No les ha faltado razón a aquellos ciudadanos que opinan que el crimen organizado y su estela de muerte, han resultado más letales que la propia pandemia del COVID-19. Y así es, en efecto. Oaxaca ha estado –y no es una exageración- en manos de la delincuencia común y organizada. Un dato revelador es que sólo el Jueves Santo, día de guardar para los católicos, en la Mixteca, Costa e Istmo, se cometieron 12 ejecuciones, incluyendo la ocurrida en San Pedro Tapanatepec, que tuvo como saldo final, seis personas asesinadas con arma de fuego, incluyendo dos menores de edad. La Semana Santa concluyó con al menos 15 ilícitos de esta naturaleza. Los crímenes en contra de mujeres y niños han seguido. En esta semana fue encontrado en cadáver en descomposición de una joven mujer en Tuxtepec, que había sido reportada como desaparecida unos días antes. Otro cadáver más, también de una mujer, se encontró en jurisdicción de San Juan Bautista la Raya. Y el lunes, otra más, ésta conocida maestra de primaria, fue acribillada cuando viajaba con un hombre en una motocicleta, en Río Grande, Oaxaca.
Hay que recordar que el fin de semana pasado, luego del asalto a una estación de gasolina en la zona de San Jacinto Amilpas y de la persecución por parte de elementos de la Policía Estatal, el chofer de la patrulla fue asesinado por los delincuentes, mientras su compañero fue herido de muerte. El miércoles, otro policía fue asesinado. En plena contingencia sanitaria por el COVID-19 no ha cesado, sino que se ha agudizado la actividad criminal, poniendo en entredicho la acción de las autoridades y de las dependencias responsables. Si bien es cierto que el discurso de que Oaxaca es una de las entidades más seguras del país, ha cedido ante los acontecimientos y una realidad cruda y dolorosa, también es cierto que hay quienes se han regodeado en la comodidad de la irresponsabilidad y no están haciendo su trabajo. Es impresionante, por ejemplo, el crecimiento en los feminicidios, sin que a la fecha haya una respuesta enérgica de las autoridades. Así, mientras los reflectores se orientan hacia las acciones para prevenir contagios de la pandemia de todos conocida, los grupos criminales y delincuencia común, siguen su labor de segar vidas, ante la falta de investigación o de las sobadas labores de inteligencia de los responsables de la seguridad pública.
Apoyo a productores
Si bien es cierto que hay publicidad del gobierno del estado para privilegiar en estos momentos a nuestros productores, vale la pena reconocer que la ciudadanía sigue optando por los centros comerciales y no por ir de compras, sobre todo de frutas y verduras, a la zona de bodegas, la Central de Abasto o los playones del Río Atoyac, a donde llegan camiones de productos del campo, no sólo de agricultores oaxaqueños, sino también de otros estados como Puebla. Es importante subrayar que, en esta temporada, llegan ahí decenas de camionetas de carga o camiones de diez o más toneladas, cargados de mango, sandía, melón, naranja, limón o piña que se producen en el Istmo de Tehuantepec, la Costa o la Cuenca del Papaloapan. Hortelanos de San Antonino Castillo Velasco o productores de comunidades de los Valles Centrales, que obtienen en invernaderos, tomate, miltomate, chayote, ejote o zanahoria.
Lo que pocos han entendido es que, en dichos espacios comerciales, sin demérito de los productos variados y a veces a buen precio que se obtiene en las tiendas de auto-servicio, es incomparable la frescura y la economía en la adquisición de los mismos de las propias manos de aquellos que con mucha dedicación los siembran en sus tierras. Los agricultores oaxaqueños, como muchos otros sectores de la economía, han tenido un desplome en sus ventas de manera catastrófica. Sus productos se les echan a perder antes de que, por la contingencia sanitaria, los puedan sacar al mercado, pues no hay que olvidar que hay comunidades que han cerrado sus accesos por temor a los contagios. En las carreteras, incluso, la circulación antes libre de los productos, se ve restringida por las medidas impuestas por cada población.
El pasado lunes, circularon en las redes sociales fotos de productores que se instalan de manera tradicional en los playones del Río Atoyac, haciendo un llamado a la ciudadanía para que acuda a realizar sus compras con ellos. Se encuentran en una situación desesperada. Necesitan vender sus frutas y verduras y demás productos. Si lo que se trata es de consumir lo que se produce en casa, en nuestras tierras y parcelas, es un buen momento para hacerlo. No hay que olvidar que la unidad y la solidaridad entre nosotros, es el instrumento que nos ha permitido ayer y hoy, salir airosos de cualquier evento, por más negativo y mortal que sea.


































