Para dimensionar los cambios de creencias respecto de la valoración de la cultura popular por nosotros mismos aquí va una anécdota. Quizá era 1968 y, Don Raúl Bolaños Cacho caminaba frente al Mercado Benito Juárez. A las puertas de la Casa del Mezcal se sorprendió al encontrar a Don Néstor Sánchez tomando un mezcal con los cargadores. Lo llamó y le dijo: “un periodista de tu prestigio no debe tomar mezcal”. La anécdota fue publicada en la revista “Oaxaca en México”.
El concepto que se tenía del mezcal hasta hace pocos años era muy diferente al de hoy, los sabemos, excepto por los jóvenes que hoy están embrujados por ese elixir y que piensan que el mezcal nació famoso hace 30 años. A los hermanos Porfirio y Víctor Chagoya se debe en buena medida su auge mundial.
Para quienes se esfuerzan por triunfar dentro del mundo mezcalero y gastronómico oaxaqueño resulta indignante ver como un grupo de funcionarios, empresarios de dudosa reputación y los hijos de gente cercana al poder se reparten a placer lo que ellos no han trabajado. La mala conducta de estos servidores ha traspasado fronteras y su actuar está ensuciando un bien cultural que nos pertenece.
Molesta el tráfico de influencias. El gobernador habló de un proyecto para una plaza de la gastronomía en algún lugar céntrico, lugar que se convertirá en un fuerte polo de atracción turística. ¿Con que criterio seleccionarán a los beneficiarios con un lugar? ¿Con el mismo que usaron para auto beneficiarse los funcionarios y empresarios favoritos exhibidos?
Los moles y mezcales de Oaxaca tienen una identidad inherente y su gran valor cultural reside en ello: son artesanías en los que se refleja nuestra propia realidad, producidos bajo una lógica distinta a la de máxima rentabilidad, incluyendo en su elaboración los valores humanos de quienes los hacen. Para quienes solo piensan en el lucro con nuestra gastronomía deben entender que la “artesanalidad” es una característica y una cualidad de los productos, si se los quitan, esos productos no valen gran cosa bajo la lógica de la economía de mercado.
Los funcionarios exhibidos, guiados por la lógica del mercado han impuesto desde la Secretaría de Economía una serie de políticas públicas propias del modelo industrializado a los productos artesanos de la gastronomía. Están equivocados porque la producción de baja escala debe atenderse con medidas asimétricas que permitan su existencia y sobrevivencia. Bajo la lógica mercantilista solo quieren convertir a nuestros productos tradicionales en una mera mercancía de intercambio, aplicando los mismos estándares de la gran industria trasnacional a los productores en pequeña escala que carecen de los recursos económicos suficientes.
Los moles y mezcales tienen un origen y naturaleza colectivos, el sentido de comunidad está presente en los moles de las mayordomías y los mezcales de las fiestas. Esto los distingue y ninguna máquina industrial puede darles el sentido humano de los artesanos. Debemos ser enfáticos, no se trata de meras mercancías con valor de intercambio, son nuestras manifestaciones culturales. Pretender estandarizar la gastronomía artesanal a la industria de los ultra procesados es un error de políticas públicas, aunque si es una gran oportunidad para quienes quieren apropiarse de una cultura ajena, pero potencialmente lucrativa.
Tan son expresiones culturales que los moles y mezcales se preparan de manera diferente en cada región del estado, y no se debe obligar a crear un estándar para que un mole de la mixteca sea igual que uno del istmo, o un mezcal de Sola de Vega a uno de Mitla. Las característica de las zonas geográficas se transfieren a cada uno de los productos y, precisamente, esa diversidad nos enriquece y los enaltece.
La producción en pequeña escala de mole, mezcal, chocolate, tlayudas, conservas o tostadas es el sustento de muchas familias en comunidades enteras que necesitan apoyo para defender lo suyo ante el embate de los poderosos intereses comerciales que buscan la apropiación cultural de todo aquello en donde ven potencial de riqueza.
Con la serie de catástrofes que tenemos encima se da hoy la oportunidad de ofrecer una alternativa al mundo globalizado y de alimentos altamente industrializados a través de nuestra cultura artesanal. La epidemia de la Covid-19 nos está demostrando que la alimentación es en gran parte responsable de su alta mortalidad y, hay que resaltarlo, los alimentos ancestrales son mucho más sanos.
Como oaxaqueños conscientes del valor de nuestra cultura no debemos permitir que la ambición de unos pocos empoderados ensucie la reputación de nuestros productos insignia. En lugar de dar recursos a sus consentidos el gobierno tiene la obligación de ser parejo con todos, dar las mismas oportunidades y ofrecer las mismas facilidades. Los pequeños productores no solo son votos en potencia, son historias de vida, imaginación y trabajo sin descanso.
Twitter @nestoryuri































