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Camus, el amor de un maestro

Gracias a su maestro, Camus aprendió que se podía amar la tierra pobre en donde se crece

Camus, el amor de un maestro | El Imparcial de Oaxaca

“Querido señor Germain:

“Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, la mano afectuosa que tendió al pobre niñito que era yo, sin su enseñanza y ejemplo, nada de esto hubiese sucedido. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y le puedo asegurar que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso continúan siempre vivos en uno de sus pequeños discípulos, que, a pesar de los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido”.

Esta carta la escribió un hombre que en 1957 recibió el Premio Nobel de Literatura y en una frase, “pensé primero en mi madre y después en usted” revela la importancia que puede tener un maestro en la vida de una persona. El nombre del escritor es Albert Camus, autor de obras trascendentales como La peste, El mito de Sísifo o El extranjero. El maestro se llama Germain, nombre que traducido del latín original significa “aquel que se defiende” o “aquel que es un hermano”. El maestro Germain defendió a Camus de su propia familia, que quería que comenzara a trabajar temprano en su juventud, lo impulsó para que estudiara el bachillerato, consiguió que le otorgaran una beca. Camus, escribe el periodista Manuel Vincent, era hijo de una madre sordomuda, de un padre muerto en la batalla de Verdun en la Primera Guerra Mundial y que crecía en el barrio obrero de Bellcourt en Argel, entre árabes pobres y franceses subalternos. Esa era la familia de Camus, “desnuda como la muerte, donde no se leía ni escribía”, como escribió el propio autor. En ese barrio pobre el maestro fue un hermano.

El escritor español Xabier F. Coronado insiste en la importancia que tuvo la educación de niño y joven para Camus: Cuando de niño se adquiere la disposición al saber, ya no se pierde nunca; entonces las barreras sociales, que vinculan origen y destino, disminuyen su influjo determinante y el conocimiento abre puertas que pueden conducir a espacios sin límites.

Esa condición de aprendizaje en la pobreza representó incluso una distinción entre la clase intelectual francesa porque le dio la posibilidad de hacer filosofía sobre lo que conocía, la desposesión, la carencia. Camus, escribió Louis Guilloux, se diferencia de “casi todos los escritores franceses que pretenden hablar hoy en nombre del proletariado que han nacido de padres acomodados o ricos”.

Germain fue un maestro que lo siguió en cada paso, presente en su juventud y en su pensamiento en toda su vida. El Premio Nobel escribió frases inmortales: “¿Qué es un hombre? (…) Es esa fuerza que siempre termina derrocando a los tiranos y a los dioses” y esas frases las pudo escribir gracias a la lucha de su maestro.

Camus aprendió que se podía amar la tierra pobre en donde se crece, quizá porque en esa tierra encontró un guía que lo amó: “Lo que podemos amar en Argel es aquello de lo que todo el mundo vive: el mar a la vuelta de cualquier esquina, cierto peso del sol, la belleza de la gente. Este país no nos enseña nada. No promete ni augura. Se conforma con dar, pero da con profusión”.

 

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