La semana pasada, un diario de la capital del país destacó el contenido de una entrevista con el Director General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), José Ángel Gurría, quien sostuvo que, en la opinión de dicho organismo gubernamental, la crisis por la pandemia no terminará pronto, sino que se prolongará, tal vez, durante todo el 2021. Todo ello tomando en cuenta que en algunos países ya se está aplicando la vacuna, pero, sobre todo, a la luz de los rebrotes en algunos países como Estados Unidos de América, que ha mantenido un crecimiento sostenido y preocupante de contagios y muertes. Algunos días, en las dos últimas semanas, se registraron más de 200 mil nuevos contagios en un solo día, en tanto que México no bajó en el rango de 10 a 12 mil.
Lo anterior contradice el discurso presidencial en el sentido de que vamos bien en el tema de la pandemia y que, la cuestión económica –no obstante, los constantes señalamientos de organismos financieros internacionales- está en vías de ser superada. Por supuesto que ni una ni otra son reales. Ha trascendido que, de la petición de millones de vacunas por parte del gobierno mexicano, si acaso se aplicarán 250 mil en este mes, en tanto que la entrega de las otras dosis restantes, por parte de la empresa farmacéutica trasnacional, se harán durante el año que viene. Visto así, hay razón en lo que afirmó el titular de la OCDE. A los mexicanos todavía nos queda camino que recorrer para que la normalidad vuelva.
Una señal de ello la ha puesto la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cuyas autoridades informaron que las clases presenciales se darán hasta marzo o abril del 2021, además, la Secretaría de Educación Pública (SEP), ya adelantó, según un conocido diario de la capital del país, que el retorno de los estudiantes del sistema educativo se daría, si acaso, en marzo. En sentido contrario, para muchos, lo peor del Covid-19 ya pasó, como ocurre en las concurridas calles de la Ciudad de México o de Oaxaca o la terquedad de muchos ciudadanos o no aplicarse las medidas sanitarias como el uso del cubrebocas. O como mencionamos el pasado sábado: la nociva intervención de los organismos gubernamentales y no gubernamentales de derechos humanos, en no entender que estamos en una situación de excepción, por lo que debe haber medidas enérgicas para obligar a la gente a usar el cubre-bocas y aplicarse la sana distancia.
Protesta exacerbada
Hace al menos unos diez días estuvo en Oaxaca el titular del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), para asistir, junto al gobernador Alejandro Murat Hinojosa, a la reapertura de la Zona Arqueológica de Monte Albán, con todas las medidas sanitarias, incluyendo una reducción drástica en el número de visitantes permitido, entre otras, para evitar contagios. La respuesta de los prestadores de servicios turísticos como guías, operadores del transporte y otros más, fue de beneplácito. Aplaudieron la medida, considerando que ello podría contribuir a una lenta recuperación de la industria sin chimeneas, luego de casi nueve meses de parálisis. En los próximos días se tiene prevista la reapertura de Mitla, con el mismo propósito, de estimular al turismo que nos visita y que viene para conocer nuestra riqueza arqueológica e histórica. Los mismos visitantes del país y el extranjero han hecho lo propio, para calificar lo que, en este mismo espacio editorial, consideramos como un acierto.
Sin embargo, poco tardó el gusto a visitantes y prestadores de servicios turísticos, pues el pasado viernes, trabajadores sindicalizados del INAH cerraron los accesos a la Zona Arqueológica, con el argumento de que las oficinas centrales han hecho caso omiso de sus exigencias laborales, entre ellas, equipo para hacer frente a la pandemia. Justas o desafortunadas dichas demandas, el caso es que dio al traste con los aplausos recibidos por la apertura. De nueva cuenta los turistas del país o el extranjero que habían arribado a Oaxaca y tenían el propósito de visitar la zona, se quedaron con un palmo de narices. En nuestra entidad, todo el mundo lo sabe, si no es una cosa es otra, pero motivos para cerrar accesos o bloquear calles o carreteras, siempre los habrá.
Y es ello justamente lo que ha hecho de que Oaxaca no pueda salir de la pobreza y recurrente marginación. Nadie ignora que el turismo es si acaso una de las únicas industrias rentables para el estado. No tenemos otras, como en algunas entidades del país que generen empleos o nos permitan subir nuestros ingresos per cápita. El sindicalismo, con todo lo que alguna vez tuvo de positivo, se ha convertido en un ente pernicioso, ventajoso, voraz. Ya lo vimos la semana anterior con el catálogo de peticiones que realizó la Sección 35 del Sindicato de Trabajadores de la Secretaría de Salud, exigiendo cosas fuera de la realidad presupuestal y en plena crisis sanitaria. Luego de medidas de chantaje y presión, el gobierno estatal aceptó otorgarles todo.

































