Esta semana estuve en la Suprema Corte de Justicia de México con un grupo de magistradas y magistrados del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca.
Atendiendo la invitación al diálogo entre tribunales aprovechamos la jornada para conocer en primera persona toda la historia que su edificio de Pino Suárez 2, en el zócalo de la Ciudad de México (construido entre 1936 y 1941), preserva.
Por dentro y por fuera todo es arte y simbolismo en este edificio: sus formas simétricas, el número de sus ventanas, el art decó su puerta principal de 3.5 toneladas de bronce pulido, sus mil 500 metros cuadrados de murales que se repartieron entre 8 artistas, los nombres de sus patios y hasta el número de peldaños en cada escalinata.
Desde antes de Dworkin y Alexy, en este palacio, sus piedras y sus trazos ya obedecían reglas, pero también principios.
Es un palacio diferente a los de estilo arquitectónico colonial que lo circundan. Al neoclásico sobrio y monumental de su exterior lo complementan el art déco de su puerta principal y algunos detalles interiores. Y lo complementa el Ecó francés y el racionalismo funcional propio de la época.
Pero lo que más salta a la vista son sus murales, inevitables por dondequiera que uno camine. Presididos por los históricos de José Clemente Orozco alrededor del Patio de los Pasos Perdidos, están también lo de Radael Cauduro que son los más llamativos por su técnica y su temática.
El arte vivo de Cauduro quedó ahí previa condición de que nadie podía decirle qué pintar y qué guardarse. Así que plasmó murales crudos que se aluden sin censura a las fallas (que hoy siguen siendo las mismas) del sistema de justicia de México y buena parte del mundo: expedientes pudriéndose en bodegas, injusticias, corrupción, tortura, represión y hacinamiento carcelario.
La puerta principal la resguardan los padres del Juicio de Amparo Mariano Otero e Ignacio L. Vallarta a los costados y al fondo, Manuel Crescencio Rejón es el guardián absoluto del edificio.
La masonería está presente a cada paso del recorrido. Inmediatamente atrás de Rejón hay que subir “33 escalones” para llegar al “Salón de los Pasos Perdidos”. Y los oleos de Benito Juárez, incluido el que preside el Salón de Plenos, lo retratan con sus infaltables guantes blancos, obsequiados a todos los iniciados.
Durante el recorrido nos encontramos con grupos de estudiantes haciendo lo propio.
El de la Corte demuestra que nuestros edificios milenarios o centenarios guardan algo más que historia; albergan arte y cultura. Definen el ser y la esencia de la civilización o la generación; y la ideología, los gustos y las preferencias de la clase política dominante que los puso en donde están.
*Magistrado presidente de la Sala Constitucional del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca




























