De manera reiterada se ha dicho que no son tiempos de proselitismo político, mucho menos de campañas. Sin embargo, los personeros del partido en el poder, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), no lo ven así, sino al contrario. Es el caso de la delegada de los Programas Bienestar de la Presidencia de la República, Nancy Ortiz Cabrera que, desde hace al menos un mes, ya decretada la emergencia sanitaria por el Covid-19, sigue convocando a reuniones masivas como las que ha celebrado en Miahuatlán, Huajuapan, Putla Villa de Guerrero, Santa Catarina Juquila y Santa María Huatulco. En todos estos lugares, con el pretexto de entregar apoyos a adultos mayores o becas para jóvenes, ha realizado concentraciones masivas, poniendo en riesgo la vida de ancianos, mujeres y jóvenes. En dichos eventos, la gente se arremolina en empujones y sin respetar ni la “sana distancia” ni, mucho menos, el “quédate en casa”.
El asunto ha motivado críticas en redes sociales y ha llamado la atención de las autoridades estatales y locales, pues las convocatorias se llevan a cabo sin consultarlas, de esa forma, violentando la soberanía estatal y la autonomía municipal. El fin de semana pasado, el Ayuntamiento de Santa María Huatulco y otros de la Costa, acusaron a la funcionaria Ortiz Cabrera de estar violando la emergencia sanitaria y advirtiendo que, de detectarse un caso positivo de la enfermedad, sería la responsable. Antes, la autoridad municipal de Juquila se asumió sorprendida pues habiendo desde hace semanas decretado el cierre de los accesos a turistas religiosos y visitantes al Santuario, de repente y sin su conocimiento se diera una concentración de cientos y cientos de ancianos (as) y campesinos (as), que acudieron a recibir su apoyo. Los empujones y llamados al orden fueron al tenor de la entrega de los citados apoyos de la Federación.
Sorprende la exigencia del gobierno de Andrés Manuel López Obrador en torno a hacer caso de las recomendaciones “sesudas” del doctor Hugo López-Gatell Ramírez, el infectólogo que hoy maneja la política de la administración federal para la pandemia de Covid-19, en torno a quedarse en casa y omitir actos públicos, pero sus empleados en Oaxaca están haciendo exactamente lo contrario. Se trata, sin duda alguna, del protagonismo que prevalece en las filas de Morena que, en el ámbito estatal, ha mostrado la confrontación y los jaloneos. Cual “buitres de la pandemia”, cada grupo, cada actor, quiere llevar agua a su molino, sin importar los momentos tan graves que vive el país.
¿Y la libertad de expresión?
Nunca como hoy, la libertad de expresión ha estado en mayor riesgo, en comparación de cualquier otra etapa de la historia del país. Decir o desafiar; cuestionar o poner simplemente en tela de juicio el mensaje, el discurso o las políticas de un régimen, es señalado como afrenta al país; una amenaza a la paz pública o un desafío al gobierno en turno. En pocas palabras, cualquier intento de pasar por el rasero de la crítica los excesos, arrebatos, diatribas u ocurrencias del presidente de México –que las hay y muchas- o de algunos de sus cercanos, es motivo suficiente para sanciones administrativas, amenazas de retiro de concesiones o estar bajo la lupa de los nuevos Torquemadas de la Cuarta Transformación. México se está inscribiendo lenta, pero inexorablemente, en el esquema de una libre expresión sometida a escrutinio de la censura, como una vil dictadura.
Sin especificar casos, que los hay y muchos, lo único que vale hoy en día es la apología, los panegíricos, la crítica está vedada. Lo que vale es aplaudir aún las cosas más torpes y absurdas, como la construcción del Tren Maya, la Refinería “Dos Bocas” o el Aeropuerto de Santa Lucía, por encima de la prioridad que implica salvar la vida de millones de mexicanos que podrían ser víctimas del Covid-19. Hay casos claros de sanciones y no como se quiso aparentar hace unos días, con uno de los monopolios televisivos, sino con diarios del interior del país, como El diario de Juárez o El diario de Chihuahua, de gran tradición en el periodismo mexicano, quienes fueron hace días amenazados con sanciones administrativas, por haber “mal informado” a la sociedad. Se trata, como decimos líneas arriba, de una política de abierta censura y persecución.
Los medios impresos del interior del país, siempre hemos estado a la zaga de las prioridades de los gobiernos federales. La relación prensa-gobierno no existe. Es un ardid. Los medios que circulamos en todo el país, que penetramos hasta los sitios más recónditos de la geografía nacional, que somos la “verdadera prensa nacional”, estamos aislados, discriminados y segregados de las bondades del gobierno federal. Así fue durante la larga hegemonía del PRI y así es hoy, que gobierna Morena. Pero no podemos arriesgar nuestra independencia, nuestra lucha por la libertad de prensa y hacer realidad en este país la libre expresión, por modas ideológicas que lejos de unir a los mexicanos han hecho de este país, una arena de lucha, gracias al maniqueísmo perverso de los discursos oficiales.


































