Este mes de septiembre, mes de las fiestas patrias, debe ser de reflexión y de replantearnos los motivos por los que los criollos y los mestizos, al grito de “¡Viva Fernando VII!”, se lanzaron a una aventura que dejaría, en 11 años de lucha, dos millones de muertes y una total destrucción de la economía del virreinato, todo esto según la historia oficial, pero, según yo, todo comenzó desde Carlos IV, el personaje del caballito, el rey que inexplicablemente cedió a su hijo el trono en 1808; hoy sabemos que fue presionado por Napoleón, la consecuencia de esto fue el motín de Aranjuez y, con ello, perdió un reino y lo más rico de España: los cuatro virreinatos; el de la Nueva España (México), el de Nueva Granada (Colombia), el del Perú (Perú) y el del Río de la Plata (Argentina), así como sus cuatro capitanías, la de Guatemala-Chiapas (Centroamérica), la de La Española (Cuba), la de Venezuela (Venezuela) y la de Chile (Chile). Solo mencionaré que el virreinato del reino de España no era la ciudad de México, sino todo lo que comprendía el sureste de los Estados Unidos, California, Nevada, Colorado, Utah, Nuevo México, Arizona, Texas y partes de Oregón, Washington, Idaho, Montana, Wyoming, Kansas y Oklahoma; 55% del territorio se perdió y la Capitanía General de Guatemala comprendía los hoy países de: Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, la Capitanía General de Yucatán comprendía a Campeche, Quintana Roo y el este de Tabasco (estos últimos no se perdieron).
El territorio de la Nueva España comprendía también el Caribe: la Capitanía General de Santo Domingo, constituida con lo que hoy son la República Dominicana, Puerto Rico y algunas islas del Caribe. La que era enorme era la Capitanía General de Guatemala, que comprendía: Cuba, Luisiana (1764-1803) y la Florida, así como también los territorios de Asia y Oceanía.
La Capitanía General de Filipinas comprendía: las Islas Filipinas, las Islas Guam (hoy son de U.S.A.), las Islas Marías del Norte, Islas Carolinas y Palau, hoy país independiente. Hoy es una República de 1994, población de 18,000 habitantes y está asociada a U.S.A., de ahí que su moneda es el dólar.
Un territorio tan grande o más que China o Rusia y todo se perdió por un negro personaje, salido de la nada y amigo de alcoba de la reina de España, un hombre sin cultura, pero sumamente ambicioso como hoy los hay en México por montones y que medran con el dinero del pueblo, que está cansado de su ineptitud y corrupción.
Pero ¿quién fue este perverso personaje de nombre Manuel Godoy? He aquí su biografía.
Para mí, él fue el culpable de todo lo sucedido a España, ya que, si no hubiera actuado con tanta torpeza, no habría motivo para solicitar los criollos la Independencia del Virreinato, hoy México, de España. Manuel Godoy era el valido del Rey Carlos IV de España, apodado este como “El Cazador” (1748-1819). Godoy tenía un poder similar al de un primer ministro. Manuel Godoy, apodado “El Príncipe de la Paz” por darle la isla de Santo Domingo a los franceses en el Tratado de Basilea en 1795, fue una figura muy impopular en España, así como en México lo es “Pata de Palo” y el innombrable. Godoy enajenó los territorios al convertirse en el más poderoso personaje del reino, sin méritos ni carrera militar o política; él solo acumuló riquezas y honores mientras el pueblo español sufría guerras y hambrunas. Su política exterior se contradijo, ya que primero enfrentó a Francia y después se acercó a Napoleón Bonaparte. Esa decisión fue fatal, ya que en el año de 1807 el gobierno de Carlos IV, con Godoy como líder político, firmó el Tratado de Fontainebleau (Fontembló), nombre del palacio donde se firmó el tratado con Francia y el que originó toda la desgracia de España con Francia, que permitió la entrada de tropas francesas a España con el pretexto de marchar rumbo al reino de Portugal, pero Napoleón, con su experiencia militar y su ambición de conquista, vio un rey distraído, un valido sin gran experiencia y las puertas abiertas, por lo que a inicios de 1808 estalló el motín de Aranjuez y así cayó Godoy, y Carlos IV abdicó a favor de su hijo Fernando VII y lo hizo por miedo y para salvar a Godoy. Luego Napoleón los llevó a Bayona y obligó a abdicar al padre a favor del hijo para poder poner a su hermano José Bonaparte como rey de España y sus virreinatos, por lo que en ellos comenzaron a preguntarse: si ya no hay Rey, ¿a quién obedecemos? Al llegar la noticia a la ciudad de México, el líder criollo Francisco Primo de Verdad, miembro del cabildo, propuso formar una junta de gobierno local en ausencia del Rey, ya que ahora la soberanía residía en el pueblo temporalmente, con representantes locales, hasta que Fernando VII recuperara el trono, algo bastante revolucionario para la época. Incluso el virrey de la Nueva España, que lo era don José de Iturrigaray, simpatizó con los criollos, pero eso no gustó a la élite peninsular, que temía perder el control. Así llegó la noche del 15 de septiembre de 1808, donde Gabriel de Yermo, un rico comerciante español, con apoyo de otros peninsulares, organizó un golpe de Estado para derrocar al virrey. Primero arrestaron a Primo de Verdad, quien misteriosamente murió en la cárcel el 4 de octubre, a la vez que impusieron a Pedro Garibay como virrey. Él ya era un viejo militar radicado en San Luis Potosí y obediente a la Audiencia. Con ese golpe, la posibilidad de una representación de criollos en el gobierno se esfumó. Los peninsulares lo dejaron claro con sus actos: el poder seguía en sus manos. Esto marcó profundamente a figuras como Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, José María Morelos y muchos otros, que aún no eran insurgentes, hasta que en 1810 los criollos de la Nueva España encabezaron el inicio de una lucha que uniría a todas las castas para formar una nueva nación: los Estados Unidos Mexicanos.
Cuando analizamos la farsa de Bayona, en aquel mayo de 1808, Napoleón obligó a Carlos IV a quejarse de que abdicó bajo presión; luego obligó a Fernando VII a devolverle el trono a su padre Carlos IV. Lo triste de la historia es que Carlos IV le regaló a Napoleón el imperio más grande que jamás había existido.
El 5 de mayo de 1808, Carlos cedió la corona a Napoleón Bonaparte, repito, quien inmediatamente puso a su hermano José Bonaparte, “Pepe Botella”, como rey de España. Claro que, al rebelarse, el pueblo apaleó y casi mató a Manuel Godoy, quien luego se exiliaría en Francia, al igual que lo hicieron Carlos IV y su esposa, la Reina María Luisa, la que realmente era la culpable de la desgracia de España. Manuel Godoy murió en París en 1851, pobre como había nacido y tan miserable como había vivido.
El resultado fue el de una España sin rey legítimo, por lo que se levantó el pueblo el 2 de mayo de 1808 y se inició la guerra de Independencia de España, lucha que terminaría en 1814. Esa es la razón real y cierta por la que todo mundo defendía a Fernando VII, pero España estaba rota y lo curioso es que en 1814 regresa Fernando al trono, pero regresó porque Napoleón cayó el 6 de abril en su primer “FIN”; era el principio de los 100 días en la Isla de Elba.
Por lo que aquí sí cabe decir que “La Independencia de México no empezó precisamente con el grito en el pueblo de Dolores, Hidalgo, pues realmente empezó en Aranjuez con la caída de Godoy”.
Hoy tenemos un México, con 130 millones de habitantes, que festeja su independencia, haciendo del mes de septiembre el mes de la patria, y con un México que no es hoy en día ni la sombra de lo que fue, como cuando era el Virreinato de la Nueva España. Hoy los mexicanos añoramos el país que en 1848 perdimos en los Tratados de Guadalupe y que lamentamos la pérdida de la mitad de territorio, y tememos por lo que aún nos queda. A México lo están destruyendo, y es una lástima, ya que es cierto lo que sucede y ¿por qué no hacemos nada por nuestro querido país? Y cierto es el que no hacemos, en absoluto, nada de nada por él.
¡Viva México…!
Oaxaca de Juárez, Oax., a 21 de septiembre de 2026.
JORGE BUENO
Cronista de Oaxaca
Presidente de la A.E.C.O.
Secretario General de la Federación Nacional de Asociaciones de Cronistas Mexicanos A.C


































