Bersahín López
La Guelaguetza es el clímax de todo un año de esfuerzo; la ventana perfecta para mostrarle al mundo la riqueza humana, gastronómica y folclórica de la que estamos tan orgullosos. Cada mes de julio, Oaxaca se prepara para recibir a miles de visitantes con la promesa de una importante derrama económica. Sin embargo, este año la máxima fiesta de los oaxaqueños llega acompañada de cifras desalentadoras en los días previos.
El sector productivo local se enfrentará a una prueba de fuego para recuperar las inversiones realizadas y generar las ganancias que tanto necesitan para salir avante.
Desafortunadamente, en los últimos años la promoción ha respondido a una estrategia limitada y sin una verdadera planeación, reforzando una presencia mediática innecesaria y perdiendo la oportunidad de contar con una proyección integral a nivel mundial.
Necesitamos una visión que vuelva a colmar las calles, las comunidades y la emblemática Rotonda de las Azucenas con turismo internacional. Oaxaca no es solamente el mes de julio; nuestro estado tiene un sinfín de atracciones en todas sus regiones que bien valdría la pena impulsar con seriedad en todos los rincones del orbe durante los 365 días del año.
Visualizar una proyección internacional de calidad es, por consecuencia, la oportunidad perfecta para consolidar el consumo local como un pilar de desarrollo. Buscar condiciones hacia el exterior nos debe obligar a integrar a todas nuestras regiones hacia el interior; a generar canales donde los artesanos, productores y prestadores de servicios de cada rincón de Oaxaca encuentren un mercado justo.
Con una estrategia adecuada, los gobiernos se verían obligados a trabajar en lo que nos urge: infraestructura, seguridad y movilidad, permitiendo que la riqueza del turismo no se quede en unos cuantos, sino que camine y detone la economía de nuestras comunidades.
Lamentablemente, han convertido a la Guelaguetza oaxaqueña en una deslucida pasarela política de bajo nivel. Debemos recuperar el brillo y la grandeza de esta fiesta ancestral. Para lograrlo, el gobierno y el sector productivo deben trabajar en equipo con el único objetivo de atraer visitantes e inversión.
Es momento de integrar un Consejo Consultivo conformado por comerciantes, empresarios, productores y conocedores del ramo que operen en coordinación para atraer un turismo que llene cada rincón del estado, porque en cada municipio hay algo digno de visitarse.
Las calendas en las calles, el disfrute del elixir de los dioses como es el mezcal, y la maravilla de nuestras notas musicales y bailes ancestrales son tan solo una muestra de la riqueza que guarda nuestra tierra.
Lograr que los visitantes y propios se sientan seguros, que vivan una experiencia de calidad y que encuentren infraestructura adecuada es algo que se construye todos los días.
Ahí es donde las autoridades, más allá de su identidad política, deben poner todo su profesionalismo, pues esto no solo impacta en el turismo, sino en la calidad de vida de quienes habitamos aquí.
Consumir lo que aquí bien se produce es la forma más directa de impulsar nuestra economía. La calidez ya la tenemos ganada gracias a un maravilloso pueblo oaxaqueño que siempre espera a todos con los brazos abiertos; ahora toca estar, institucionalmente, a la altura del reto y demostrarle al mundo por qué vale la pena vivir la enorme experiencia llamada Oaxaca.
¿Coincidimos?



































