El gobierno de Oaxaca anunció este martes la creación de la Secretaría de los Pueblos Originarios, Afromexicanos, Lenguas e Interculturalidad (SEPOALI), que absorberá funciones de algunas instituciones e iniciará labores el 1 de abril.
El objetivo sería el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios, pero también una reorganización administrativa para concentrar funciones en una sola dependencia.
Víctor Cata, responsable del área, insistió en que no se trata de una desaparición institucional, sino de un rediseño:
“El Instituto de Lenguas Originarias no desaparece, al contrario, se fortalece (…) Ahora va a ser la Secretaría de los Pueblos Originarios, Afromexicanos, Lenguas e Interculturalidad”.
El cambio no es menor. Implica también modificar el marco legal estatal.
Más lenguas, más discurso
Uno de los elementos más destacados del anuncio es la ampliación simbólica del reconocimiento lingüístico en el estado. Oaxaca pasará de reconocer 15 a 17 lenguas, al incorporar una lengua vecindada y la lengua de señas.
Sin embargo, el reconocimiento nominal no necesariamente se traduce en políticas efectivas de preservación. Especialistas han señalado que muchas lenguas en Oaxaca continúan en riesgo, no por falta de reconocimiento, sino por la ausencia de políticas sostenidas en educación, salud y justicia en lengua materna.
La Universidad de las Lenguas
El anuncio más ambicioso —y también el más cuestionado— es la creación de la Universidad de las Lenguas Originarias de Oaxaca, una institución que pretende formar especialistas en lingüística, traducción, pedagogía y patrimonio cultural.
La oferta académica proyectada es amplia: licenciaturas, maestrías, doctorados y diplomados que abarcan desde la revitalización lingüística hasta la antropología y la historia regional.
El discurso oficial es claro: Oaxaca como “corazón lingüístico de México” necesita una institución que esté a la altura de su diversidad.
El riesgo de una universidad sin cimientos
Pero detrás del entusiasmo institucional surgen cuestionamientos de fondo. La creación de una universidad no se sostiene únicamente con planes de estudio o discursos de identidad.
Expertos advierten que el éxito o fracaso del proyecto dependerá de tres pilares esenciales:
- Autonomía real
Sin independencia frente al poder político, cualquier universidad corre el riesgo de convertirse en un instrumento gubernamental. La libertad de cátedra y la toma de decisiones académicas son condiciones indispensables.
- Financiamiento garantizado
Sin presupuesto estable y plurianual, el proyecto podría enfrentar recortes, improvisación o incluso desaparecer con cambios de administración. La historia de instituciones públicas en México está marcada por esa fragilidad.
- Legitimidad social
Quizá el punto más crítico es: que las comunidades indígenas sientan la universidad como propia. Sin ese vínculo, la institución corre el riesgo de convertirse en un proyecto ajeno, centralizado y sin impacto real.
Otro reto clave será evitar que la universidad se convierta en un espacio aislado, ello implica que sus egresados incidan en problemas concretos: acceso a justicia en lenguas indígenas, educación bilingüe, rescate cultural y desarrollo comunitario.
Sin ese impacto tangible, la universidad podría limitarse a formar especialistas sin campo laboral claro, reproduciendo una desconexión entre academia y realidad.
El discurso oficial apela a una “deuda histórica” con los pueblos originarios. Sin embargo, esa deuda no solo se mide en instituciones creadas, sino en resultados sustentables.











































