A raíz de lo señalado por el secretario de las Culturas, Flavio Sosa Villavicencio, sobre los pagos a artistas oaxaqueños de una trayectoria distinta a los consagrados o a internacionales, emergió la crítica a las autoridades estatales y municipales porque el desdén al talento local ha sido una constante.
Asimismo, se cuestionó el gasto de más de 162 millones de pesos para las fiestas de Guelaguetza y la recaudación de 57 millones por sus actividades, aunque el encargado de la política cultural señaló que estas fiestas no son con fines recaudatorios ni para atraer a turistas, sino que es un encuentro de pueblos y comunidades. Aunque más tarde, el gobierno estatal informó que por las fiestas de “Julio, mes de la Guelaguetza 2025” arribaron 144 mil 655 turistas de diversas partes del mundo y que del 18 al 28 de julio la entidad registró “una derrama económica por 639.94 millones de pesos”.
En la conferencia del pasado jueves, el secretario de las Culturas también dijo que, si se quiere traer a algún artista de “renombre internacional” se tiene que gastar “un poquito más de dinero”. Esto al justificar los honorarios a los artistas Siddhartha, Lila Downs y Rubén Blades, a quienes se les pagaron 3.6 millones de pesos, 3.7 y 10 millones, respectivamente. Además del costo de la producción, que también fue de varios millones de pesos.
En tanto, aunque no se detalló el pago para cada artista oaxaqueño distinto a Lila Downs, sí se admitió que fueron mucho menores a estos y que la diferencia tiene que ver con lo que llamó las injusticias del mercado del arte.

Al margen del trato económico, en la última edición de las fiestas de Guelaguetza también hubo otros problemas que afectaron a artistas de larga trayectoria, pero que no tienen la misma proyección comercial que los citados.
Por ejemplo, hubo problemas para un recital de la cantante istmeña Natalia Cruz, quien se presentó en el parque Primavera.
Fue la cantante Ana Díaz quien dio a conocer la situación, además de resaltar el profesionalismo de Natalia Cruz, quien “es una de las cantantes oaxaqueñas de la región Istmeña más importantes y representativas de nuestro estado, con una propuesta que no sólo enaltece la tradición, sino que además la crea”.
Díaz compartió que a su compañera le asignaron “un espacio y en un horario que no contaba con las condiciones necesarias para disfrutar de su arte y el de sus músicos”.
El concierto, dijo, “tuvo un retraso por las condiciones del sonido y aun así tuvo que ser terminado abruptamente en un momento en que la gente aún queríamos seguir escuchando su música interrumpiendo la dinámica y la posibilidad de que ella pudiera expresar el repertorio que traía preparado”.
En el Festival Primavera, del ayuntamiento capitalino, también se denunció la falta de pago a una cantante, Rubí López, quien externó problemas de audio el día de su presentación y que hasta el mes de julio seguía sin recibir el pago por su trabajo y el de sus compañeros músicos.











































