábula de venganza y redención, le ha hecho merecedora del galardón a Mejor actriz. “Este Ariel lo dedico a todos los muertos y desaparecidos en nuestro país en todas las luchas y a las madres buscadoras. El cine vive. La lucha sigue, el 2 de octubre [de 1968] no se olvida”, ha dicho en su alocución. Adicionalmente, la película de Pierre Saint-Martin se quedó con otros tres premios de los 15 a los que aspiraba. Destacó por sobre su competencia en las categorías de Mejor ópera prima, Mejor guion original y Mejor revelación actoral, que reconoció a José Alberto Patiño.
Reconocimiento por los 25 años de ‘Amores perros’
El mejor largometraje documental fue para Tratado de invisibilidad, de Lucía Kaplan, que retrata el calvario que deben atravesar el personal de limpieza en Ciudad de México ante la falta de pago, abusos y precariedad. Mientras que el galardón a Mejor largometraje de animación se lo llevó Uma y Haggen: Princesa y vikingo, que curiosamente fue la única película nominada en esa categoría y logró el consenso de los miembros de la Academia mexicana para ganarse la codiciada estatuilla.
En la categoría de Mejor película iberoamericana, salió victoriosa la producción argentina El Jockey, de la cineasta Luisa Ortega. En su representación recibió el premio el actor mexicano Daniel Giménez Cacho.
La categoría de cortometrajes compartió el espacio para premiar a Anónima inmensidad, de Paulina del Paso, como mejor corto documental, mientras que el galardón a Mejor corto de animación fue para Andrés Palma, por su película Fulgores. La mejor producción de ficción de corta duración fue para La cascada, de Pablo Delgado.
La ceremonia no se olvidó de Amores perros, por su 25 aniversario. Esta historia sobre Ciudad de México, “cruda y visceral”, recibió en su momento 11 premios Ariel. Los presentadores la destacaron como una producción que sigue siendo admirada, recordada y todavía vista por primera vez por nuevos públicos.
Con el público ovacionándola de pie, Patricia Reyes Espíndola recibió el Ariel de oro a su trayectoria de 53 años. La actriz, claramente emocionada, agradeció primero a su colega María Rojo, quien la introdujo y casi se quiebra en llanto al llamarla al escenario. La misma estatuilla a la trayectoria fue entregada para Jacqueline Andere. Se sintió agradecida por recibir “el Oscar mexicano”. Rindió tributo a cineastas como Luis de Llano Palmer, Ernesto Alonso y Luis Buñuel, quien la eligió para ser parte de El ángel exterminador, una de sus películas cumbre.
El cine mexicano ha dado cierre a otra edición de la ceremonia que premia a lo mejor de su producción. La fiesta retornará a Puerto Vallarta, al menos de momento, un año más.











































