Columna 129.
Mercado de Abastos
Oaxaca ha sido rehén de diversos sindicatos desde hace un par de décadas, como nunca los gremios sindicales fueron tomando fuerza y agobiando a la ciudadanía bajo la bandera de que presionaban al gobernador en turno o a funcionarios de gobierno, vaya juego perverso el que han desarrollado por años.
Para que un sindicato tome vida necesita el reconocimiento del estado, es quien autoriza la toma de nota, por lo tanto viven y subsisten gracias a un sistema que ha imperado por muchos años, los sindicatos en México pasaron de defender los derechos de los trabajadores a proteger la flojera, tener una base podría significar no volver a trabajar nunca en la vida.
Obtener una base en un sindicato reconocido por el estado era como haberse sacado la lotería, el premio era no solo eterno sino también heredable a hijos o familiares cercanos, pasó a ser un intangible muy codiciado y por lo tanto moneda de cambio valiosa para quienes autorizaban cada nueva plaza, en poco tiempo pasó a ser un jugoso negocio para el gobernante en turno.
Se dice por ejemplo que en el sexenio pasado, en el primer año se vendían por poco más de cien mil pesos y en el último ya superaban los 350 mil pesos por cada una.
Adicionalmente, las cuentas de los sindicatos por ley no son fiscalizables y no pagan impuestos, ese coctel hizo que se volvieran poderosos y sumamente abusivos, pasaron de pedir a exigir, después a amenazar y finalmente a palmotear o de plano golpear, basta ver la historia de los sindicatos del gremio de la educación, de los transportistas o de los empleados de gobierno.
El control de los sindicatos por muchos años estuvo en manos de los funcionarios de Gobierno, era un gran negocio para ellos en lo personal pero no para el país, les servía para controlar parte del comercio informal y a empresarios que se mostraran enemigos del régimen en turno, es parte de la historia de México, que haya gente que vea por su interés individual aunque afecte el de la nación.
Vamos a tratar de ejemplificarlo, el gobierno está al centro, a la derecha están las empresas y los profesionistas legalmente constituidos, ellos deben rendirle cuentas a todas las dependencias del estado, pasan a estar completamente fiscalizados, vigilados todos sus movimientos y exigidos en la tributación de los impuestos, se asegura que con ese dinero se pagan todos los servicios.
A la izquierda se encuentra el mercado informal, todos los vendedores ambulantes quienes tienen una serie de secciones y líderes, todos están acostumbrados a pagar impuestos aunque no bajo ese nombre, se llaman cuotas, parte de ese dinero se va a los líderes y parte a los inspectores autorizados por el gobierno y por lo tanto van a subir por capilaridad hasta el nivel más alto.
Los empresarios exigen que todos los informales sean retirados pues hacen una desleal competencia o que entren a la formalidad para que también paguen impuestos, es más, el mismo gobierno ofrece la creación de programas con apoyos motivadores para que formalicen, aunque en el fondo no se aterrizan pues esto significaría dejar de recibir ese importante ingreso que no es reportado legalmente.
La informalidad crece como la espuma y también la exigencia de servicios, todos queremos agua, luz, recolección de basura, seguridad, transporte barato, etc. pero solo una minoría está pagando sus impuestos, como ese dinero no alcanza, los órganos fiscalizadores se ponen cada vez más severos y exigentes, las auditorias abundan y justifican sus sueldos apretando a quienes ofrecen empleo.
No quieren ver esos burócratas que sus dependencias son las que se han vuelto obesas, que las conquistas laborales aprobadas a sus sindicatos ya son absurdas e impagables, por ejemplo, no puede ser que por el reciente día del padre les den tres días de descanso a todos los hombres más un desayuno del que muchos ya no regresan a laborar, pues entonces quien trabaja, quien paga ese derroche.
El gobierno también controla de alguna manera a la delincuencia organizada, nada mejor que un sindicato para lavar el dinero que generan, total las cuentas no son fiscalizables, no entregan información y no pagan impuestos, todo es utilidad, con el tiempo, los líderes de grupos informales, escondidos bajo el amparo del sindicalismo del transporte, hicieron una mezcla a manera de Frankenstein.
Por un lado agrupan a los volteos que acarrean los materiales de las obras, a los transportistas que traen los materiales de construcción de las fábricas al estado (hasta a las cementeras les empezaron a hacer una desleal competencia pues empezaron a vender materiales sin factura).
También aglutinan a las pipas que transportan agua para las obras y para el consumo humano (Sapao alega que no hay agua suficiente ni manera de entregarla, sin embargo agua hay solo que a través de las pipas y por supuesto esto cuesta).
Adicionalmente están congregados los sitios de taxi, tanto de las ciudades grandes como los foráneos que llegan a la capital, para finalizar agrupan a los mototaxistas, que es la nueva modalidad para llegar a todos los puntos en cualquiera de las colonias y por lo tanto vinieron a ofrecer un gran servicio a la comunidad, todos ellos conforman una gran fuerza sindical independiente.
Dos grupos existen en el estado que se disputan el poder, por un lado la CATEM, Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México en Oaxaca y el sindicato Libertad, que aglutinó a quienes antes de denominaban la CTM Confederación de Trabajadores de México, estos dos grupos están destrozando la economía del estado.
Si alguien inicia una obra que va a apoyar al estado con impuestos y a generar empleo, ve encarecer sus costos ya que los dos grupos sindicalizados le aprietan, le amenazan, le cierran, le bloquean, etc. por lo que termina contratando a los dos por partes iguales bajo leoninas condiciones, así no hay manera de avanzar, todo es retroceso.
La ambición no tenía fin, aunque seguramente seguían poniéndose a mano con algunos funcionarios ya sea estatales o municipales, ya volaban por la libre, tenían repartido el control del mercado de abastos y de todos los tianguis de las calles, la violencia entre ellos generó muchas muertes y venganzas, ya la situación era peligrosa para mucha gente inocente.
Esta semana las autoridades estatales dijeron ya basta, no más abusos y empezaron por poner orden en el Mercado de Abastos, varios líderes fueron detenidos, toda la margen sur del rio Atoyac fue tomada en resguardo, los vendedores ilegales retirados, y se hicieron nuevas galeras para apoyar a los productores locales de tomate que andaban errantes.
Le regresaron el control al Municipio de Oaxaca de Juárez esperando lo mantenga para el bien y tranquilidad de todos en esta capital, bien por ellos, una de cal por las miles que han dejado pasar de arena en perjuicio de la ciudadanía.
Los comentarios continuarán la próxima semana.
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