El 25 de abril de 2026 fui invitado por Fomento Cultural Banamex a dictar una conferencia sobre la traza y fundación de nuestra hermosa ciudad de Oaxaca. El evento tuvo lugar en el majestuoso domicilio que ocupa desde 1896 el Banco Nacional de México, S. A., un viejo predio ubicado en Armenta y López número 106, esquina con la avenida Hidalgo, el cual albergó durante dos siglos a la Real Fábrica de Tabaco. Hoy en día, este sitio es la sede del nuevo museo de la ciudad de Oaxaca, bautizado como “Casa Villa de Antequera”, el cual forma parte de las Casas Señoriales de Citibanamex.
Estas residencias históricas son dignas de recordar: el Palacio de Cultura Citibanamex, que ocupa el Palacio de Iturbide en la Ciudad de México (calle Francisco I. Madero), inmueble virreinal que es la sede principal de Fomento Cultural Banamex y alberga importantes exposiciones temporales; el Museo Casa Montejo en Mérida, Yucatán, situado frente a la Plaza Grande, una joya de la arquitectura del siglo XVI que exhibe arte y organiza eventos culturales; la Casa del Mayorazgo de la Canal en San Miguel de Allende, Guanajuato, alojada en un edificio barroco con un patio tradicional que ofrece exposiciones históricas y de bellas artes, y la Casa de Cultura Citibanamex en el Palacio del Conde del Valle de Súchil (Durango, Durango), un importante inmueble novohispano que funciona como centro cultural y educativo para la región.
Todo estuvo magníficamente organizado por la licenciada Claudia Coloca, encargada del lugar. Con un lleno total, inicié la conferencia a las 12:00 horas, tal como estaba programada, ante un público aproximado de 70 personas; no caben más, pues el espacio es pequeño, aunque muy confortable. Empecé contextualizando la relevancia de esta fecha tan importante, comentando que en el presente año se cumplen 500 años de la cuarta despoblación ordenada por Hernán Cortés, luego de tres intentos fallidos, y de la visita que realizó a la población en su paso hacia el Istmo en el año de 1526. Para ese entonces, ya se proyectaba como una naciente villa, pues desde el 25 de noviembre de 1521 —como Segura de la Frontera— era una población que en tan solo cinco años ya albergaba a miles de indios zapotecas, mixtecas y otros grupos étnicos, con un promedio de un español por cada mil naturales.
La necesidad de una autoridad y de una organización mediante un cabildo obligó a los primeros pobladores a elegir una segunda autoridad a través de un alcalde del Ayuntamiento. Esto sucedió en agosto de 1528 al erigirse la villa de “Antequera de Guajaca” para el periodo 1528-1531, responsabilidad que recayó en Juan Peláez de Berrio. A él le tocó realizar la ceremonia del Rollo, la cual consistía en gritar a los cuatro puntos cardinales: “¡Por doña Juana, por doña Juana, por doña Juana, por doña Juana!”. Esto ocurrió un 24 de julio, fecha en la que se trazó para su reparto en solares lo que había sido la ciudad de Luú Laá. Lo acompañaron como regidores en este ayuntamiento los soldados Bartolomé Zamora y Gonzalo de Robles, una ejecución que se realizó hasta tres años después de la fecha de la cédula del 14 de septiembre de 1526.
Ese año de 1531 fue una época de rebeliones, como la de los pueblos de Miahuatlán, cuyo nombre prehispánico era Pelon Avisha (que traducido al castellano dio el nombre de Peleponisa, y que en zapoteco serrano significa “la llanura de los elotes”). A esta le siguió la sublevación de las Coatecas Altas y en los Otzolotepec (que hoy son nueve pueblos); hubo una encabezada por “Pitio” que fue la más grande. Luego, en el mes de octubre, murió la reina Coyolicatzin en sus aposentos y, en diciembre del mismo año, falleció el rey zapoteca Cosijoeza. Ambos, sumidos en la tristeza en su palacio de Zaachila Yoo, se llevaron consigo el reinado zapoteca de dos mil años.
De los conquistadores podemos decir que se quedaron en Antequera, asentándose en los solares repartidos a personajes clave: Juan Peláez de Berrio, el Alcalde Mayor, cuya casa se ubicaba en la manzana de lo que hoy es el Palacio de Gobierno; y Don Diego de Porras, procurador oficial del cabildo, a quien le tocó viajar a España para traer la cédula real que le otorgó el título de ciudad a Antequera de Oaxaca. A Porras se le asignó en el reparto la esquina de Hidalgo y Armenta y López, sitio que después, en los siglos XVII y XVIII, se convertiría en la fábrica de Tabaco. En 1889 el predio fue comprado por los señores José Zorrilla y el Sr. Trápaga, quienes lo vendieron en el año de 1896 a Banamex; hoy, como ya mencioné, es la “Casa Museo” Villa de Antequera de Banamex.
La plática versó también sobre la figura del alarife y agrimensor Don Alonso García Bravo. Como dato restituido, él fijó el trazo original y le dio los 8º de desviación que tiene la traza de Oaxaca, lo cual hizo diseñando 40 manzanas de 100×100 varas castellanas, partiendo de la esquina sur de la plaza de armas. El reparto del 24 de julio se distribuyó en las manzanas alrededor de la plaza mayor (también llamada Plaza Real o Plaza de Armas, y hoy, desde el 13 de septiembre de 1812, Plaza de la Constitución): al regidor Cristóbal de Barrios le tocó la cuadra poniente; al regidor Diego de Figueroa, la cuadra oriente; al escribano Alonso de Mata, un lote en la cuadra sur. Al capitán Don Diego de Ordaz y al encomendero Francisco Maldonado les tocó la manzana suroriente; a Juan Núñez de Sedeño —primer alcalde llegado con Francisco de Orozco—, un lote en la manzana norte, en la hoy calle de Las Casas
Asimismo, Pedro de Meneses ocupó la manzana oriente en la calle de Valerio Trujano; Gonzalo Díaz de Vargas, la manzana sur en la hoy Av. Morelos; Juan de Santa Cruz, la manzana poniente en la calle del Fiscal (luego de La Libertad, hoy primera de García Vigil); Alonso de Navarrete, en la calle de San Nicolás (hoy Hidalgo); Diego de Coria, en la calle de Magro (hoy primera de 5 de Mayo); Pedro de Maya, en la calle de José María Murguía; Martín Vásquez, en la calle de la Reforma; Juan de Torres, en la calle de la Carnicería (hoy Cristóbal Colón); Cristóbal de Salamanca, en la calle de Don Manuel Fernández Fiallo, y Hernando de Aguilar, en la calle de los Libres (hoy Morelos).
De acuerdo a la nomenclatura de 1884, Pedro de Briones estuvo en la calle de Abasolo; Alonso de Ojeda, en la calle de Rayón; Juan Cermeño, en la calle de Larrazábal (hoy Vicente Guerrero); Francisco Verdugo, en la calle de Zaragoza, al sur de la plaza de San Juan de Dios; Diego Hernández de Proaño, en la calle de Francisco Javier Mina; Juan de Jasso, en la antigua del Carmen de Abajo (hoy Porfirio Díaz); Pedro de Fuentes, en la de Valerio Trujano; Alonso de Bazán, en la calle de Carlos M. Bustamante; Gonzalo de Cárdenas, en la calle de La Emperadora (hoy de Don Manuel Sabino Crespo); Pedro Gallego, en la calle de San Pablo (hoy Armenta y López); y Bartolomé Tico, en la calle que se llamó hasta 1920 de Félix Díaz (hoy Pino Suárez).
Lo trágico para mí, y para la historia de Oaxaca, es lo que sucedió en múltiples ocasiones cuando las turbas rapaces y sinvergüenzas robaron y saquearon la ciudad. Es muy importante señalar que el libro de repartimientos de 1529 se quemó en el incendio del palacio municipal en 1696, por lo que hoy solo contamos con referencias cruzadas. Esto vuelve mucho más difícil la tarea de ubicar con exactitud cómo fue el repartimiento de solares y constatar a qué grado llegó la corrupción de la época.
La regla de la traza que siguió Alonso García Bravo fue clara: el templo al oriente, las casas reales al poniente, y la cárcel y carnicería al sur del P.I. (Punto de Intersección). De igual forma, estableció las ocho varas de ancho para las calles, tomando en cuenta el tránsito de ocho jinetes a caballo. Los solares de los principales personajes se ubicaron preferentemente en los alrededores de la plaza, con un tamaño por solar de 50×50 varas (2,500 varas cuadradas), lo que hoy en día equivale a 1,750 m² aproximadamente. Los regidores seguramente recibieron solares dobles. Así, podemos observar que fueron 40 vecinos principales los que recibieron estos repartimientos.
Aquí quiero hacer un sincero reconocimiento a un excelente investigador que, en sus más de 20 años de residir en Oaxaca investigando y aportando datos para el mejor entendimiento de nuestra ciudad, ha sido fundamental: el holandés Sebastián van Doesburg. Su libro Conquista y colonización en Oaxaca: El juicio de residencia de Juan Peláez de Berrio (1531-1534) tuvo como valioso antecedente el pequeño libro sobre Juan Peláez de Berrio escrito por el recordado maestro Manuel Esparza.
El amor a Oaxaca lo vence todo…
El amor todo lo puede
El amor a dios vence al pecado
Oaxaca de Juárez, Oaxaca, a 08 de junio de 2026
JORGE BUENO
Cronista de Oaxaca
Presidente de la AECO
Secretario General de la
Federación Nacional de Asociaciones
de Cronistas Mexicanos A.C.































