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37 hombres en Oaxaca contra 100 toneladas de basura

La Central es el termómetro de Oaxaca. Un cambio aquí significaría un cambio extendido a otras partes de la ciudad, del estado

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La lucha para tratar de controlar la basura en la Central de Abastos es interminable. Son 100 toneladas contra 37 hombres. Son transportistas, comerciantes, vendedores de comida, paseantes, compradores, taqueros de la zona y de otros municipios contra una parte del equipo de recolección de la ciudad. Es la “tradición”, la “cultura” que se ha mantenido por décadas de tirar la basura en cualquier lugar, es la falta de agilidad del gobierno para lograr un control más fuerte y ágil contra el trabajo de hombres que con carretillas, tambos, camionetas, escobas y costales sueñan con un día terminar de limpiar el mercado más grande del estado.

Son las 5:30 de la mañana y el arquitecto Gustavo Ríos se alista para iniciar la revisión diaria del perímetro de la Central, bajo su cargo se encuentra “la Rampa”, el lugar al que llegan todos los desechos que aquí se generan. Es martes de tianguis y el reto es aún mayor para las cuadrillas de limpia. Son ocho, diez puntos de la vía pública los que son ocupados como basurero. El puente de Solidaridad, la esquina conocida como Boleros, la parada del Metrobús colocada sobre Periférico, la esquina de Nuño del Mercado antes de llegar a las riberas, los territorios de la CTM, el lugar a donde mandaron a los tomateros.

Cada mañana estos lugares amanecen con nuevas bolsas de basura, con nuevos productos que se convirtieron en desecho, el tránsito incesante entre la utilidad y el desecho, la producción ininterrumpida de aquello que ya no nos sirve y ya no queremos ver, desde el folleto para promover la temporada primavera-verano que alguien recibió sin oportunidad para negarse, el vaso que llenaron con agua fresca a las 2 de la tarde, las naranjas a las que les exprimieron el jugo a las 7 de la mañana, el papel de baño ocupado durante la madrugada en los hoteles de paso de la Central.

Más que pensar en multas, se ha intentado el diálogo con los infractores. A “Los Cuates” o “Los Güichos”, por ejemplo, como se conoce a los taqueros del grupo Lázaro Cárdenas que tiene sus puestos sobre la calle Fray Bartolomé de Las Casas, se les ha pedido que firmen con el municipio un convenio de recolección de basura, un trato con un pago mínimo respecto a la cantidad de basura que generan. Entre 800 y mil 200 pesos al año por llevarse toda su basura dos o tres veces por semana. Las ofertas no han sido escuchadas y los limones, los residuos de carne y las cebollas florecen cada día en el asfalto. El montón donde dejan su basura crece también con la contribución de la señora que vende fruta, cáscaras de mango o de naranja que son el platillo matutino de algún perro callejero.

“Son taqueros, también es gente que pasa en el carro y bota la basura, también hay personas que cobran cinco o diez pesos por sacar la basura de la gente y vienen y la tiran aquí, antes la tiraban en la rampa, pero ya no los dejamos y buscan otros lugares”, explica el arquitecto.

Si se quisiera multar a todos los que tiran basura en la calle, asegura, nunca se terminaría el trabajo. Si se quisiera hacer además hay obstáculos administrativos, se requeriría de por lo menos cinco o diez inspectores, un juez y del alcalde para levantar las actas. Eso o que la policía se dedicara a perseguir faltas administrativas. El hueco que abre la burocracia lo ocupa la basura.

Hay otros grupos que son constantes participantes en el juego poco divertido de ensuciar la Central. Está ahí la CTM, “que son muy belicosos”, que se han adueñado de la parte ubicada frente al mercado de Maderas, que sacan tierra de las riberas y depositan cascajo sobre las ellas. También están los dueños de la taquería Betanzos, de Xoxocotlán, cuya carne es de dudosa procedencia. Israel, uno de los integrantes de las cuadrillas que recogen los montones de basura, levanta sonriente huesos largos que pertenecieron a la quijada de un animal. Sin ser médico forense puede adivinar que no pertenecían a una vaca, quizá a un burro o un caballo.

Para algunos países las imágenes de la basura encontrada aquí representarían una oportunidad para generar riqueza. Los horizontes desarrollados, Holanda o Austria por ejemplo, reciclan hasta 80 por ciento de los residuos que genera y sólo 2 por ciento van a dar a tiraderos. Si invertimos las cifras hablamos de Oaxaca. El reciclaje no está excluido, pero está domado por la iniciativa y voluntad de pepenadores que no dejan escapar una caja de cartón, un bote de PET o una lata, sólo eso, el resto es materia de los camiones del servicio de limpia. 10 viajes diarios es los que se lleva cada uno 10 toneladas.

“Aquí si implementáramos camiones con diversos compartimientos para separar la basura no se lograría, ya se hizo hace como cuatro años y no resultó, deja la costumbre, la educación que tenemos en casa es lo principal, se han dado folletos de cómo separar la basura, pero no es suficiente”, asegura el arquitecto Ríos. Pese a ello, agrega, cuando las bolsas llegan separadas por tipo de residuo, el papel y las verduras pueden enviarse al invernadero municipal donde se hace composta para plantas.

La lucha contra la basura es interminable y la Central es el termómetro de Oaxaca. Siendo un lugar donde el desorden es la vida diaria, donde el caos se conforma en la imagen misma de la gente comprando y vendiendo verduras, un cambio aquí significaría un cambio extendido a otras partes de la ciudad, del estado. Mientras tanto, las bolsas vuelven todas las mañanas y la luz del día no las para. Los montones crecen y crecen y hay días aún más difíciles “cuando es quincena o día de fiesta la basura nos invade. Aquí diario se llevan los camiones 100 toneladas y no se capta todo lo que es”.

 

 

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