Estamos presenciando sucesos que no se habían visto en la política mexicana. Situaciones inéditas propias de la polarización que vive el país y los intereses previos a las elecciones del próximo año. Lo que ha pasado entre la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora panista de Chihuahua Maru Campos es inédito. Pero quien sale perdiendo es la norteña.
En las entrevistas del pasado jueves y viernes, la mandataria hace afirmaciones que merecen una revisión rigurosa. Al contrastarlas con las declaraciones de la presidenta en la mañanera, aparecen contradicciones respecto al operativo en la sierra tarahumara del pasado abril y la detención la semana pasada del exfiscal César Jáuregui. También cambios de posición política y acusaciones graves todavía sin respaldo político suficiente.
Campos negó haber acusado al exfiscal de corrupción o de organizar la presencia de agentes de la CIA en territorio de Chihuahua. También sostuvo que el gobierno federal conocía quienes habían planeado el operativo frente a su ignorancia de los hechos.
Sheinbaum ofreció una versión distinta. Aseguró que Campos señaló personalmente a Jáuregui como responsable del operativo e incluso de posibles actos de corrupción incluyendo supuestos vínculos con casinos. La fiscal Ernestina Godoy lo corroboró con un comunicado institucional y con declaraciones.
El otro frente es todavía más delicado. Campos lanzó acusaciones sobre presuntos vínculos de la líder morenista Ariadna Montiel con el crimen organizado sin ofrecer ninguna prueba. Señalamientos de esa gravedad no pueden quedar reducidas a municiones verbales.
La gobernadora vino a la Ciudad de México ante la presión que estalló en su estado tras la detención de Jáuregui. Buena parte del panismo local la ha tachado de traidora. Quiso desmontar la idea de que hubo no hubo un pacto en el Aeropuerto de Ciudad Juárez el pasado 19 de septiembre y el resultado para ella es peor. En las entrevistas, habló de Jáuregui como si no lo conociera, pero durante años fue uno de sus hombres de mayor confianza. Secretario del Ayuntamiento cuando ella gobernaba la capital, Secretario General de Gobierno y finalmente, fiscal estatal por propuesta de la propia gobernadora. Fue parte fundamental de su equipo político y hoy está empeñada en marcar distancia.
El panismo en Chihuahua se fracturó y la elección de 2027 se calentó más. Maru Campos tachó de “narcocandidato” a Cruz Pérez Cuéllar y este respondió con dos denuncias: una ante autoridades electorales y otra por daño moral. Todas estas acciones comprometen la candidatura de Marco Bonilla y dividen al panismo, justo cuando su partido había reducido la brecha frente a Morena.
Gobernar también significa saber guardar las formas. También asumiendo las responsabilidades y el peso de cada palabra. No gana una discusión quien grita más, sino quien genera más confianza. Y en esas, Campos sale perdiendo.





























