Alonso Tolsá
Recientemente leí el libro de Javier Mitra, Grimorio para salir de la cama. A pesar de que no creo necesariamente aquello de que los libros llegan en los momentos más oportunos a sus lectores, el encuentro con este Grimorio no fue solo un capricho de bibliófilo obcecado por conocer la literatura oaxaqueña contemporánea, también se trató de un dialogo, un desahogo, incluso, una compañía (lúcida y abrigadora como toda buena compañía) en este momento turbulento de mi vida.
Grimorio para salir de la cama (hablaremos del título más adelante), es un libro de poemas de apenas sesenta y cinco páginas, publicado en noviembre de 2025 por Ediciones La Social, editorial autogestiva establecida en la ciudad de Oaxaca. En los seis poemas que dan cuerpo al volumen, pensamiento y poesía recuperan su arcaica amalgama, extraviada en algún oscuro pasaje de la historia, de un modo natural: los dobleces aforísticos del discurso, de inspiración nietzscheana, descubren al estudioso de la filosofía, mientras que las evocaciones simbólicas, revelan al lector de una tradición mística de la poesía donde el mote de Lucifer recupera su sentido etimológico. La decisión de llamarlo grimorio esconde una tercera y definitiva declaración del autor oaxaqueño como una persona encandilada por el misterio de las cosas. Como él mismo escribe: “Creo en el misterio no porque lo entienda, sino porque me devora”.
Además del título principal, Grimorio para salir de la cama, el libro lleva por subtítulo Antimanual para los que aún miran al atardecer. La propuesta de esta poesía está implicada desde la primera ojeada, pues no hay mentira en lo que nace en la necesidad de escribir: se trata de un antimanual porque carece de todo pragmatismo asociado al “género” de los manuales y porque no intenta, en su tentativa por nombrar, dar lecciones a nadie. El poeta habla consigo mismo cuando, por ejemplo, manifiesta: “llora/ si aún te queda pureza/ porque lo bello duele/ y el dolor/ se vuelve divino/ cuando lo aceptas”.
Después de todo, salir de la cama es siempre desgarrador.











































