La obra de Rufino Tamayo, uno de los artistas oaxaqueños con mayor reconocimiento internacional, vuelve a ocupar un lugar central en la escena cultural mexicana con Tamayo Horizontes, exposición que reúne una selección de piezas de la colección permanente del Museo Tamayo y de colecciones particulares.
A 45 años de la creación del recinto fundado a partir de la colección que el propio Tamayo y su esposa, Olga Tamayo, donaron al pueblo de México, la muestra propone un acercamiento a la producción que el pintor desarrolló durante su etapa de madurez, principalmente entre las décadas de 1960 y 1990.
Nacido en Oaxaca, Tamayo construyó a lo largo de su trayectoria una propuesta artística que tomó elementos de la cultura mexicana, las raíces prehispánicas y el arte popular, pero que al mismo tiempo incorporó influencias de las vanguardias internacionales y de los cambios tecnológicos y sociales de su época.
Ese diálogo entre lo mexicano y lo universal es uno de los aspectos que pueden apreciarse en Tamayo Horizontes, curada por Juan Carlos Pereda, donde el color, las texturas, la materia y la densidad expresiva caracterizan un recorrido por distintas vertientes de la producción del artista.
La exposición también muestra cómo Tamayo renovó géneros tradicionales de la historia del arte, entre ellos el retrato, el desnudo femenino, el paisaje, la naturaleza muerta y la representación de personajes de ficción.
Entre las piezas que forman parte de la muestra se encuentra El rockanrolero (1989), inspirada en la figura de Michael Jackson; Bañista quitándose los lentes (1989), donde una figura femenina de anatomía monumental plantea un enigma sobre la existencia; Sandías (1968), ejemplo de su particular exploración del color y la textura, y Hombre en rojo (1970), obra de gran formato relacionada con el interés del artista por la tecnología, la robótica y la exploración espacial.
La selección permite reconocer algunas de las constantes que hicieron singular al pintor oaxaqueño: una paleta intensa, la experimentación con materiales y superficies, así como la presencia de referencias mexicanas que Tamayo llevó a un lenguaje propio, alejado de las tendencias dominantes de su tiempo.
Fallecido en la Ciudad de México en 1991, Tamayo continuó trabajando hasta los últimos años de su vida y mantuvo una mirada atenta sobre el mundo que lo rodeaba. Su producción, lejos de quedar anclada en una época, continúa generando lecturas entre nuevas generaciones.
Desde su inauguración, el pasado 10 de junio, Tamayo Horizontes ha recibido más de 45 mil visitantes, reflejo del interés que continúa despertando la obra del artista nacido en Oaxaca y de la vigencia de una trayectoria que logró tender puentes entre las raíces mexicanas y las corrientes del arte internacional.
La exposición permanecerá abierta hasta el domingo 20 de septiembre en el Museo Tamayo, ubicado en Paseo de la Reforma y Gandhi, en el Bosque de Chapultepec. Puede visitarse de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas; los domingos la entrada es gratuita.










































