HABÍA DEJADO en el tintero una apreciación sobre la lectura del libro Ni venganza ni perdón, que JULIO SCHERER IBARRA escribe en colaboración con JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ, en donde resalta que al expresidente LÓPEZ OBRADOR y, en consecuencia, a su partido el guinda, solo hay algo a lo que temen: a la imagen.
EL LIBRO termina siendo un testimonio involuntario del cinismo, la incongruencia y la simulación que caracterizaron al sexenio de ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR (y al parecer se quedará como tradición). En su intento por matizar la historia y justificar al expresidente, SCHERER no hace más que dejar al descubierto el pragmatismo feroz y la falta de lógica en la toma de decisiones del régimen.
PARA ILUSTRAR esta impresión, recurro al pasaje en el que el exconsejero jurídico relata cómo MANUEL BARTLETT -designado por mero capricho en un puesto estrictamente técnico como la CFE- rechazó un acuerdo legal sensato con una empresa en el proyecto Chicoasén (la central hidroeléctrica más importante en términos de producción eléctrica de México) bajo la absurda premisa ideológica de que “los norteamericanos querían tomar México” a través de empresas estratégicas en energía. El resultado de esa necedad le costó al país 300 millones de dólares en un arbitraje perdido y el freno a la inversión eléctrica.
¿LA REACCIÓN de LÓPEZ OBRADOR al ser advertido del desastre en caso de que le permitiera a BARTLETT imponer su absurda negación? Un simple y despectivo: “Déjalo”.
PARA EL lopezobradorismo, perder cientos de millones de dólares o cancelar de un plumazo el Aeropuerto de Texcoco basándose en una consulta patito no tenía mayor trascendencia. ¿Por qué? Porque sabían perfectamente que las masas NO entienden de abstracciones financieras, de costos de oportunidad ni del impacto que el desabasto eléctrico o la falta de infraestructura tienen en la economía nacional. La ineptitud y el boquete al erario eran invisibles para su electorado.
LO QUE sí resulta revelador y cínico es la reacción presidencial ante la famosa boda de CÉSAR YÁÑEZ, publicada en la revista ¡Hola!. A pesar de ser el hombre más cercano a LÓPEZ OBRADOR durante dos décadas, YÁÑEZ fue congelado e ignorado sin piedad. No importó la lealtad ni el afecto: una sola IMAGEN de ostentación y dispendio en una revista del corazón destruía la narrativa de la “austeridad franciscana”.
Y AQUÍ la clave para la secta guinda: consideran que las masas son tan estólidas que en su nula capacidad de abstracción no dimensionan los impactos económicos ni entienden de arbitrajes internacionales, pero sí son capaces de comprender perfectamente la foto de un banquete suntuoso.
SCHERER pretende vendernos la idea de un LÓPEZ OBRADOR “flexible” y “respetuoso” del trabajo de sus colaboradores, cuando sus propios relatos muestran a un gobernante movido por la terquedad ideológica y el pánico al costo de imagen. Al final, el texto exhibe que en la autollamada transformación importaba más cuidar la escenografía de la pobreza que evitar la quiebra técnica del país.
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