Increíblemente, la imprenta de Juan Gutenberg pasó al filipense Idiáquez en Antequera, Oaxaca. Y tú, oaxaqueño, ¿sabías que México tuvo la primera imprenta de toda América? Primeramente, fue instalada en 1539 en la Ciudad de México por Juan Pablos, quien la trajo desde Sevilla. De ahí salió el primer incunable, el libro impreso del Nuevo Mundo, por lo que la imprenta empezó aquí, en México y en América.
La historia de la imprenta se inicia en China, hacia el siglo XI, con Bi Sheng y los tipos móviles de cerámica. Sin embargo, fue en el año 1450 cuando el alemán Johannes Gutenberg, en Maguncia, perfeccionó la prensa de tipos móviles de metal fundido.
Este invento aceleró y cambió el mundo. Rompió el monopolio del manuscrito, que era exclusivo de los monasterios, donde se encontraban los copistas, por lo que democratizó el conocimiento e hizo al libro accesible al pueblo. Asimismo, hizo posibles la Reforma, el Renacimiento y la Ilustración.
De Europa pasó a América a través de España. Por orden del primer virrey, don Antonio de Mendoza, llegó en 1539 el impresor Juan Pablos, quien estableció en la Ciudad de México la primera imprenta del continente. De México pasó, un siglo después, a Puebla y, desde Puebla, que era paso obligado, llegó a Oaxaca.
Capítulo I. La misma prensa
Sí, es la misma prensa la que llega a Oaxaca, no es otra, y se conoce como la prensa que Juan Pablos trajo de Sevilla en 1539; es la prensa madre. Esa misma maquinaria, después de trabajar durante 150 años en la Ciudad de México y Puebla, fue transportada por el impresor Diego Fernández de León a la Villa de Antequera en 1687, donde se instaló en el exconvento dominico de San Pablo para imprimir oraciones, panegíricos, estampas y manifiestos religiosos.
Por eso, los historiadores afirman que la de Oaxaca es «la misma traída al Nuevo Mundo por Juan Pablos», para imprimir los documentos que requería la diócesis del obispado de Antequera. Solo investigando pudimos determinar que esta vieja imprenta se instaló en 1687 en la ciudad de Antequera, hoy Ciudad de Oaxaca, en el convento de San Pablo de Soriano, a petición de los propios frailes dominicos.
Capítulo II. El primer impreso que sí se conserva
Aquí hay que aclarar dos fechas, ya que en el año de 1687 hubo un intento de Fernández de León de poner en funcionamiento este taller. Sin embargo, aun cuando imprimió y sacó algunos trabajos, «no se conoce más que un solo documento», y este no se conserva. Solo queda el expediente del privilegio de impresión que se requería ante el virrey.
Por lo tanto, para los bibliófilos oaxaqueños, 1720 es el año de la verdadera impresión de la «primera imprenta», la cual fue introducida por doña Francisca Flores, viuda del maestre de campo Luis Ramírez de Aguilar.
Citando al investigador y experto en el tema, Toribio Medina, en su obra clásica La Imprenta en Oaxaca (1904), dice: «Tuvo lugar este hecho en una fecha tan remota como la del año 1720 y cuando en toda la América española no había más talleres tipográficos que los de México, Puebla y Lima».
Y añade: «No lo es menos que de esa imprenta no se conozca sino una sola producción».
Esa única producción es el Sermón fúnebre de la Venerable Madre Jacinta María Ana de San Antonio, predicado por fray Sebastián de Santander e impreso en 1720 por doña Francisca Flores. Ella es la primera mujer impresora con licencia en Oaxaca.
Este impreso se conserva en la Biblioteca Francisco de Burgoa de la UABJO, ubicada en el conjunto cultural de Santo Domingo de Guzmán, en nuestra Ciudad de Oaxaca de Juárez.
Capítulo III. José María Idiáquez, el rescatador
Quien rescata esa vieja prensa y la vuelve moderna es el presbítero José María Idiáquez Arrona, oaxaqueño de nacimiento, bachiller en Teología y Filosofía, quien desde muy joven perteneció a la orden de los filipenses, de la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri, ubicada en el conjunto del que se vendió la mitad debido a las Leyes de Reforma. Se conservaron el templo, el oratorio y el Hospital de Caridad Ángel Vasconcelos.
El propósito del Oratorio fue darle espacio a la impresión de oraciones y manifiestos en el siglo XVIII.
Repito: «Fue el presbítero José María Idiáquez quien tuvo a su cargo la imprenta desde 1807, año en que la instaló y estableció para el servicio de la Iglesia, funcionando en el Oratorio de San Felipe Neri. En 1811, con el decreto de libertad de imprenta, el obispo Bergosa la instaló oficialmente, por lo que Idiáquez se encargó de fundir los tipos para la publicación de documentos».
José María Idiáquez, sin saberlo o sabiéndolo, trabajó toda su vida en una prensa de madera del siglo XVI, tallando y fundiendo sus propios tipos a mano, porque estaba prohibido traerlos de España.
En su taller se imprimieron 39 números del Correo Americano del Sur, por orden de Morelos, así como la proclama de independencia de 1813. Su taller funcionó hasta el año de 1828.
Es, por tanto, el introductor de la imprenta moderna en Oaxaca.
Capítulo IV. El destino final
La imprenta que José María Idiáquez rescató en 1807 no se fue de inmediato de Oaxaca; aún se utilizó durante 20 años. Lo lamentable es que no se sabe dónde quedó, y sería interesante encontrarla.
Al triunfo de la Independencia, dos años después, en 1823, el nuevo Estado Libre y Soberano de Oaxaca compró su taller y lo convirtió en la Imprenta del Gobierno, a cargo de Lorenzo Aldeco. Al llegar, en 1827, la imprenta moderna del Instituto de Ciencias y Artes, la vieja prensa de madera de 1539, cansada de casi 300 años de trabajo, tuvo que clausurarse de forma definitiva.
La otra prensa, la del SUD, que Idiáquez armó con el plomo que le mandó Morelos para imprimir el Correo Americano del Sur, fue cargada y llevada por Morelos y terminó abandonada en Tlacotepec, Guerrero, después del Congreso de Chilpancingo (13/09/1813).
Idiáquez murió pobre y olvidado el 17 de agosto de 1833 en el Oratorio de San Felipe Neri, donde hoy una placa lo recuerda. Con él murió también su letra. Después de 1833, no se volvió a ver impreso alguno con sus tipos y caracteres.
Su prensa no se perdió. Se hizo gobierno, se hizo patria.
Esa es la historia completa: desde Juan Pablos, en 1539, hasta Aldeco, en 1823, y la muerte de Idiáquez, el 17 de agosto de 1833, cuya placa se encuentra en San Felipe Neri.
El 3 de mayo de 1833 apareció en Oaxaca, en el periódico El Día, una nota titulada «Cholera Morbus». Era la primera noticia de la epidemia.
Esa fue la primera gran epidemia de cólera en la historia de México. Entró por Tampico y Veracruz en junio; en julio ya hacía estragos en la capital, y agosto fue el mes de mayor mortalidad en Oaxaca.
El primer brote de agosto de 1833 fue terrible. En la Ciudad de México murió casi el 5 % de la población y, al término de la epidemia, falleció entre el 10 y el 12 % de la población mexicana.
Idiáquez murió el 17 de agosto de 1833, justo en el mes más letal. Al investigar el motivo de su muerte, llegamos a los libros de la Biblioteca Burgoa y de Pascoe, donde solo aparece la fecha, no la causa. Para confirmarlo al 100 %, tuve que buscar en el Sagrario:
En el Libro de Defunciones del Sagrario / San Felipe Neri, correspondiente al 17 de agosto de 1833, aparece el presbítero José María Idiáquez Arrona.
El acta dice «cólera morbus», «vómitos y evacuaciones», por lo que Idiáquez falleció el 17 de agosto de 1833, en pleno azote de la primera epidemia de cólera morbus que asoló Oaxaca y la República, anunciada desde mayo de ese año en la prensa oaxaqueña.
La prensa que nació en Sevilla en 1539 cruzó el Atlántico con Juan Pablos, imprimió en San Pablo en 1687, renació con doña Francisca en 1720, le dio voz a Morelos con Idiáquez en 1813, se hizo gobierno de Oaxaca en 1823 y vio morir a su impresor a causa del cólera en 1833.
Hay que aclarar que las prensas de hierro tipo Stanhope son de origen inglés y que estas llegaron a México después de 1820.
La obra impresa destaca durante la toma de Oaxaca por José María Morelos, el 25 de noviembre de 1812:
El Correo Americano del Sur (del 25 de febrero a noviembre de 1813), cuyo director fue el licenciado Carlos María de Bustamante.
El Ilustrador Americano, periódico que editó.
Proclamas, manifiestos y borradores que anteceden a los Sentimientos de la Nación.
Oaxaca de Juárez, Oax., a 02 de noviembre de 2026
JORGE BUENO
Cronista de Oaxaca
Presidente de la A.E.C.O.
Secretario General de la Federación Nacional de Asociaciones de Cronistas Mexicanos A.C.






























