La pintura de Eddy Balám mantiene una relación estrecha con Oaxaca. En su obra aparecen referencias a las tradiciones, personajes, animales, símbolos y formas de vida de la entidad, pero alejadas de una representación meramente folclórica. El artista transforma estos elementos mediante un lenguaje contemporáneo marcado por el color, la imaginación y la deformación geométrica, convirtiendo la tradición en materia para construir nuevas imágenes.
Originario de la Mixteca oaxaqueña, Balám ha desarrollado un lenguaje visual reconocible a partir de la geometrización de las figuras. Él mismo ha denominado “cuadrismo” a esta manera particular de aproximarse al cubismo, en la que cuerpos, animales, rostros y elementos de la cultura popular son fragmentados, reconstruidos y reorganizados mediante planos geométricos.
Esta búsqueda formal no funciona únicamente como un recurso estético. También plantea una reflexión sobre la manera en que observamos y construimos nuestra propia realidad.
Una de las líneas más interesantes de su producción reciente gira alrededor de la máscara. En las series relacionadas con este elemento, deja de ser únicamente un objeto ritual para convertirse en una metáfora de las identidades que se construyen cotidianamente: aquello que se muestra ante los demás y aquello que permanece oculto.
A partir de esta interpretación, su trabajo establece vínculos con preguntas contemporáneas sobre la identidad, las emociones y la condición humana. La máscara se convierte así en un recurso para hablar de lo visible y lo oculto, de las distintas formas en que una persona se presenta ante el mundo.
Pero la propuesta de Balám no se limita al espacio del estudio o de la galería. Su participación en proyectos de muralismo comunitario y talleres ha llevado su práctica artística a otros espacios, particularmente en comunidades de la Mixteca.
Entre estas iniciativas se encuentra Arte Urgente para Todos, proyecto que busca acercar talleres, exposiciones e intervenciones murales a niñas, niños, jóvenes y adultos. En este contexto, el arte adquiere una dimensión colectiva y se convierte también en una herramienta de encuentro y participación.
El mural deja entonces de ser únicamente una obra concebida y ejecutada por un artista para convertirse en un espacio donde distintas personas pueden intervenir en la construcción de una imagen relacionada con su propia comunidad. La creación compartida abre, además, posibilidades de acercamiento a la formación artística en lugares donde históricamente estas oportunidades han sido más limitadas.
Esta dimensión comunitaria permite observar otra faceta de la trayectoria de Balám. Su propuesta transita entre la investigación plástica individual y la creación colectiva: por un lado, desarrolla su lenguaje geométrico y sus exploraciones sobre el cuerpo, la máscara y la imaginación; por otro, recurre al mural y al taller para compartir el proceso creativo con otras personas.
Su trayectoria también refleja una evolución que parte del arte urbano y se desplaza hacia la pintura y la construcción de un lenguaje propio. En ese recorrido, la geometría se convierte en una herramienta para reinterpretar personajes y elementos de la cultura popular, mientras la práctica comunitaria amplía el alcance de su trabajo.
En 2026, su producción puede leerse desde una pregunta que rebasa el acto de pintar: no solamente qué representar, sino desde dónde hacerlo, para quién y con quién. En esa búsqueda, la Mixteca no aparece como un simple escenario o repertorio de imágenes, sino como un punto de partida para reflexionar sobre identidad, transformación y pertenencia.
Balám no pinta únicamente la Mixteca; la utiliza como territorio de referencia para construir una propuesta contemporánea. En su obra, la geometría se convierte en lenguaje, la máscara en metáfora y el mural en espacio de encuentro.
La satisfacción que encuentra en su trabajo también está relacionada con la posibilidad de desarrollar sus propias ideas y compartirlas con quienes se acercan a su propuesta. Para el artista, crear implica mantenerse fiel a aquello que le apasiona y permitir que el propio camino de la obra abra nuevas posibilidades.
Desde esa perspectiva, su trabajo continúa construyéndose entre la memoria de un territorio y la necesidad de transformarla en nuevas imágenes, pero también entre la creación individual y la posibilidad de hacer del arte una experiencia compartida.







































