Se asocia el color escarlata con el color de la sangre. Un color trágico en sí mismo. Un color que produce inquietud, temor, miedo, tristeza, quebranto. Es el color del que se han vestido las elecciones federales e intermedias desde 2018.
Por ejemplo, según reporte del medio de CNN citando fuentes especializadas, dice que el proceso electoral 2023-2024 ha sido el más violento en la historia moderna de México con 889 víctimas, incluyendo el asesinato de 39 aspirantes o candidatos a algún cargo de elección popular, tomando lo reportado por la firma Integralia Consultores en su balance final sobre violencia política en México.
El análisis de la firma, que comprende el período que va desde septiembre de 2023 hasta el 2 de junio de 2024, día de las elecciones generales, registró mayores niveles de violencia que los procesos electorales de 2018 y 2021 de acuerdo con el informe. Los porcentajes de incremento criminal-electoral son dramáticos.
La violencia se concentró en las regiones del centro, occidente y sureste del país, principalmente en los estados de Guerrero, Michoacán y Chiapas, según el documento.
Ciertamente, muchos candidatos del narcotráfico ocuparon puestos de elección popular a la muerte de los candidatos originales. Pero muchos otros, provenientes del mundo ilegal, llegaron con la anuencia o, incluso, complicidad de funcionarios o legisladores en funciones, que les asignaron puestos de en los que se moverían a sus anchas en apoyo a narcotraficantes.
El presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump no se ha cansado de decir que si bien la presidente de México, Claudia Sheinbaum, “es muy elegante y que tiene una hermosa voz” al mismo tiempo señala que quien gobierna a México es el narcotráfico.
Aunque por su parte Marco Rubio, el Secretario de Estado y Asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, sin rechazar la afirmación Trump, pero matizando un poco, dice que “en gran parte de los estados mexicanos gobierna el crimen organizado”.
El domingo 25 de octubre de 2026, durante un mitin en la ciudad de Orleans, con el que dio inicio oficial a su cuarta campaña presidencial rumbo a las elecciones de Francia de 2027, la líder de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen, utilizó la expresión “mexicanización” para advertir sobre el riesgo de que cárteles de la droga y crimen organizado tomen el control en Francia.
La frase exacta que pronunció ante miles de sus simpatizantes fue: “No permitiremos que Francia se deslice hacia la mexicanización con la presencia de cárteles. Erradicaremos estas organizaciones criminales sin contemplaciones, tratándolas como terroristas”.
A lo dicho por Donald J. Trump, Marco Rubio o Marine Le Pen… y muchos otros, de que a México lo gobierna el narcotráfico, o que se les ha permitido libre acción en sus actividades delictivas la presidente de México hace muecas y replica con el silencio o que “están mal informados”.
Y ya se ha acuñado el término “mexicanizarse” en el mundo para calificar lo indeseable para sus gobiernos. Y recuerdan con frecuencia aquella política evasiva del ex presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en relación con el crimen organizado: “Abrazos, no balazos” en una actitud permisiva y dañina.
Hoy en México ya comenzaron las campañas electorales intermedias, para la renovación de gobiernos estatales, municipales y legislaturas estatales. Y ya comienza la lucha por evadir la presencia de estos grupos violentos puestos en gobierno.
Según el partido Morena, el directamente afectado por las acusaciones internas e internacionales, dice que ha impuesto reglas y filtros que eviten que cualquier persona ‘mal averiguada’ ocupe puestos de elección popular a través de ellos.
Sin embargo hoy mismo, bajo el disfraz de políticos o funcionarios o legisladores honestos, se esconden personajes que no pasarían ese filtro de seguridad. Y lo peor, que aun sabiendo quién es quién en estos insanos menesteres, el gobierno de la 4-T ha decidido ocultar este gran problema e, incluso, protege a quienes sabe que están metidos hasta la médula en estos espacios ilegales con tal de no exhibirse como un gobierno “narco” y no afectar su proceso electoral.
Es a tal grado la situación hoy, que el gobierno mexicano ha dicho que la intervención e infiltración de los cárteles del narcotráfico en los procesos electorales y en la postulación de candidatos representan un riesgo directo para la seguridad nacional de México, “al vulnerar la estabilidad de las instituciones del Estado y la soberanía popular”.
“Cuando las estructuras delictivas logran colocar a sus operadores o condicionar a representantes populares mediante amenazas o financiamiento ilícito, la legalidad queda subordinada a intereses criminales.”
Por desgracia de estos días, y en adelante, hasta el 2 de junio de 2027 habremos de medir el grado de involucramiento de estos sectores criminales en puestos de elección popular o función pública, al medir el número de homicidios de candidatos. Aunque también es cierto que muchos podrían llegar de forma directa, con el apoyo de políticos, funcionarios públicos o legisladores, que les abrirán las puertas colocándolos en puestos de mando y gobierno.
Así que los mexicanos vivimos un momento excepcional en la historia mexicana. No luchas democráticas por el poder, o enfrentamientos entre grupos de ideología diferente para imponer gobiernos de distinta coloratura: no.
Estamos ante el gran problema de sanar al gobierno mexicano en sus distintos poderes y niveles de gobierno, de un cáncer que merece terapia intensiva. ¿Quién se hará cargo de esto?
































