Las enfermedades del corazón, la diabetes y los tumores se mantienen como las principales causas de muerte en México y, en conjunto, representan alrededor de la mitad de las defunciones registradas en el país.
De acuerdo con cifras preliminares correspondientes a 2025, en México se contabilizaron 762 mil 494 defunciones, una cifra que muestra la persistencia de un patrón de mortalidad dominado por padecimientos crónicos y degenerativos.
“Hombres y mujeres fallecen por las mismas tres causas de muerte que son el 50 por ciento de las defunciones”, explicó Omar Muro, director general adjunto de Registros Administrativos Sociodemográficos.
El dato exhibe un problema que va más allá de las estadísticas: enfermedades asociadas con factores como el envejecimiento de la población, hábitos de vida y condiciones crónicas continúan teniendo un enorme peso en la mortalidad nacional.
LA VIOLENCIA GOLPEA CON MAYOR FUERZA A LOS HOMBRES JÓVENES
El panorama cambia cuando se observa la edad y el sexo de las víctimas.
En los hombres, los homicidios ocupan el sexto lugar entre las causas de muerte, particularmente entre personas de 25 a 44 años, lo que coloca a la violencia como uno de los principales riesgos para la población masculina en edad productiva.
Los accidentes también tienen un peso considerable. Durante 2025 provocaron 38 mil 166 defunciones, y poco menos de la mitad correspondió a accidentes relacionados con el transporte, que representaron 42.6 por ciento de estos fallecimientos.
En otras palabras, mientras las enfermedades crónicas dominan las estadísticas generales, para una parte importante de la población joven las amenazas son distintas: violencia, accidentes y problemas de salud mental.
MUJERES Y HOMBRES PRESENTAN DIFERENCIAS
Aunque las tres principales causas de muerte coinciden entre hombres y mujeres, a partir de los siguientes lugares aparecen diferencias importantes.
Entre las mujeres, después de las principales causas se encuentran enfermedades cardiovasculares, influenza y neumonía.
En los hombres, en cambio, los accidentes y las enfermedades del hígado ocupan posiciones relevantes dentro de las causas de fallecimiento.
Estas diferencias reflejan que la mortalidad no afecta de la misma manera a toda la población y que factores como la edad, el sexo y las condiciones sociales modifican considerablemente los riesgos.
CASI NUEVE MIL SUICIDIOS EN UN SOLO AÑO
Otro dato que obliga a mirar más allá de las enfermedades físicas es el número de suicidios.
Durante 2025 se contabilizaron 8 mil 846 casos, de los cuales aproximadamente 80 por ciento correspondió a hombres y 20 por ciento a mujeres.
La brecha resulta especialmente significativa porque coloca al suicidio entre los problemas que requieren atención desde distintos ámbitos, particularmente entre adolescentes y adultos jóvenes.
El comportamiento de esta causa de muerte contrasta con el descenso de enfermedades que durante años tuvieron un peso considerable en las estadísticas nacionales.
EL COVID-19 DEJÓ DE ESTAR ENTRE LAS PRINCIPALES CAUSAS
La pandemia también dejó de ocupar un lugar central en las estadísticas de mortalidad.
En 2025 se registraron 504 defunciones asociadas con COVID-19, una caída drástica frente a los años más críticos de la emergencia sanitaria. En 2020, el virus llegó a ubicarse como la segunda causa de muerte y en 2021 ocupó el primer lugar.
El cambio confirma la transformación del panorama epidemiológico del país: una vez superada la etapa más crítica de la pandemia, las enfermedades crónicas volvieron a ocupar el centro de las estadísticas.
UN MAPA DE LA MORTALIDAD QUE TAMBIÉN MUESTRA DESIGUALDADES
Las cifras también presentan diferencias entre entidades federativas. Sin embargo, el número absoluto de defunciones no debe confundirse automáticamente con el riesgo de morir, ya que intervienen factores como el tamaño y la estructura de edad de cada población.
Por ello, más que observar únicamente qué estados concentran más fallecimientos, el reto consiste en analizar por qué mueren sus habitantes y qué grupos están más expuestos a determinados riesgos.
El panorama nacional deja una conclusión contundente: México enfrenta una doble realidad. Por un lado, las enfermedades crónicas siguen cobrando la mayor cantidad de vidas; por otro, entre los jóvenes, particularmente los hombres, la violencia, los accidentes y el suicidio mantienen un peso que no puede quedar relegado en las políticas de prevención.
La propia estabilidad histórica de la mortalidad, señalada por especialistas, permite identificar con mayor claridad dónde están los problemas persistentes. “El fenómeno de la mortalidad normalmente es muy estable a menos de que vengan situaciones de desastres naturales, guerras o pandemias”, explicó Muro.
El desafío, por tanto, no consiste únicamente en atender a quienes ya padecen una enfermedad, sino en prevenir los factores que están provocando muertes evitables, desde los accidentes de tránsito y la violencia hasta los problemas de salud mental y las enfermedades crónicas.










































