El protagonismo político de algunos actores identificados con el partido del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), ha creado entre los oaxaqueños, un sentimiento de repudio. Aprovechar un momento tan doloroso y complejo como el que estamos pasando, en virtud de la pandemia del COVID-19, es similar a los buitres cuando esperan lanzarse sobre la carne inerte. Nada tan nefasto y criticable que dar dádivas como si fueran campañas políticas o entregar despensas para ganar adeptos que, en estos momentos, las reciben con una gran necesidad. Hay casos como el del senador Salomón Jara, que ha difundido mensajes plagados de desinformación respecto a la pandemia, como el que hizo a sus paisanos de la Sierra Norte, invitándolos a seguir con los abrazos, pues el “coronavirus no existe, como lo dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador”. Mensajes temerarios y absurdos que deberían tener una respuesta enérgica de las autoridades.
Además de las despensas y otras dádivas, sólo hay que ver los spots en televisión del diputado federal por el Partido del Trabajo (PT), Benjamín Robles Montoya, en abierta precampaña por la gubernatura, cuando aún faltan tres años para el relevo. Con un tono grotesco se invita a la ciudadanía a participar en la instauración de la cuarta transformación en Oaxaca, como si los oaxaqueños –en estos momentos- tuvieran cabeza para semejantes torpezas. Ello, por supuesto, sin reparar la situación actual, el despido de más de 1 mil 600 trabajadores; la crisis económica que estamos viviendo; la carestía de productos básicos y el arribo inminente de la Fase III de la pandemia.
Por fortuna, de esta lamentable situación ya tomó nota el Consejo General del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (IEEPCO) que, en sesión ordinaria la semana anterior, “determinó exhortar a las y los actores políticos de la entidad a efecto de que limiten su actuar a los cauces legales y se abstengan de realizar actos de proselitismo hacia la ciudadanía mediante la entrega de productos básicos o de salud que contengan propaganda electoral, la cual implique utilización de nombres, colores, imágenes, sonidos o cualquier distintivo que haga alusión a personas, asociaciones, sociedades, empresas, sindicatos, confederaciones, administraciones municipales o partidos políticos; así como cualquier acto relacionado con la promoción personalizada en medios de comunicación y redes sociales a propósito de la contingencia sanitaria por la propagación del Covid-19”
La crisis que viene
Si bien es cierto que hoy en día la prioridad para el país es salvar el mayor número de vidas, asumiendo cada ciudadano la responsabilidad de protegerse de la pandemia, ello no evita pensar que la paralización de la economía, con el consecuente desempleo, descapitalización, carestía, falta de inversión, etc., traerá consigo consecuencias nocivas para México. A ello hay que agregar la ceguera de la Federación, para proponer –como en otros países- un plan de rescate económico que coadyuve que a proteger la planta industrial, el turismo, el campo y todo el aparato productivo. Que evite que más mexicanos sean echados a la calle; que los millones de familias que están en sus casas, tengan el sustento diario, que no podrá ser superado con políticas paternalistas y clientelares. No es regalando dádivas como la crisis que viene puede ser superada.
A diferencia de lo que hemos visto en otros países, en México seguimos en el discurso de echar la culpa al de atrás; de minimizar los efectos de la pandemia; de polarizar aún más al pueblo mexicano y apostarle mucho a la recaudación fiscal, que no es ni con mucho, el factor que coadyuve a superar todo lo que esta situación trae de detrás. La reciprocidad necesaria con quienes mantienen el movimiento de la economía -no la política estatista anacrónica-, es decir, el sector empresarial, que posee la planta industrial y parte de la planta productiva, y la actitud de minimizar la participación de los estados de la Unión, a través de discursos despectivos y soeces, está poniendo en riesgo, no sólo la cacareada Cuarta Transformación sino algo más: el Pacto Federal. Lejos de llamar a la unidad, de fortalecer la estructura política del país y conciliar con los inconformes, todo, todo, se ha visto bajo el prisma de la venganza política y el descrédito al adversario.
México, en efecto, vive escenarios nunca vistos. La política de la confrontación, de la descalificación y la superficialidad, se han impuesto por encima de la cordura, el diálogo y el entendimiento. El ejemplo está a la vista. Casi se obliga al sector empresarial a tener sobre sus espaldas parte de la crisis sanitaria; se le amenaza con cierres, pero no hay beneficio fiscal alguno. No hay reciprocidad. Los señalamientos son burdos y torpes. Ahí está el llamado del senador oaxaqueño, Salomón Jara Cruz, afirmando que nada más que pase la crisis sanitaria, ajustarán cuentas con los empresarios, “para que devuelvan algo de lo que han ganado” en su connivencia con el poder. El país haciéndose pedazos y algunos ignorantes atormentados por el resentimiento social.


































