Alonso Tolsá
Además de temperaturas que superan los 30°, el mes de mayo trajo a la ciudad nuevas actividades culturales; por ejemplo, el sábado 02, justo al mediodía, en la Biblioteca Andrés Henestrosa se inauguró “El inminente pasado siempre rasga el futuro”, una exposición de Rocío Cerón. La charla que precedió la apertura no se limitó a explicar al público la muestra que nos congregaba, sino que también abordó el lugar que esta ocupa en el panorama contemporáneo del arte, las estrategias y herramientas que emplea con relación a otras propuestas, etcétera. A través del uso impecable del discurso esta tuvo de todo: desde referencias inusuales como Eduardo Kac, Jonas Mekas y Emmanuel Hocquard, hasta la invitación a la insumisión vía la poesía.
Mientras estaba ahí pensaba erróneamente que cuando Octavio Paz escribió, hace más de medio siglo, El arco y la lira o El mono gramático, sus ideas en torno al fenómeno lingüístico y poético eran frescas y radicales, mientras que ahora no necesitaban discutirse, pues reinaba una suerte de consenso que las presuponía. Más tarde tuve oportunidad de platicar con los participantes de la conversación inaugural, la curadora Nidia Rosales y el poeta Alan Vargas, quienes me ayudaron a entender que el trabajo de Cerón continúa desde hace tres décadas la búsqueda formulada por Paz de ampliar los horizontes de lo que comúnmente se entiende por manifestaciones como la poesía y la significación. La indocilidad de la que habló la artista durante su intervención va más allá de desarticular los formatos tradicionales y sus fronteras mediante el “arte transmedia”, se trata de la incorporación a la sensopercepción de estrategias poéticas que actúan políticamente en el entorno.
Además de esta exposición acogida por la Biblioteca Henestrosa, institución a cargo del maestro Freddy Aguilar, invito a los lectores a visitar “Gaza permanece, el bordado y la cultura de Palestina” en el Museo Textil, una mirada política del pasado y presente de Gaza, pequeña, pero instructiva para conocer qué consecuencias tuvo la Nakba o qué representan el dabke y el tatreez, danzas y bordados tradicionales palestinos. Por otro lado, en el Museo de los Pintores Oaxaqueños (MUPO), no se pierdan las extraordinarias exhibiciones “Kairós” de la artista Peace Kat, “El mundo mágico” de Luis Valencia y, sobre todo, “50 años de trayectoria” de José Luis Bustamante. Qué duda cabe que la proximidad de todos estos artistas de primer orden incrementa la calidad de vida de los oaxaqueños, sin costo y dedicándoles no más de unos minutos.











































